La misa de hoy: hombres de poca fe

Hace 4 Hs

El evangelio nos propone un desafío de consideración... qué lugar ocupa Dios en el desarrollo de nuestra existencia. Miremos las ambivalencias que se producen en las consideraciones de hoy.

La cultura actual invita a reinventarse sin descanso, sustituyendo a Dios por el propio deseo, lo que genera un profundo cansancio existencial. La fe cristiana propone una alternativa más serena: sentirse hijo amado antes que autor de uno mismo.

Uno de los paradigmas culturales actuales sostiene que nada está hecho ni es definitivo. Todo es líquido, inestable, cambiante. Se nos repite que no dependemos de nadie ni de nada, que la libertad consiste en alcanzar cualquier deseo, que la realidad no es algo recibido sino creada por mí. Según esta visión, no debemos conformarnos con lo sólido, con lo ya escrito: el viejo concepto de naturaleza es sustituido por la omnipotencia del deseo. No soy lo que soy, sino lo que quiero ser.

En este marco, el Creador deja de ser Dios: el mundo ya no es obra suya, sino mía. Yo me convierto en dios y me recreo a mi antojo junto a lo que me rodea. Con este presupuesto, dejamos de ser criaturas para pretender ser creadores. El sueño puede parecer atractivo, pero me deja solo, cargado con la responsabilidad de tener que pensar el mundo, rehacerme continuamente y sostener la tarea infinita de crear. Para ello necesitaría la energía y la sabiduría del verdadero Creador.

Además, si cada individuo es un dios, habría tantos dioses como personas, y cada uno tendría que repartirse su supuesta energía creadora... y tocaría a poco. Igual que los recursos de la naturaleza son limitados y debemos cuidarlos, el sentido común debería llevarnos a limitar la proliferación de estos “diosecillos” agotados.

La tarea de inventarme sin descanso, de convertir cada capricho en realidad, termina siendo extenuante. Produce un cansancio existencial profundo. Ya no somos valiosos por lo que hemos recibido, sino por lo que logramos y conseguimos, por los likes que acumulamos. Hay una pelea por la eficiencia que termina por desalentar.

Cuando Jesús invita a Pedro a que camine or las aguas le da la oportunidad de confiar en Él. Pedro no confía en Dios sino en la seguridades humanas. Por un lado comprensible, pero por otro su autosufiencia y poca fe le hacen trastabillar en el agua y en su vida.

A nosotros los cristianos, se nos invita a ser confiados y confiables en y desde Dios. No andemos por la vida auto construyéndola sin referencia al Señor buscando solo edificarnos por nuestras propias ganas. Dios esta a nuestro lado y no nos abandona, siempre nos estira su mano para sacarnos adelante.

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