22 Mayo 2005 Seguir en 
La considerada por distintos analistas internacionales como la mejor economía latinoamericana enfrentará este año una exigente prueba con las elecciones presidenciales.
Para la mayoría de los países emergentes o en vías de desarrollo, todo año electoral encierra una serie de riesgos, y Chile no parece estar del todo exento de esas amenazas. No obstante, el país vecino fue durante la última década el referente del Cono Sur por su desarrollo económico, su estabilidad social y madurez política, con resultados macroeconómicos incuestionables.
A punto de completar tres períodos presidenciales de la Concertación por la Democracia, después de la dictadura militar de Augusto Pinochet, con gobiernos de centroizquierda, la economía chilena sigue creciendo.
Pero este año, el virtual bipartidismo tradicional -encarnado por dos grandes alianzas electorales- que siempre caracterizó al país trasandino y que mantuvo estable y fortalecida a su democracia, amenaza con quebrarse. Los problemas están centrados en la Alianza por Chile, que aglutina a la oposición de centroderecha, y que parece estar a punto de quebrarse. La oposición de centroderecha, ansiosa de tener el poder en 2006 tras 16 años de gobiernos de centroizquierda, tendrá que analizar su futuro al borde del abismo en el que quedó por una súbita división, que abre interrogantes de cara a las elecciones presidenciales de diciembre. Las esperanzas de ese sector estaban exclusivamente en manos del ex alcalde de Santiago de Chile, Joaquín Lavín, pero dos sábados atrás saltó al cuadrilátero un rival que sorprendió: el magnate empresarial Sebastián Piñera. El surgimiento de un rival interno dentro de la Alianza por Chile supone un problema adicional para Lavín, que desde hace meses ha visto su nombre por debajo en las encuestas frente a las aspirantes de la coalición que llevó al gobierno a Ricardo Lagos: Michelle Bachelet y Soledad Alvear, las dos candidatas del oficialismo que llegaron a un acuerdo para que la triunfadora de las primarias del próximo 31 de julio sea la que enarbole las propuestas del partido gobernante.
Lavín perdió por escaso margen contra Lagos en las elecciones presidenciales de 2000 y confiaba en llegar al poder en 2006. Pero "el piñerazo", como denominaron los medios chilenos a la irrupción inesperada del dueño de Lan Chile a la carrera por la presidencia, complicó sus aspiraciones. El partido de Lavín, la Unión Demócrata Independiente, invitó a Piñera a que la candidatura se dirima en internas. Pero el hombre de negocios se negó y afirmó que, a su criterio, sería más conveniente ir directamente a los comicios de diciembre, sin pasar por las internas.
Más allá de que, según los analistas, esta confrontación interna en la oposición favorece aún más a Bachelet -es sindicada como la favorita para ser la próxima presidenta chilena-, lo cierto es que los expertos creen que toda esta confrontación significará una dura prueba para la economía y la estabilidad política chilena.
Fortalezas y debilidades
"El crecimiento económico de Chile ha sido fluctuante en las dos últimas décadas, variando desde períodos de muy alto crecimiento a otros de expansión más reducidos. En este contexto, destaca el período 1986-1998, en el que Chile logró un crecimiento sostenido sin precedentes históricos, promediando más del 7%. En los últimos cinco años, en cambio, y en un contexto de desaceleración global, la tasa de crecimiento promedio en Chile disminuyó a 3%, similar a su promedio histórico entre 1900 y 1980. ¿Qué han aprendido los chilenos en 20 años de crecimiento? ¿Qué tienen que hacer ahora para continuar con el desarrollo económico?", reflexionan los especialistas Rodrigo Fuentes (economista senior del Banco Central de Chile) y Verónica Mies (economista y profesora de la Universidad Católica de Chile) consultados por LA GACETA.Esta es una síntesis que elaboraron Fuentes y Mies sobre las fortalezas y las debilidades de la economía chilena:
A favor
Uno de los aspectos en que Chile se destaca notoriamente por sobre sus pares en etapas similares de desarrollo económico es en el área de estabilidad macroeconómica.
