El Bar El 10, el rincón de La Cocha donde el Mundial se vive entre cábalas y lomitos

Maximiliano Rivas, su hija Danna y Yanina Bazán sostienen un espacio atravesado por la figura de Maradona, la pasión por la Selección y las reuniones que se multiplican cada vez que juega Argentina.

UN HOMENAJE AL 10. Así es la puerta del ingreso al bar de La Cocha.
UN HOMENAJE AL "10". Así es la puerta del ingreso al bar de La Cocha.
Hace 3 Hs

Resumen para apurados

  • En La Cocha, Tucumán, la familia Rivas convoca a los vecinos en el Bar El 10 para ver los partidos de la Selección durante el Mundial, uniendo pasión futbolera y gastronomía.
  • El local, recientemente mudado al centro, rinde homenaje a Maradona y funciona bajo un intenso ritmo de trabajo familiar que atiende cábalas y pedidos de lomitos en cada juego.
  • Este emprendimiento consolida la identidad futbolera de La Cocha, demostrando cómo el Mundial dinamiza la economía y la unión comunitaria en el sur tucumano de cara al futuro.
Resumen generado con IA

En La Cocha, el fútbol no necesita de un equipo en la Liga Tucumana para ocupar el centro de la escena. Se lo encuentra en las canchas barriales, en los campeonatos departamentales, en las camisetas que aparecen por las calles y también dentro del Bar El 10, un espacio en el que cada detalle remite a la pelota y a la Selección.

Maximiliano Rivas, su hija Danna y Yanina Bazán son los protagonistas de este emprendimiento familiar que, durante el Mundial, se convirtió en uno de los puntos elegidos por los vecinos para seguir los partidos del equipo de Lionel Scaloni.

El nombre no es casual. El número 10 funciona como una declaración de principios y como un homenaje permanente a Diego Armando Maradona, cuya figura ocupa un lugar central dentro del local. La admiración por el capitán campeón del mundo en México 1986 fue una de las bases sobre las que se construyó la identidad del bar. Aunque Maradona domina la escena, la historia todavía puede sumar otro protagonista. Entre bromas y deseos, la familia no descarta que próximamente aparezca también la silueta de Lionel Messi, el otro gran símbolo argentino que hizo del número 10 una camiseta cargada de historia.

En los días de partido, el funcionamiento del lugar cambia. Aparecen las reservas, se ocupan las mesas y los gritos reemplazan por momentos las conversaciones habituales. Sin embargo, no todos los vecinos se animan a modificar sus rituales mundialistas. “Muchos lo toman como una cábala: ver el partido en determinado lugar y comer siempre lo mismo”, explican.

Durante el encuentro frente a Egipto, varias familias eligieron el bar para compartir la tensión, los festejos y la angustia de un partido que Argentina terminó ganando por 3-2. Hubo gritos, nervios y desahogo, aunque para quienes estaban detrás del mostrador la experiencia fue diferente.  Mientras los clientes seguían cada jugada frente a la pantalla, Maximiliano, Danna y Yanina debían atender las mesas, preparar los pedidos y sostener el ritmo de trabajo. Sentarse a mirar durante los 90 minutos resulta prácticamente imposible. “Preferimos trabajar. Estamos iniciando algo grande, pero también sufrimos mucho. Nos guiamos por los murmullos de la gente”, sostienen.

El Mundial representa para ellos una oportunidad, pero también un desafío. Cada partido aumenta el movimiento, especialmente cuando el horario coincide con la cena. El entusiasmo deportivo se mezcla así con los pedidos de comida y con la necesidad de aprovechar un torneo que modifica la rutina de todo el pueblo.

La mudanza del bar hacia una zona más céntrica también significó un cambio importante. El emprendimiento había funcionado anteriormente cerca del Barrio Argentino, otro sector profundamente vinculado con la historia mundialista de La Cocha. En su nuevo espacio, la circulación es mayor y el local quedó más cerca de uno de los puntos de mayor movimiento de la ciudad.

El fútbol, de todos modos, atraviesa cada rincón de la localidad. A pocas cuadras existen canchas barriales y, cada domingo, la Liga Departamental reúne a cientos de vecinos. Para Maximiliano, Danna y Yanina no hay dudas: es la actividad que más moviliza al pueblo.

Y esa pasión también se refleja en la gastronomía. En El 10, el lomito se impone entre los pedidos, siguiendo una tradición muy instalada en el sur tucumano. La escena se repite: una mesa, una pantalla, camisetas argentinas y algo para comer mientras la pelota rueda.

Así, cada partido de la Selección transforma al bar en una pequeña tribuna. El trabajo no les permite vivir el Mundial sentados frente al televisor, pero Maximiliano Rivas, Danna Rivas y Yanina Bazán lo acompañan de otra manera: atendiendo a quienes encuentran en El 10 un lugar para alimentar sus cábalas, compartir la pasión y gritar juntos los goles de Argentina.

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