Tomás Lebrero recorre el tango y el folclore con su bandoneón

El músico se presenta en CiTá Abasto de Cultura en una búsqueda de la canción que explora en la “anti-artificial intelligence”. Un homenaje a Ricardo Vilca y los vínculos con la cultura norteña

RECORRIDO INTERNACIONAL. Tomás Lebrero busca reconectar con lo nacional luego de su paso por el exterior.
RECORRIDO INTERNACIONAL. Tomás Lebrero busca reconectar con lo nacional luego de su paso por el exterior.
Fabio Ladetto
Por Fabio Ladetto Hace 5 Hs

Los últimos cinco años de Tomás Lebrero lo llevaron, con su bandoneón, a escenarios europeos y japoneses. Por eso, suena casi lógico que su motivación actual apunte a “reconectar con el público hispanohablante, de la Argentina y de otros países” a partir de su música, que indaga en lo popular del folclore y del tango, con aportes particulares y una ampliación fresca a los sonidos urbanos que incluirá un próximo disco.

“Mi búsqueda siempre fue un poco lo criollo, las músicas autóctonas del país, pero me pegó mucho Milo J y estos pibes que están haciendo lo que un poco queríamos hacer nosotros; siempre tuve un poco ese gen del rap. Quiero hacer un disco donde las letras sean protagonistas”, le dice a LA GACETA, en referencia al movimiento de reivindicación de la canción que surgió en este siglo y al que él se inscribe.

En ese contexto se inscribe su recital de esta noche, desde las 22, en CiTá Abasto de Cultura (La Madrid 1.457), en un concierto solista que -promete- será “profundo pero divertido, con temas propios, de Ricardo Vilca (de quien hizo un disco) y clásicos de la música nacional”.

- ¿Hay una estética de fusión dentro del género canción?

- El término fusión a veces se asocia, como en los 90, al world music mezclado con jazz, algo técnicamente complejo; nunca me identifiqué mucho con esa palabra. Lo mío es más desprejuiciado, traté de ser real con lo que escuchaba: desde rock nacional hasta Atahualpa Yupanqui o Los Beatles, lo brasileño y lo uruguayo... La canción es un término tan amplio que es difícil decir si hay una estética identitaria única. Con la inteligencia artificial, como que parece que los algoritmos te hacen una canción en segundos. Ahí hay una oportunidad para el cantautor para que, a través de la letra, de la propia ficción y de la propia vida aparezca algo con lo cual el público se identifique. Busco experiencias que los hacen reflexionar desde la afinidad. Quiero explorar la anti-artificial intelligence.

- ¿Tu propio recorrido apunta a una síntesis de lo popular?

- Sí, totalmente. Mi interés estuvo en lo popular y paradójicamente me enamoré de lo que mi maestro de bandoneón, Rodolfo Mederos, llama músicas “despopulares”: aquellas que en algún momento lo fueron y hoy no lo son tanto. Se trata de tomar elementos del pasado y reformularlos en este presente.

- Hiciste una película con tu cabalgata desde Buenos Aires a Salta y lanzaste un disco por mes durante un año e incursionaste en muchas otras experiencias en contra de los consejos que te daban. ¿Rebeldía o ganas de aventura?

- Falta de estrategia, propia de determinada edad. Esas experiencias las hice a los 30 años y uno se siente poderoso y que la vida es larga. Ahora tengo 47 años y otra perspectiva. Hice proyectos que de los que estoy súper contento, me encantan y son constitutivos en mí, pero ridículos.

- El bandoneón es un instrumento muy usado en el folclore, ¿qué implica su sonoridad?

- Es muy identitario de esas músicas que me interesan. Lo estudié mucho acá y en Alemania, viendo todo el recorrido de su origen y es increíble el desarrollo que tuvo en la Argentina. A mí me encanta y en estos últimos años traté de tomarlo también como una marca mía. Hay menos gente que toca el bandoneón respecto de otros instrumentos, como la guitarra o el piano, y es un enorme compañero.

- ¿Qué te aportó conocer a Vilca?

- Fue a mis 22 años y compartí mucho con él en Tilcara. Ricardo era un poco lo que yo sentía: creaba una música profunda y desprejuiciada que tomaba del litoral o de Humahuaca, pero también de Los Beatles, Ástor Piazzolla o Johann Sebastian Bach. Fue sin dudas un faro. El año pasado edité un disco homenaje a él y tocar sus canciones me hace tenerlo súper presente.

- Pasás de Japón a Tafí del Valle, ¿qué experiencia te tienta más?

- El músico es un puente. Cuando estoy en Japón o en Europa se me vienen imágenes de la Pampa húmeda o del noroeste; eso es lo que me nutre. Y cuando estoy en Tafí del Valle traigo un poco de esa energía de los países donde suelo tocar. Soy un poco ciudadano del mundo. Mi vínculo con lo norteño es extenso. El Diablero Arias fue un enorme amigo; su casa en Tilcara era como una embajada tucumana donde conocí la música de Pepe Núñez, a Juan Falú y esa esencia tucumana de ser abiertos, cosmopolitas y a la vez muy cultores del folclore. Viajando a caballo entendí que cada provincia del norte es una isla, muy diferente una de otra. El show tendrá varios temas dedicados a la provincia.

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