Tasa de inflación baja y estable.
Sistema financiero sólido y equilibrio en las cuentas fiscales.
Superávit estructural.
Apertura comercial aunque con niveles de protección altos comparados con economías más desarrolladas.
Calidad de las instituciones. Gobernabilidad y estabilidad política.
Calidad de la regulación, estado de derecho y efectividad del gobierno, indicadores fuertes en relación con Latinoamérica, pero débiles con los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OECD).
Aumento de la escolaridad de la población.
En contra
El capital humano y la innovación tecnológica son factores débiles en la economía chilena al compararlas con otras economías emergentes y en términos absolutos.
Baja calidad de la educación.
Escasos gastos en capacitación y bajo nivel técnico.
Deficientes niveles en la calidad y cobertura de la salud.
Baja dotación de profesionales dedicados a actividades de investigación y desarrollo.
Deficiencias en cantidad y calidad de la infraestructura (red vial, ferroviaria y portuaria) y en indicadores sociales (alto nivel de pobreza, desigual distribución del ingreso).
El cambio fue el "piñerazo"
Por Juan Pablo Luna - dr. en Ciencias Políticas- prof. tit. Universidad Católica de Chile
Es exagerado decir que hay un terremoto político en la derecha política chilena. La derecha o la Alianza estaba ya en una situación electoral muy incómoda antes de que (el domingo pasado) el dirigente Sebastián Piñera lanzara su precandidatura presidencial por el Partido Renovación Nacional (RN), con lo que rompió la presentación del postulante único de la derecha, el alcalde de Santiago, Joaquín Lavín. Hasta ese "piñerazo", los analistas coincidían en que la elección estaba prácticamente definida para la Concertación, en la figura de Michelle Bachelet.
La irrupción de Piñera, si se mantienen las primarias en la Concertación entre la socialista Bachelet y Soledad Alvear (democristiana) puede provocar que electores que se sientan alineados tras Bachelet, que tiene un perfil más radical y menos de centro que Alvear, pasen a votar por el empresario Piñera.
Si bien Piñera es un candidato de la derecha tiene un perfil más liberal, con mayor separación de la figura de Pinochet y de la derecha religiosa que Lavín, lo que lo puede hacer más atractivo para los votantes de centro.
Ahora, el problema de la derecha es si los dos candidatos van a la presidencial y luego queda uno para la segunda vuelta eventual o si se realiza una primaria dentro de la derecha para que salga un solo candidato. Como el sistema electoral chileno premia a las coaliciones, si la derecha va dividida será la más perjudicada, aunque se debilite algo Bachelet.
Revolución cultural
La figura de esta candidata evolucionó mucho en poco tiempo; dos años atrás resultaba muy difícil pensar que podría llegar a la presidencia una mujer socialista, divorciada dos veces. Hoy, la situación cambió y hasta se habla de una revolución cultural chilena.
Más allá de esas exageraciones, Bachelet es una candidata muy popular y carismática, y logró concitar mucha adhesión. Su liderazgo que se ve fortalecido por su personalidad y por cómo aparece en público o en la televisión. En ese aspecto hay un cierto paralelismo con la candidatura de Lavín en 2000, por más que vengan de campos ideológicamente opuestos. De todas maneras, creo que más allá de estos vaivenes políticos que se están generando, hay gente de la derecha que está admirada de cómo la Concertación de partidos de centro izquierda no ha tocado ni movido un ápice del modelo económico, e incluso lo defendió.
