“Grondona no sabía inglés y manejaba la FIFA”
“Aún antes de escribir el libro ya pensaba que era uno de los tres políticos más importantes que conocí”, dice Federico Polak, autor de Julio Grondona. Una historia argentina, ensayo sobre la figura del ex presidente de la AFA, a quien conoció cuando asumió como interventor de Boca en los 80.
Resumen para apurados
- Federico Polak lanzó recientemente en Argentina su libro sobre Julio Grondona para analizar la inmensa influencia política y el poder del dirigente que manejó la FIFA y la AFA.
- A partir de su experiencia como interventor de Boca en los años 80, Polak detalla la evolución de Grondona desde sus orígenes en Avellaneda hasta su alianza comercial en 1985.
- El libro expone cómo la muerte de Grondona en 2014 reconfiguró el poder en la FIFA y la AFA, facilitando el FIFA Gate y un actual dominio corporativo sobre el fútbol mundial.
Por estos días, Federico Polak anda aliviado y contento con el resultado de Julio Grondona. Una historia argentina, ensayo sobre el influyente presidente de la AFA que acaba de publicar la editorial Claridad. Fueron años de trabajo: entrevistas, investigación de archivo y vivencias personales. Y después, sentarse a escribir.
Antes de seguir, vale aclarar que Polak fue el interventor de aquel Boca que a comienzos de los 80 estaba a punto de quebrar y descender. Fue el Boca post Maradona, endeudado y con atrasos salariales, Bombonera clausurada y con jugadores que -literalmente- se pintaban a marcador los números en la espalda de las camisetas porque no había dinero ni para comprarlas completas. Hincha de Racing, tomó la conducción del club en tiempos del regreso de la democracia y se lo entregó saneado a la dupla Alegre-Heller, a quienes luego continuaría un Mauricio Macri con pretensiones de usar a un Boca elitista para cumplir aspiraciones políticas.
Funcionario nacional, ex interventor del PAMI, entre otros cargos, Polak convirtió su experiencia en Boca en un libro maravilloso: Armando a Macri - Memoria del interventor. Que termina siendo una sólida biografía del ex presidente de la Nación, a la vez que un retrato de época narrada desde el corazón del deporte. Entonces conoció a Julio Grondona y observó los entresijos del poder: “El fútbol es mucho más que fútbol”, ironiza en diálogo con LA GACETA Literaria. “Cuando empecé a escribir el libro –aclara-, Grondona para mí era el tipo que había conocido en los tiempos de Boca, no mucho más que eso. Pero era también el dirigente todo poderoso que algunos puteaban y otros aplaudían, pero que no conocían más allá de su nombre”.
-¿Cómo fue tu relación con Grondona?
-Él me decía doctor y yo le decía sí o no: esa era nuestra relación. Ni siquiera le decía Julio o Don Julio. Había muchas cosas sobre él que yo no conocía, sobre todo las de su etapa formativa, que la empecé a conocer con este libro. De esos orígenes, lo que destaco es su vinculación con su territorio, que es el partido de Avellaneda, y su evolución. Aquel era un Grondona colectivista; es decir, de un trabajo colectivo que se formó en un club, o lo refundó, como Arsenal. En ese trabajo colectivo había una contradicción con el Grondona mandamás que apareció después. Sus comienzos son El Club de Leones de Avellaneda, Arsenal, Independiente. Grondona cambia radicalmente a partir del ‘85, cuando se junta con Carlos Ávila, como cuento en el libro.
-¿Muy hábil, no?
-Muy. E Inteligente. Lo defino como un intuitivo. Él mismo lo dijo en un reportaje que vi un poco más adelante. Eso es lo que pasó con Independiente; hizo una gran presidencia: no tuvo éxitos deportivos salvo aquel glorioso de Córdoba, pero aquel era un Independiente que salía campeón todo el tiempo y que lo único que quería era clasificar a la Libertadores. A Grondona le interesaba la administración en general, como cuando se vendió a (Daniel) Bertoni y con esa plata hizo un gimnasio. Grondona apuntaba a su vocación social y además se rodeaba de gente que era extraordinaria como dirigentes. Fueron los mismos que siguieron hasta mediados de los 90, cuando asume la presidencia su hermano, Héctor, y el club se va a pique. No trato muy bien a su hermano, un tipo precario.
-¿Julio Grondona fue uno de los políticos más influyentes de la Argentina en los últimos 40 años?
-Yo decía, antes de escribir el libro, que estaba entre los tres políticos más importantes que conocí. Los otros dos fueron (Arturo) Frondizi y (Raúl) Alfonsín. Grondona representaba primero al fútbol, que es una parte cultural y social central de la Argentina, y de casi todos los países, pero en Argentina absolutamente. A la vez era un hombre de consulta de los gobiernos. Desde la dictadura hasta el día de su muerte. Hay un ejemplo de su cintura política: en 2001, cuando Racing está por salir campeón y se produce el estallido social, él fue quien le dijo al gobierno nacional que no se suspenda el partido Racing-Vélez. Hizo entender que si no se jugaba ese partido, a pesar de los desbordes sociales, la cosa se iba a poner peor. Y no tengo dudas de eso. Racing esperaba su campeonato desde hacía 35 años.
