Del “el que no salta es un inglés” al silencio y algunas piñas: así se vivió una semifinal cargada de tensión en el Fan Fest de Atlanta

Argentinos e ingleses compartieron en el Olympic Park entre cantitos, cargadas y algunos enfrentamientos.

CANTIDAD. Los argentinos eran mayoría en el Fan Fest de Atlanta.
CANTIDAD. Los argentinos eran mayoría en el Fan Fest de Atlanta. LA GACETA / MATÍAS AUAD
Por Matías AuadEnviado especial Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • Hinchas argentinos e ingleses vivieron con máxima tensión la semifinal del Mundial 2026 en el Fan Fest de Atlanta, donde Argentina triunfó tras remontar el partido 2-1.
  • Ante entradas de más de 3.000 dólares, miles de hinchas colmaron el parque. Tras el gol de Gordon, Argentina remontó con tantos de Fernández y Martínez en un clima de tensión.
  • Este cruce consolida la histórica rivalidad y deposita a Argentina en la final, mientras el operativo policial en Atlanta evitó incidentes graves ante los festejos y roces.
Resumen generado con IA

Las camisetas argentinas ocupaban apenas un rincón del Fan Fest de Atlanta. Eran muchas menos que las inglesas, pero alcanzaban para hacerse escuchar. Desde ese sector, donde decenas de hinchas seguían el partido de pie frente a la pantalla gigante, empezó a retumbar una canción que se repetiría durante toda la tarde: “el que no salta es un inglés”. Antes de que se cumplieran los primeros 25 minutos ya la habían cantado siete veces. Había confianza, sobraba euforia y el partido todavía avanzaba sin grandes sobresaltos. Nadie imaginaba que esa tribuna improvisada pasaría del silencio a una fiesta que después se desparramaría por las calles del centro de Atlanta.

El escenario era el Centennial Olympic Park, un predio verde de 21 hectáreas creado como punto de encuentro para los Juegos Olímpicos de 1996. Está en pleno downtown, rodeado por edificios, museos y atracciones como el Acuario de Georgia, el World of Coca-Cola y la rueda SkyView, mientras el estadio queda a pocas cuadras. Para el Mundial, el parque fue transformado durante 18 días en la sede oficial del Fan Festival de Atlanta: una pantalla gigante frente al césped, escenarios, puestos de comida y miles de personas entrando y saliendo.

Como ya había ocurrido en Kansas City durante los cuartos de final ante Suiza, los argentinos volvieron a ser minoría. Esta vez había un condimento extra: enfrente estaban los ingleses, que ocupaban buena parte del predio con camisetas blancas, cornetas y vuvuzelas.

MULTITUD. Las calles de Atlanta lucieron colmadas de ingleses y argentinos. MULTITUD. Las calles de Atlanta lucieron colmadas de ingleses y argentinos. LA GACETA / MATÍAS AUAD

Durante los primeros minutos, la rivalidad se expresó con momentos de silencio, canciones, algunas cargadas y miradas cruzadas. Las dos hinchadas compartían el mismo pasto bajo un sol impiadoso que elevaba la temperatura a 31 grados sin separaciones, aunque el despliegue de seguridad recordaba todo el tiempo que no se trataba de un partido más. Las sirenas de patrulleros y ambulancias se escucharon constantemente durante y post partido, cuando la multitud empezó a moverse hacia el centro.

Atlanta había dispuesto unos 1.600 policías para el operativo de la semifinal. Las autoridades reforzaron la vigilancia en el estadio, el Fan Fest y las principales calles del centro, además de organizar accesos separados para los hinchas de las dos selecciones.

Hasta el gol inglés, los argentinos cantaban para compensar la diferencia numérica. Los rivales respondían con aplausos, cornetas y saltos, mientras el trámite todavía parecía abierto.

Todo cambió cuando Anthony Gordon puso el 1-0 a los 55 minutos. Las vuvuzelas empezaron a sonar con mucha más fuerza, los ingleses se abrazaron y algunos festejaron mirando hacia el rincón argentino. Del otro lado, los cantitos desaparecieron.

Muchos quedaron quietos con los ojos clavados en la pantalla. Otros se agarraban la cabeza o miraban el reloj esperando una reacción que no llegaba. Las únicas voces que se escuchaban con claridad eran las inglesas.

“La vivimos como una locura. Mucho nervio, demasiada tensión”, contó Federico Santiago, que llegó desde Del Viso (Buenos Aires) a Estados Unidos durante la crisis de 2001. A su lado estaba Matías, su hijo, nacido en ese país. “Fue todo re difícil, honestamente”, dijo el joven sobre la experiencia de vivir el partido rodeado de ingleses.

Los minutos pasaban y la ilusión empezaba a apagarse. El último “el que no salta es un inglés” llegó a los 83 minutos, pero ya no tenía el tono de las primeras siete veces: parecía más una forma de aguantar que una cargada, casi un intento por convencerse de que todavía quedaba tiempo.