Uno de los temas clave de la agenda es qué va a pasar con el régimen impositivo. Chile es uno de los países como menos impuestos en la región y hay quienes explican el crecimiento económico por esa causa. Otro tema es la mala distribución de ingresos, pero con todo, el modelo económico está consolidado y esta es la clave de la legitimidad del sistema chileno, más allá de los altos costos sociales que generaron los términos de desigualdad. (Exclusivo para LA GACETA)
Animosencendidos
Por Claudio Elortegui G. - periodista - Doctor (C) en cc. de la informacion, Univ. Aut. barcelona
Por Chile dejó de ser una nación absolutamente dependiente del cobre. Y aunque los políticos latinoamericanos no gozan de una fama positiva por estos días, los importantes esfuerzos realizados por la Concertación (coalición gubernamental integrada por la Democracia Cristiana, el Partido Socialista y el Partido por la Democracia) durante los últimos 15 años y las actitudes del opositor conglomerado derechista, la Alianza por Chile (formada por la Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional) fueron fundamentales para el clima de tranquilidad y el consecuente crecimiento del país.
No obstante, el período preelectoral que se vive por estos días encendió los ánimos y reflejó aspectos preocupantes. La decisión del rostro político más reconocido de Renovación Nacional, el empresario Sebastián Piñera, de desconocer el compromiso con la UDI y lanzarse como candidato presidencial hasta las últimas consecuencias trastocó la campaña del hasta entonces único abanderado de la Alianza, Joaquín Lavín. Esta ruptura evidenció el divorcio existente en el interior de la derecha. Piñera está consciente de que una de sus fortalezas es haberse desmarcado de la derecha pinochetista. Ese aspecto todavía pesa en Lavín, que no logra despegar en las encuestas frente a las dos precandidatas de la Concertación.
Factores decisivos
Las próximas elecciones en Chile están amenazadas por varios factores que, de reiterarse en el poder, pueden atentar contra la futura estabilidad política y, por ende, económica. Uno de ellos es el populismo de los candidatos de la derecha -que se hace explícito con Piñera y que Lavín emplea como estrategia electoral- y otra es la hiperemocionalidad a la que apela, fundamentalmente, Bachelet, y que la encumbró al primer lugar de las encuestas. Tanto el populismo -que genera enormes expectativas pero también enormes frustraciones posteriores- como la exacerbación de los sentimientos en política nos despojan de contenidos y proyectos, algo que la clase política chilena había mantenido y protegido desde el retorno de la democracia y que permitió ordenar, dirigir y robustecer nuestra economía. (Exclusivo para LA GACETA)
Para la mayoría de los países emergentes o en vías de desarrollo, todo año electoral encierra una serie de riesgos, y Chile no parece estar del todo exento de esas amenazas. No obstante, el país vecino fue durante la última década el referente del Cono Sur por su desarrollo económico, su estabilidad social y madurez política, con resultados macroeconómicos incuestionables.
A punto de completar tres períodos presidenciales de la Concertación por la Democracia, después de la dictadura militar de Augusto Pinochet, con gobiernos de centroizquierda, la economía chilena sigue creciendo.
Pero este año, el virtual bipartidismo tradicional -encarnado por dos grandes alianzas electorales- que siempre caracterizó al país trasandino y que mantuvo estable y fortalecida a su democracia, amenaza con quebrarse. Los problemas están centrados en la Alianza por Chile, que aglutina a la oposición de centroderecha, y que parece estar a punto de quebrarse. La oposición de centroderecha, ansiosa de tener el poder en 2006 tras 16 años de gobiernos de centroizquierda, tendrá que analizar su futuro al borde del abismo en el que quedó por una súbita división, que abre interrogantes de cara a las elecciones presidenciales de diciembre. Las esperanzas de ese sector estaban exclusivamente en manos del ex alcalde de Santiago de Chile, Joaquín Lavín, pero dos sábados atrás saltó al cuadrilátero un rival que sorprendió: el magnate empresarial Sebastián Piñera. El surgimiento de un rival interno dentro de la Alianza por Chile supone un problema adicional para Lavín, que desde hace meses ha visto su nombre por debajo en las encuestas frente a las aspirantes de la coalición que llevó al gobierno a Ricardo Lagos: Michelle Bachelet y Soledad Alvear, las dos candidatas del oficialismo que llegaron a un acuerdo para que la triunfadora de las primarias del próximo 31 de julio sea la que enarbole las propuestas del partido gobernante.
