El Ejército chileno continúa la búsqueda de 24 conscriptos

Una de las peores tragedias. Las tareas de rescate se vieron dificultadas por los fuertes vientos y nevadas en las inmediaciones del volcán Antuco. No tenían ropa adecuada para nieve.

ADIOS. Militares y civiles se unieron durante el entierro de soldados.
ADIOS. Militares y civiles se unieron durante el entierro de soldados.
23 Mayo 2005
LOS ANGELES, Chile.- Con mucho dolor se efectuaron ayer los primeros funerales de poco más de una docena de soldados chilenos que murieron congelados tras una tempestad de nieve, mientras cuadrillas de rescate buscaban en una inhóspita cordillera a 24 militares que siguen desaparecidos.
En medio de una leve llovizna y bajo el himno marcial "He perdido a un compañero", los familiares del primer conscripto hallado muerto en la zona volcánica de Antuco, unos 500 kilómetros al sur de la capital chilena, realizaron una sencilla ceremonia fúnebre, pero que estuvo marcada por la impotencia y la angustia.
"No se cómo puedo estar parado aquí, junto al féretro de mi hijo", dijo el padre del conscripto José Bustamante, mientras la madre del militar intentaba contener su rabia.
La tragedia, la peor en tiempos de paz de la fuerza militar chilena, ocurrió cuando un grupo de 433 efectivos, la mayoría de ellos con apenas un mes de instrucción y con menos de 20 años de edad, inició el miércoles un entrenamiento regular y fue sorprendido sin la indumentaria adecuada por una tormenta de nieve de una magnitud no vista en 30 años.
Del grupo de soldados, 266 lograron ponerse a resguardo en el momento de la tormenta, para luego bajar por sus propios medios a la sureña ciudad de Los Angeles, mientras otro centenar estuvo aislado hasta el sábado, cuando fue rescatado.
Sin embargo, la noche del sábado fueron encontrados siete cadáveres más que, tras su identificación por parte de sus familiares, fueron trasladados a una improvisada capilla para recibir los máximos honores militares. "Todo es muy contradictorio, muy terrible. Mi hijo no tenía ropa de montaña, estaba todo mojado, murió congelado y, al parecer, abrazado a otro compañero", dijo una desconsolada madre, que había recibido la confirmación de que su hijo era una de las siete víctimas.

Pocas esperanzas
Con patrullas terrestres, maquinarias, sistemas satelitales y helicópteros, el ejército luchaba ayer contra el tiempo para intentar encontrar más militares desaparecidos, antes de que las condiciones climáticas empeoraran en las inmediaciones del volcán Antuco, donde, en algunas zonas, la nieve superaba los dos metros.
"Es muy malo el pronóstico... es pésimo. Nos quedan 24 desaparecidos y si no los hallamos, seguiremos búscándolos. No vamos a descansar hasta que terminemos la tarea", dijo el general Juan Cheyre, comandante en jefe del ejército. Ayer, fuertes nevadas y vientos de 70 km por hora complicaron la tarea de rescate de las patrullas y se acrecentó la angustia de los familiares agolpados en las afueras de la base militar de Los Angeles. (Reuter)

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