El primer gol, convertido por Enzo Fernández, desató el alivio. El segundo de Lautaro Martínez convirtió el pequeño sector argentino en un abrazo colectivo: las banderas reaparecieron sobre las cabezas, los hinchas saltaron con desconocidos y los cantitos volvieron con mucha más fuerza que al comienzo.

También aparecieron las provocaciones: algunos les gritaron en la cara, a centímetros, la clasificación a los ingleses. Otros hicieron gestos agarrándose los testículos mientras los miraban. Los que pocos minutos antes hacían sonar las cornetas quedaron en silencio o empezaron a abandonar el predio.

A la salida del Fan Fest, Richard Thatcher, un inglés de 66 años que vive al sur de Atlanta, se mostraba calmo. Mucho menos dolido que varios de sus compatriotas. Había visto el partido en un bar porque las entradas rondaban los US$3.000 y necesitaba dos. “No iba a pagar US$6.000”, explicó.

Del “el que no salta es un inglés” al silencio y algunas piñas: así se vivió una semifinal cargada de tensión en el Fan Fest de Atlanta LA GACETA / MATÍAS AUAD

Thatcher consideró justo el triunfo argentino. Contó que había compartido el bar con una mayoría de hinchas de la Selección sin tener problemas. “Había apenas seis o diez ingleses y los argentinos fueron muy amables con nosotros”, le dijo a LA GACETA. Ahora quiere que Argentina sea campeón: “Soy hincha de Messi. Espero que gane todo”.

Oferta y demanda

La semifinal también volvió a dejar al descubierto otro fenómeno que atravesó toda la Copa del Mundo: el precio de las entradas. Aunque el estadio estaba a pocas cuadras, muchos argentinos terminaron siguiendo el partido desde el Fan Fest porque nunca pudieron pagar un boleto: El mercado oficial de reventa de FIFA ofrecía entradas desde unos US$2.500, mientras que en plataformas secundarias las opciones más económicas rondaban los US$3.200 con cargos incluidos. Algunas publicaciones alcanzaban cifras de seis dígitos.

Federico y Matías también habían intentado entrar al estadio, pero terminaron en el Fan Fest. “Las entradas están por el cielo. Están haciendo que el fútbol sea para unos pocos y nos tenemos que acordar de que el fútbol se hizo de abajo para arriba”, cuestionó Federico.

Carlos Aguirre, un hincha salteño, esperó hasta último momento una baja que nunca llegó. Había asistido a los partidos anteriores, pero esta vez terminó en un bar rodeado de ingleses. Según contó, le ofrecieron entradas por alrededor de US$10.000.

Cuando Argentina hizo el segundo, Carlos gritó el gol frente a quienes lo habían cargado. “Ellos me gritaban todos juntos. Cuando hicimos el segundo se los grité en la cara”, contó todavía eufórico. Después, según dijo, lo sacaron del lugar y dos personas intentaron pegarle.

En las calles, la salida fue mayormente tranquila, aunque ese movimiento se interrumpía cada tanto por algún cruce. Los argentinos cargaban a los ingleses, recibían respuestas y seguían caminando. En algunos casos hubo insultos y empujones. En otros, las discusiones terminaron en golpes: frente a la rueda ubicada junto al Parque Olímpico, LA GACETA observó una pelea breve entre grupos de ambas hinchadas.

Un policía que trabajaba en la zona confirmó que los agentes habían tenido que acercarse a distintos puntos por enfrentamientos. Durante ese movimiento continuaron las sirenas, mientras patrulleros y cuatriciclos avanzaban entre la gente.

Hasta las primeras horas posteriores al partido no había un reporte oficial de incidentes graves o generalizados: la Policía de Atlanta informó que varias personas fueron retiradas del estadio, pero no se habían producido arrestos.

En medio de tanta rivalidad también aparecieron escenas fuera de contexto. Juliana y Judy, dos hermanas estadounidenses que venían desde el estadio, llevaban camisetas distintas: una había alentado por Inglaterra; la otra, por Argentina.

DIVIDIDAS. Las hermanas estadounidenses repartieron sus preferencias. DIVIDIDAS. Las hermanas estadounidenses repartieron sus preferencias. LA GACETA / MATÍAS AUAD

“Ahora vamos a alentar a Argentina”, dijeron entre risas.

Oliver, llegado desde West Yorkshire, reconoció que Argentina había ganado, destacó el ambiente de Atlanta y deseó suerte para la final. “¿Qué se puede hacer? Es fútbol”, explicó antes de irse con sus amigos.

Cuando el Fan Fest empezó a vaciarse, sobre el césped ya no quedaban canciones. Sí vasos tirados, policías recorriendo el perímetro y miles de hinchas caminando hacia el centro entre el sonido de las sirenas. La tarde había empezado con un grupo de argentinos tratando de hacerse escuchar frente a una mayoría inglesa. Después llegaron el gol de Gordon, las caras largas y el último canto deshilachado en el minuto 83. Terminó con la euforia por otra remontada que derivó en cargadas que por momentos fueron demasiado lejos.

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