Lavín perdió por escaso margen contra Lagos en las elecciones presidenciales de 2000 y confiaba en llegar al poder en 2006. Pero "el piñerazo", como denominaron los medios chilenos a la irrupción inesperada del dueño de Lan Chile a la carrera por la presidencia, complicó sus aspiraciones. El partido de Lavín, la Unión Demócrata Independiente, invitó a Piñera a que la candidatura se dirima en internas. Pero el hombre de negocios se negó y afirmó que, a su criterio, sería más conveniente ir directamente a los comicios de diciembre, sin pasar por las internas.
Más allá de que, según los analistas, esta confrontación interna en la oposición favorece aún más a Bachelet -es sindicada como la favorita para ser la próxima presidenta chilena-, lo cierto es que los expertos creen que toda esta confrontación significará una dura prueba para la economía y la estabilidad política chilena.
"El crecimiento económico de Chile ha sido fluctuante en las dos últimas décadas, variando desde períodos de muy alto crecimiento a otros de expansión más reducidos. En este contexto, destaca el período 1986-1998, en el que Chile logró un crecimiento sostenido sin precedentes históricos, promediando más del 7%. En los últimos cinco años, en cambio, y en un contexto de desaceleración global, la tasa de crecimiento promedio en Chile disminuyó a 3%, similar a su promedio histórico entre 1900 y 1980. ¿Qué han aprendido los chilenos en 20 años de crecimiento? ¿Qué tienen que hacer ahora para continuar con el desarrollo económico?", reflexionan los especialistas Rodrigo Fuentes (economista senior del Banco Central de Chile) y Verónica Mies (economista y profesora de la Universidad Católica de Chile) consultados por LA GACETA.Esta es una síntesis que elaboraron Fuentes y Mies sobre las fortalezas y las debilidades de la economía chilena:
A favor
Uno de los aspectos en que Chile se destaca notoriamente por sobre sus pares en etapas similares de desarrollo económico es en el área de estabilidad macroeconómica.
Tasa de inflación baja y estable.
Sistema financiero sólido y equilibrio en las cuentas fiscales.
Superávit estructural.
Apertura comercial aunque con niveles de protección altos comparados con economías más desarrolladas.
Calidad de las instituciones. Gobernabilidad y estabilidad política.
Calidad de la regulación, estado de derecho y efectividad del gobierno, indicadores fuertes en relación con Latinoamérica, pero débiles con los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OECD).
Aumento de la escolaridad de la población.
En contra
El capital humano y la innovación tecnológica son factores débiles en la economía chilena al compararlas con otras economías emergentes y en términos absolutos.
Baja calidad de la educación.
Escasos gastos en capacitación y bajo nivel técnico.
Deficientes niveles en la calidad y cobertura de la salud.
Baja dotación de profesionales dedicados a actividades de investigación y desarrollo.
Deficiencias en cantidad y calidad de la infraestructura (red vial, ferroviaria y portuaria) y en indicadores sociales (alto nivel de pobreza, desigual distribución del ingreso).
El cambio fue el "piñerazo"
Por Juan Pablo Luna - dr. en Ciencias Políticas- prof. tit. Universidad Católica de Chile
Es exagerado decir que hay un terremoto político en la derecha política chilena. La derecha o la Alianza estaba ya en una situación electoral muy incómoda antes de que (el domingo pasado) el dirigente Sebastián Piñera lanzara su precandidatura presidencial por el Partido Renovación Nacional (RN), con lo que rompió la presentación del postulante único de la derecha, el alcalde de Santiago, Joaquín Lavín. Hasta ese "piñerazo", los analistas coincidían en que la elección estaba prácticamente definida para la Concertación, en la figura de Michelle Bachelet.
La irrupción de Piñera, si se mantienen las primarias en la Concertación entre la socialista Bachelet y Soledad Alvear (democristiana) puede provocar que electores que se sientan alineados tras Bachelet, que tiene un perfil más radical y menos de centro que Alvear, pasen a votar por el empresario Piñera.
