Sexualmente hablando: Amigos

Sexualmente hablando: Amigos

En un video cómico que aparece con frecuencia en las redes sociales se escucha la voz de una mujer enojada, reclamándole a su pareja que ya es muy tarde y que todavía no ha llegado a casa. Lo acusa de estar con otras, porque es imposible que a esa hora siga con sus amigos.

El contraste -divertido- es que la imagen muestra que, efectivamente, está con ellos. Hay muchas versiones de lo que están haciendo (lo que no cambia es el audio del reclamo femenino), pero invariablemente se trata de una especie de competencia o de juego bastante infantil. Y no, no está con mujeres. Está con sus amigos -aunque a ella le parezca increíble- haciendo alguna pavada.

En esa misma línea, en el programa de radio “Vuelta y media”, conducido por Sebastián Wainraich, hay una sección llamada “Qué boludos los varones”, donde los oyentes pueden llamar para contar lo que hacen cuando se juntan entre amigos: bromas, rituales, apuestas, tradiciones… que resultan graciosas por lo tontas y absurdas. Y que, por supuesto, son celebradas por el conductor, que entiende perfectamente el particular lazo que une a un grupo de hombres.

Homoafectivos

Marilyn Frye (Tulsa, Estados Unidos, 1941) es una de las referentes más destacadas del feminismo radical. Licenciada con honores en Filosofía por la Universidad de Standford y Doctora en Filosofía por la Universidad de Cornell, es autora de “Las políticas de la realidad: ensayos sobre teoría feminista”. En este libro -considerado ya un clásico- se pronuncia de manera brillante y mordaz sobre la heterosexualidad masculina.

“Decir que un hombre es heterosexual implica solamente decir que él tiene relaciones sexuales con el sexo opuesto, o sea, mujeres. Todo o casi todo lo que es propio del amor, la mayoría de los hombres hetero lo reservan exclusivamente para otros hombres”, escribe.

¿Cómo es esto? Sostiene Frye: “Las personas que ellos admiran; respetan; adoran y veneran; honran; a quienes ellos imitan, idolatran y con quienes cultivan vínculos más profundos; a quienes están dispuestos a enseñar y con quienes están dispuestos a aprender; aquellos cuyo respeto, admiración, reconocimiento, honra, reverencia y amor ellos desean: estos son, en su enorme mayoría, otros hombres”.

Pero entonces, ¿qué pasa con las mujeres? La filósofa afirma: “En sus relaciones con mujeres, lo que es visto como respeto es cortesía, generosidad o paternalismo; lo que es visto como honra es colocar a la mujer como en una campana de cristal. De las mujeres ellos quieren devoción, servidumbre y sexo”.

Y concluye, tajante: “La cultura heterosexual masculina es homoafectiva; ella cultiva el amor por los hombres”.

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