La trágica muerte de una mujer en la avenida Francisco de Aguirre expone una de las caras más brutales de la vida urbana: calles atestadas, pavimento en mal estado, una sumatoria diversa de vehículos de distintos portes y el apuro y la imprudencia como telones de fondo para una realidad muy complicada.
El accidente al que hacemos referencia en el párrafo anterior ocurrió el martes 23 de junio en la intersección de Francisco de Aguirre y Ejército del Norte. Allí, una mujer que había sido mamá pocos meses antes y que viajaba en una moto fue arrollada por un colectivo. El hombre que acompañaba a la víctima resultó herido.
Desde hace muchos años, los accidentes viales dejaron de sorprender. Ocurren casi a diario en distintos puntos de Tucumán y se vuelven noticia cuando la espectacularidad del choque o la cantidad de víctimas lo colocan fuera de la norma. Esto entraña un gran dramatismo, porque nos dice que la inseguridad vial se ha convertido en algo tan habitual que ya no nos sorprende. Aunque se cobre vidas.
La avenida Francisco de Aguirre acumula una serie de características que la hacen particular. De haber sido una arteria casi marginal que se extendía en el límite norte de la capital y que la separaba de Tafí Viejo y de La Talitas, hoy funciona como una alternativa muy atractiva para aquellos que intentan circular en el eje este-oeste (y viceversa), que es el más transitado de la ciudad. Ocurre que, frente a la ausencia de avenidas y autopistas que circunvalen el área metropolitana, quienes deben dirigirse desde Banda del Río Salí a Yerba Buena, por ejemplo, están condenados a depender del tránsito espeso de las principales avenidas. La que nos ocupa, en cambio, ofrece una circulación algo más fluida que comunica la avenida Juan B. Justo con el viejo Camino del Perú en cuestión de minutos. Es por eso que su flujo vehícular ha ido aumentando de manera directamente proporcional con el colapso de otras arterias centrales, como la Mate de Luna y la Belgrano, por ejemplo.
Pero a pesar de su relativa fluidez, se trata de una calle que concentra una serie de problemas graves.Más allá de los arreglos que se vienen haciendo, el pavimento es deficiente en diversos puntos. Hay pérdidas de agua potable, de líquidos cloacales y numerosos lavaderos clandestinos que empapan la calle a lo largo de su recorrido. Los robos y los arrebatos también generan tensiones en la zona y una de las mayores complicaciones está constituída por la ecléctica combinación de vehículos que la transitan.
A lo largo de su trazado es posible encontrar camiones de gran porte, colectivos de larga distancia, ómnibus urbanos, camionetas, autos, motos innumerables, bicicletas, carros tirados por caballos y peatones. Es una situación complicada que se suma a la alta velocidad que se suele registrar a lo largo de su extensión.
La Municipalidad capitalina ha venido instalando complejos semaforizados en distintas esquinas complicadas, como las intersecciones con Viamonte, con la avenida América y con Rivadavia, entre otros puntos. Se trata de un gran avance porque lleva algo de orden a una arteria que está cerca del colapso. Pero lamentablemente no habrá semáforos que alcancen si no se concretan políticas metropolitanas que excedan al ámbito municipal. Creemos que si no aparecen obras de infraestructura vial que permitan circunvalar el Gran Tucumán, esta avenida y muchas otras calles seguirán funcionando como trampas que ponen en riesgo la vida de quienes las transitan.





