Desde un punto de vista práctico, el éxito es un medio para obtener reconocimiento, seguridad, bienestar o satisfacción personal. Figurativamente, las metas constituyen los “escalones” de esa escalera. Pero ¿hacia dónde conduce? Parafraseando a Stephen Covey, podría decirse que “el éxito es llegar a la cima de la escalera; la sabiduría consiste en descubrir que estaba apoyada en la pared correcta”. Sin sabiduría, alguien puede acumular dinero, prestigio o poder y seguir sintiéndose vacío. Para evitarlo, es necesario que esa búsqueda no se convierta en una carrera sin destino. Existe también una forma peculiar de éxito, todavía anónima y poco reconocida: vivir bien, con buena salud, longevidad y una filosofía práctica de vida. Tal vez allí resida el mayor de los logros: un éxito privado e invisible, precisamente porque no depende de la aprobación ajena. La atención suele concentrarse en las actividades más visibles -los deportes, el arte, la política o el mundo empresario-, mientras que una vida saludable y prolongada rara vez se considera un mérito en sí mismo. Quizás no sería mala idea instituir alguna forma de reconocimiento para quienes, mediante sus hábitos y su manera de vivir, alcanzan resultados objetivables como bienestar mental, buena salud y longevidad. En conclusión, tanto para el éxito como para la salud, el propósito es crucial; de ahí que el mayor logro quizá no sea llegar más alto, sino vivir mejor.
Jorge Ballario
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