Messi pasó del sufrimiento al desahogo en solo 13 minutos

El rosarino falló un penal y estuvo lejos de su mejor nivel, pero en el tramo decisivo apareció con toda su jerarquía para encabezar la remontada de la Selección. Con una asistencia y un gol lideró la remontada frente a Egipto y terminó quebrado por la emoción.

FESTEJO. Después de fallar un penal y sufrir durante gran parte del partido, Lionel Messi resurgió con una asistencia y un gol.
FESTEJO. Después de fallar un penal y sufrir durante gran parte del partido, Lionel Messi resurgió con una asistencia y un gol.
Por Carlos Chirino Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • Lionel Messi lideró la remontada de Argentina ante Egipto en Atlanta durante el Mundial, con un gol y una asistencia para clasificar a cuartos de final tras ir perdiendo 2-0.
  • El capitán argentino falló un penal y tuvo un rendimiento impreciso, pero en solo 13 minutos asistió a Romero y anotó de volea para empatar un partido que parecía perdido.
  • Con este triunfo épico, la Selección clasifica a cuartos de final, mantiene vivo el sueño de retener el título y reafirma el liderazgo emocional de Messi en momentos críticos.
Resumen generado con IA

Esta vez no deslumbró. Durante más de una hora estuvo lejos de ese nivel que había exhibido a lo largo del Mundial y, por momentos, parecía protagonizar una de sus actuaciones más flojas desde que comenzó el torneo de Estados Unidos, México y Canadá. Falló un penal, estuvo impreciso con la pelota y encontró pocas respuestas frente a una defensa egipcia que lo controló como pocas veces. Sin embargo, cuando Argentina más lo necesitó, volvió a demostrar por qué es diferente. Le bastaron apenas 13 minutos para convertirse otra vez en el gran héroe de la Selección y conducir una remontada que ya tiene un lugar asegurado entre las más épicas de la era de Lionel Scaloni.

El partido comenzó torcido para el capitán. Con el seleccionado argentino perdiendo 1 a 0, el árbitro francés François Letexier sancionó un penal por una infracción sobre Nicolás Tagliafico dentro del área. Era la oportunidad ideal para igualar el encuentro, pero el remate del rosarino, a media altura, fue contenido sin dar rebote por Mostafa Shobeir Oufa. Era su segundo penal fallado en este Mundial y el cuarto de su carrera en una Copa del Mundo. Para completar una primera mitad para el olvido, antes del descanso también estrelló un tiro libre en el palo.

Hasta ese momento, el rosarino parecía despedirse del Mundial de la manera menos esperada. Le costaba encontrar espacios, no lograba desequilibrar en el uno contra uno y sus habituales sociedades ofensivas nunca terminaron de funcionar. Egipto había logrado lo que casi nadie consigue: apagar al mejor futbolista del planeta.

Pero con Messi nunca conviene sacar conclusiones antes de tiempo. Porque los genios no necesitan dominar un partido durante 90 minutos para cambiar la historia. A veces les alcanza apenas un instante. O, en este caso, 13 minutos.

Cuando la eliminación parecía inevitable y la “Scaloneta” perdía 2 a 0, apareció el capitán. A los 34 minutos del segundo tiempo recibió sobre la derecha un pase de Julián Álvarez y sacó un centro preciso para la llegada de Cristian Romero, que anticipó como un centrodelantero para marcar el descuento. Ese gol no solo redujo la diferencia: cambió por completo el ánimo del partido y devolvió la esperanza a un equipo que estaba al borde del abismo.

Tres minutos después volvió a hacerse cargo. La jugada nació otra vez por su sector. Envió la pelota al área, Lautaro Martínez la desvió con una pirueta y Gonzalo Montiel la bajó para el “10”. El balón quedó alto, incómodo, imposible para la mayoría de los futbolistas. Pero Messi arqueó el cuerpo y sacó un zurdazo furioso, una volea perfecta que dejó sin reacción al arquero egipcio. El empate desató la locura en las tribunas de Atlanta y terminó de cambiar el destino de una tarde que parecía condenada.

No necesitó ser el mejor durante todo el encuentro para volver a ser la figura. En esos minutos decisivos recuperó pelotas, pidió cada balón y asumió la responsabilidad cuando más quemaba. Lo que durante más de una hora había sido una actuación gris se transformó en otra exhibición de liderazgo y personalidad. Los grandes futbolistas aparecen cuando el contexto los exige, y Messi volvió a hacerlo en el escenario más exigente de todos.

Después llegó el gol de la victoria argentina y el desahogo fue absoluto. La Selección completó una remontada inolvidable para meterse entre los ocho mejores del Mundial y el capitán, que había pasado por todas las emociones posibles, no pudo contenerse.

“Estoy muy feliz. No es fácil levantar un 2-0, pero como siempre digo, este grupo no baja los brazos nunca y pelea hasta el final”, afirmó apenas terminó el encuentro. “Tuvimos la suerte de conseguir rápido el gol del ‘Cuti’ y todavía teníamos tiempo. Esto es el Mundial; todos los partidos se están dando de igual manera. Fue una locura lo que hizo este grupo. Estoy muy feliz porque la gente pueda seguir estando y disfrutando de lo que hacemos”, agregó.

 Sin embargo, las palabras no alcanzaban para describir lo que sentía. Apenas el árbitro marcó el final, Messi se desplomó emocionalmente. Las lágrimas comenzaron a caer después de una tarde en la que pasó del penal errado a la angustia de la eliminación, de la incertidumbre a convertirse otra vez en el salvador de la Selección. Lloró porque estuvo a minutos de despedirse de los Mundiales. Lloró por el sufrimiento acumulado. Y lloró porque, una vez más, cuando Argentina parecía no tener salida, fue él quien encontró el camino para seguir soñando con la gloria. Gracias a su magia estamos vivos y seguimos soñando.

Comentarios