Cuando el Messi de 2008 "rescató" al de 2026: la lectura táctica que cambió el partido de Argentina
El "10" dejó el centro del ataque, se recostó sobre la derecha como en sus inicios con Guardiola y en 13' cambió el rumbo de partido. La Selección volvió a encontrar en su capitán las respuestas que todavía busca como equipo.
Resumen para apurados
- Lionel Messi lideró la remontada de la Selección Argentina ante Egipto en Atlanta por el Mundial 2026, reposicionándose tácticamente para evitar la eliminación del equipo.
- Estando en desventaja ante Egipto, Messi emuló su posición de extremo derecho de 2008, logrando desarticular la defensa rival con una asistencia y un gol en solo trece minutos.
- La clasificación resalta la vigencia de Messi, pero plantea el desafío de que la Selección sume respuestas colectivas para no depender únicamente de su capitán en el Mundial.
Cuando la eliminación de Argentina parecía consumada, un gesto táctico, deliberado y personal cambió el rumbo del partido. Y no fue una maniobra de Lionel Scaloni; fue la lectura del juego de Lionel Messi, que, como si hubiese viajado veinte años atrás, se acordó de aquellas épocas juveniles cuando, con el pelo largo, volaba como extremo por derecha en el Barcelona de Pep Guardiola. En el momento en el que el “10” se paró como “7”, cambió el partido: fue desde allí donde brindó la asistencia para Cristian Romero en el primero y desde donde creó y finalizó el empate en el segundo.
Hasta ese entonces, tanto para él como para el resto del equipo, la tarde en Atlanta había sido una pesadilla. Egipto le hacía un culto a la eficiencia: no era superior a la Argentina, pero había aprovechado sus dos avances sobre el área rival para marcar. Del otro lado de la cancha, Mostafa Shobeir era Iker Casillas en 2010, Manuel Neuer en 2014 o Vozinha en 2026. Así, la Selección manejaba el trámite, pero Egipto se estaba adueñando del marcador y, con ello, de los ánimos del partido.
La batalla táctica
Scaloni había introducido tres cambios en este encuentro con un objetivo claro: recuperar la superioridad en la mitad de la cancha. Por eso entró Leandro Paredes en lugar de Thiago Almada, para ubicarse como “5” tapón y soltar adelante suyo (en un 4-1-3-2) a Alexis Mac Allister, Enzo Fernández y Rodrigo De Paul como volantes entrelíneas, destinados a crear juego y pisar el área rival.
Del otro lado, Egipto paró un 4-4-2, con centrales férreos y de buen juego aéreo, laterales y carrileros rápidos y un delantero de élite: Mohamed Salah. Los africanos se propusieron presionar alto a los argentinos antes de la primera pausa de hidratación, obligando a Lisandro Martínez y Cristian Romero a saltar líneas para poder atacar.
Un nuevo partido
Ya con la ventaja, la tónica empezó a cambiar y Egipto modificó el chip. Empezó a darse cuenta, tras el penal fallado de Messi, de que no iba a ser capaz de sostener ese ritmo y el plan cambió: el objetivo pasó a ser defender cerca de su arco y aprovechar la velocidad de sus jugadores ofensivos para salir rápidamente de contragolpe.
Mientras Argentina convertía en figura al arquero rival, los minutos pasaban y Egipto se relamía; sabía que una le iba a quedar. Fue primero la del falso 2-0, anulado por una falta a Martínez en la previa, y luego el tanto que estiró la ventaja y que parecía hundir bajo tierra al seleccionado argentino.
Para revertir la situación, las variantes fueron concretas: Lautaro Martínez y Nicolás González ya habían entrado para ganar futbolistas en el área rival y profundidad por afuera, mientras que Gonzalo Montiel fue una variante de descanso para Nahuel Molina.
Pero las respuestas no estaban en el banco. De alguna manera, el planteo táctico ya estaba servido y el entrenador no tenía mucho más para hacer que “tirar la carne al asador” y rogar por un empate milagroso.
La lectura del “10”
Las respuestas estaban dentro de la cancha y, otra vez, en el mismo apellido. Messi detectó que su partido no estaba por dentro, ni cerca de la medialuna, ni en la mitad de cancha ni en el área rival. Ya había intentado por todos esos sectores sin éxito, redondeando hasta el momento un partido muy flojo para lo que nos tiene acostumbrados.
Por eso, por voluntad propia, cuando vio que Julián Álvarez y Lautaro se sumaron por dentro, él se ubicó por afuera. Como en las viejas épocas. Empezó a enganchar para adentro, gambetear y tirar centros venenosos. 13’ después de esa acción que podría haber pasado desapercibida (como lo hicieron los egipcios al descuidar su marca), Argentina ya había anotado los tres goles que le dieron la clasificación.
Porque Scaloni tendrá algunos aspectos para corregir, como trabajar en la definición, atender las desatenciones en el retroceso y la pelota parada, o acordarse de que, pese a que acumular volantes en la zona media genera superioridad numérica, no debe perderse la profundidad por afuera.
También tendrá varios aspectos positivos, como el gran partido de Paredes que parece haber solucionado el problema del “5”, la voluntad de “Cuti” Romero que empujó al equipo con un gol y quites determinantes en el peor momento, o la energía y el sacrificio habitual de “Nico” González cuando entró a desbordar por izquierda.
Pero, al fin y al cabo, las respuestas siguen estando ahí, en el mismo de siempre. Porque el rival podrá tener a Lev Yashin en 1966 o Gianluigi Buffon en 2006, pero Argentina tiene a Lionel Messi en 2026. Que, con la experiencia, vigencia y criterio que le dan los años, pudo convertirse en el Messi de 2008 para rescatar a su equipo del abismo, hacernos llorar y volver a emocionarnos.
El desafío, si el objetivo sigue siendo levantar otra Copa del Mundo, será que la Selección encuentre cada vez más respuestas colectivas para no depender, una vez más, del hombre que lleva casi dos décadas resolviendo lo que parece imposible.