Si bien Piñera es un candidato de la derecha tiene un perfil más liberal, con mayor separación de la figura de Pinochet y de la derecha religiosa que Lavín, lo que lo puede hacer más atractivo para los votantes de centro.
Ahora, el problema de la derecha es si los dos candidatos van a la presidencial y luego queda uno para la segunda vuelta eventual o si se realiza una primaria dentro de la derecha para que salga un solo candidato. Como el sistema electoral chileno premia a las coaliciones, si la derecha va dividida será la más perjudicada, aunque se debilite algo Bachelet.
Revolución cultural
La figura de esta candidata evolucionó mucho en poco tiempo; dos años atrás resultaba muy difícil pensar que podría llegar a la presidencia una mujer socialista, divorciada dos veces. Hoy, la situación cambió y hasta se habla de una revolución cultural chilena.
Más allá de esas exageraciones, Bachelet es una candidata muy popular y carismática, y logró concitar mucha adhesión. Su liderazgo que se ve fortalecido por su personalidad y por cómo aparece en público o en la televisión. En ese aspecto hay un cierto paralelismo con la candidatura de Lavín en 2000, por más que vengan de campos ideológicamente opuestos. De todas maneras, creo que más allá de estos vaivenes políticos que se están generando, hay gente de la derecha que está admirada de cómo la Concertación de partidos de centro izquierda no ha tocado ni movido un ápice del modelo económico, e incluso lo defendió.
Uno de los temas clave de la agenda es qué va a pasar con el régimen impositivo. Chile es uno de los países como menos impuestos en la región y hay quienes explican el crecimiento económico por esa causa. Otro tema es la mala distribución de ingresos, pero con todo, el modelo económico está consolidado y esta es la clave de la legitimidad del sistema chileno, más allá de los altos costos sociales que generaron los términos de desigualdad. (Exclusivo para LA GACETA)
Animosencendidos
Por Claudio Elortegui G. - periodista - Doctor (C) en cc. de la informacion, Univ. Aut. barcelona
Por Chile dejó de ser una nación absolutamente dependiente del cobre. Y aunque los políticos latinoamericanos no gozan de una fama positiva por estos días, los importantes esfuerzos realizados por la Concertación (coalición gubernamental integrada por la Democracia Cristiana, el Partido Socialista y el Partido por la Democracia) durante los últimos 15 años y las actitudes del opositor conglomerado derechista, la Alianza por Chile (formada por la Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional) fueron fundamentales para el clima de tranquilidad y el consecuente crecimiento del país.
No obstante, el período preelectoral que se vive por estos días encendió los ánimos y reflejó aspectos preocupantes. La decisión del rostro político más reconocido de Renovación Nacional, el empresario Sebastián Piñera, de desconocer el compromiso con la UDI y lanzarse como candidato presidencial hasta las últimas consecuencias trastocó la campaña del hasta entonces único abanderado de la Alianza, Joaquín Lavín. Esta ruptura evidenció el divorcio existente en el interior de la derecha. Piñera está consciente de que una de sus fortalezas es haberse desmarcado de la derecha pinochetista. Ese aspecto todavía pesa en Lavín, que no logra despegar en las encuestas frente a las dos precandidatas de la Concertación.
Factores decisivos
Las próximas elecciones en Chile están amenazadas por varios factores que, de reiterarse en el poder, pueden atentar contra la futura estabilidad política y, por ende, económica. Uno de ellos es el populismo de los candidatos de la derecha -que se hace explícito con Piñera y que Lavín emplea como estrategia electoral- y otra es la hiperemocionalidad a la que apela, fundamentalmente, Bachelet, y que la encumbró al primer lugar de las encuestas. Tanto el populismo -que genera enormes expectativas pero también enormes frustraciones posteriores- como la exacerbación de los sentimientos en política nos despojan de contenidos y proyectos, algo que la clase política chilena había mantenido y protegido desde el retorno de la democracia y que permitió ordenar, dirigir y robustecer nuestra economía. (Exclusivo para LA GACETA)