-¿Quedaron muchas cosas fuera del libro?
-Descarté material relativo al FIFA Gate porque fue posterior a Grondona. Si no hubiese muerto Grondona (2014), y esto es pura elucubración mía, el FIFA Gate no habría existido porque el Mundial de Qatar se habría hecho en los Estados Unidos. Pero eso no lo pudo probar. Me pareció mejor descartar esa parte.
-¿Grondona fue más querido o más odiado?
-Había extremos. Algunos lo odiaban y otros le tenían devoción. Por ejemplo, aún hoy en Sarandí lo tienen arriba, en lo más alto.
-A Grondona se le adjudicó cierto favoritismo por Independiente. ¿Es así?
-Hay muchos hinchas que creen que lo que le pasó a Racing fue culpa de Grondona. Me da la impresión de que, por el contrario, Grondona favoreció a Racing. Sobre todo en los tiempos de la quiebra. Él decía que todos los clubes eran iguales pero en su cabeza sabía que había chicos y grandes. De hecho, para eso se inventó el sistema de los promedios: para salvar a grandes que podrían haber descendido en los 80. Y a Racing también lo ayudó cuando pasó lo de la quiebra. No ayudó en metálico porque no podía, pero lo ayudó desde lo judicial.
-¿También se cree que Grondona, por su enemistad con Daniel Passarella, mandó a River a la B?
-No solo pienso que no, sino que creo que él hizo todo para impedir ese descenso. Si hubiese querido perjudicarlo, podría haberle dado por perdido el primer partido de la Promoción contra Belgrano por invasión de cancha de hinchas de River. Sin embargo, no pasó nada. River no fue sancionado.
-Un tipo duro que se ablanda con la muerte de su esposa.
-Grondona fue uno hasta la enfermedad de Nélida y otro después de su fallecimiento. De hecho, el libro lo empiezo con una entrevista que le hace el periodista Fernando Niembro justo antes de que se enferme su mujer. En ese reportaje, que está en YouTube, se lo ve con 79 años, fantástico. Después ya no es el mismo, se vuelve una persona crispada.
-¿Su poder nunca estuvo en juego?
-Jamás. Él decía que el poder se lo habían dado los clubes, una verdad a medias: se lo habían dado los clubes pero él lo buscó y lo ejercía absolutamente. Tenía vocación por el poder. Todo lo que logró fue sin preparación académica. No sabía hablar inglés y manejaba la FIFA.
-¿Encajaría Grondona en esta FIFA actual, tan ligada al comercio que hasta menosprecia al fútbol en pos del negocio?
-Creo que esos cambios hubiesen sido más atenuados con Grondona. Ahora, la FIFA cambia tecnológicamente en el 2016, con la aparición del VAR, que estaba propuesto desde antes pero se lo fue postergando. Pero al final de su vida Grondona no era el mismo, se ve cuando en el Mundial de 2014 (Brasil) no baja a la premiación de su Selección, que fue finalista. Ya no era el Grondona tan mandamás. Me parece que estaba como entregándose.
-Su historia parece un filme de acción: pienso en la velocidad con que algunos se arrojaron al poder cuando murió Grondona.
-Todos aprovecharon su muerte para hacer lo contrario a lo que habían prometido. Uno fue (Joseph) Blatter. El otro, (Luis) Segura, que estuvo llorando dos días enteros en la AFA y al tercero se paseaba con el pecho erguido, como si fuese el dueño.
-Eso habla más de quiénes eran los que quedaron.
-Si, claro. Bueno, la FIFA explotó después y la AFA prácticamente también. Tuvo una intervención consentida con (Gianni) Infantino: ahí estaba demostrando que rompía las reglas porque en la FIFA no puede haber una federación intervenida. A eso agregale que la FIFA tiene un presidente que hace lo que quiere Estados Unidos, con un dominio tan escandaloso de empresarios estadounidenses. No hablo del país en sí, porque el fútbol es un deporte que en los Estados Unidos desconocen pero lo dominan: desde que se murió Grondona tuvieron dos Copas América, un Mundial de Clubes, el Mundial ahora.
PERFIL
Federico Gabriel Polak (Buenos Aires, 1944) es abogado, político, docente y escritor. Fue vocero de Raúl Alfonsín, presidente de Boca Juniors, el PAMI y Banco de la Provincia de Río Negro. Fue también miembro de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos durante la dictadura. Antes de Julio Grondona. Una historia argentina publicó Armando a Macri Memoria del interventor (2019).
Por Alejandro Duchini - Para LA GACETA







