El coleccionista que reconstruyó la historia de los juguetes de hojalata

Hay objetos que sobreviven a quienes los fabricaron. Pequeñas piezas de metal que, décadas después, siguen contando historias.

Daniel Sudalsky
Daniel Sudalsky

Lifestyle, por Fernanda Bringas (muy_fer_) Producción general y Sol García Hamilton (solchugh) - Producción periodística

Hay objetos que sobreviven a quienes los fabricaron. Pequeñas piezas de metal que atravesaron guerras, cambios tecnológicos y generaciones enteras de niños. Objetos que, décadas después, siguen contando historias. Eso es lo que ocurre con los juguetes de hojalata. Mucho más que simples entretenimientos, fueron durante décadas un reflejo de la vida cotidiana, de los avances y hasta de las aspiraciones de una sociedad. Un automóvil, una cocina en miniatura o una muñeca mecánica podían condensar, en apenas unos centímetros, el mundo de los adultos visto a través de los ojos de un niño.

De esa idea parte el trabajo de Daniel Sudalsky, coleccionista e investigador especializado en juguetes antiguos, quien presentó recientemente un libro dedicado a reconstruir la historia de la industria nacional del juguete de hojalata. El proyecto, realizado junto a Diego Lascano, es el resultado de más de una década de búsqueda, catalogación y estudio de piezas que forman parte del patrimonio cultural argentino.

El coleccionista que reconstruyó la historia de los juguetes de hojalata

Durante la presentación, Sudalsky repasó el origen de estos juguetes, cuya historia comienza en la Europa de mediados del siglo XIX. Con el desarrollo de nuevas técnicas para producir láminas de hojalata e imprimir colores mediante litografía, Francia y Alemania se transformaron en pioneros de una industria que permitió que los juguetes dejaran de ser objetos exclusivos de las clases altas para llegar a un público cada vez más amplio.

Aquellas pequeñas piezas reproducían escenas de la vida real: autos, barcos, aviones, instrumentos musicales y personajes de la época. "Los fabricantes produjeron el mundo de los adultos en miniatura", explicó el coleccionista. Por eso, sostiene, hoy pueden leerse como documentos históricos capaces de mostrar cómo se vivía, qué tecnologías existían y cuáles eran los sueños de cada generación.

En Argentina, durante las primeras décadas del siglo XX, la mayoría de los juguetes eran importados, principalmente desde Alemania. La situación comenzó a cambiar en 1933, cuando la empresa Matarazzo instaló una fábrica que marcaría el nacimiento de una verdadera industria juguetera nacional. Con miles de unidades producidas cada día y un equipo de técnicos especializados, la firma se convirtió en el gran referente de una etapa que muchos consideran la edad de oro del juguete argentino.

El coleccionista que reconstruyó la historia de los juguetes de hojalata

El crecimiento coincidió con un contexto internacional complejo. Las dificultades para importar durante los años previos y posteriores a la Segunda Guerra Mundial abrieron una oportunidad para que las fábricas locales ganaran terreno. Sin embargo, la aparición del plástico a partir de los años cincuenta cambió para siempre el rumbo de la industria. Más económico y fácil de producir, el nuevo material terminó desplazando gradualmente a las piezas de hojalata que, hasta entonces, habían sido pequeñas obras de arte fabricadas de manera casi artesanal.

Fue justamente para rescatar esa historia que Sudalsky y Lascano emprendieron una investigación que les llevó once años de trabajo. Existían pocos registros, escasa bibliografía y cientos de juguetes dispersos entre coleccionistas particulares. Bibliotecas, archivos, revistas antiguas, catálogos y colecciones privadas se transformaron en las fuentes de una investigación que terminó reuniendo cerca de 700 piezas.

El coleccionista que reconstruyó la historia de los juguetes de hojalata

El resultado es un libro que no solo documenta juguetes. También reconstruye una parte poco conocida de la historia industrial argentina y recupera la memoria de objetos que acompañaron la infancia de varias generaciones.

Durante la presentación del libro en la librería Estación Libro, en el Boulevard Sáenz Peña de Tigre, en el marco de la feria Cultura Retro, La Gaceta Lifestyle conversó con Sudalsky —cuya madre era tucumana y que durante la entrevista recordó con afecto sus vínculos con la provincia—  sobre su pasión por el coleccionismo, la búsqueda de piezas únicas y el valor cultural de estos juguetes. La jornada incluyó además una muestra especial con parte de su colección, que permitió a los visitantes recorrer más de siete décadas de historia de la juguetería argentina.

El coleccionista que reconstruyó la historia de los juguetes de hojalata

—¿Por qué empezó a coleccionar juguetes antiguos?

—Es difícil contestar esa pregunta. Creo que siempre hay algo dentro nuestro. Tal vez encontramos un juguete que habíamos tenido de chicos en algún ropero o en algún armario y eso nos trae recuerdos y ganas de volver a exhibirlo, de darle nuevamente un lugar importante en nuestra vida.

Y después aparece aquel juguete que no tuvimos y que siempre quisimos tener. O el que tenía un primo y no nos prestaba. Hay distintos motivos que hacen a un coleccionista.

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—¿Cómo se consiguen hoy estos juguetes?

—Hay muchas maneras. Uno puede preguntar a familiares, vecinos, recorrer negocios de compra y venta o ferias de antigüedades. En cualquier lugar puede aparecer el juguete que estamos buscando.

Hoy las redes sociales también nos permiten llegar a personas que tienen objetos que nosotros queremos incorporar a nuestras colecciones. Pero lo importante es estar siempre atento, con el ojo entrenado para esa búsqueda permanente.

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—¿Por qué decidieron transformar toda esa investigación en un libro?

—Cuando uno empieza a coleccionar formalmente puede llegar a reunir una cantidad enorme de juguetes. Y llega un momento en que se pregunta dónde exhibirlos. No hay espacio para mostrar 700 o mil juguetes.

Entonces el libro aparece como una forma de compartirlos con los demás. En mi caso particular, nunca me interesó solamente tener el juguete. También quería saber quién lo fabricó, cuándo se fabricó, por qué se fabricó y cuál era su historia.

Cuando uno estudia todo eso surge la necesidad de compartir ese conocimiento. Además, cuando empezamos a investigar descubrimos que había muy poco escrito sobre los juguetes argentinos. Tardamos once años en reunir información para poder reconstruir esa historia.

El coleccionista que reconstruyó la historia de los juguetes de hojalata

—¿Cómo conserva una colección tan grande?

—Este hobby te lleva a acumular muchas piezas y el gran desafío es dónde guardarlas y cómo exhibirlas.

En mi caso, por una cuestión de espacio, solamente puedo exhibir una pequeña parte. El resto está perfectamente almacenado y preservado en cajas, con envoltorios especiales.

Los juguetes argentinos de hojalata que aparecen en el libro son alrededor de 700. Nos pareció una cantidad lo suficientemente importante como para mostrar un panorama amplio de lo que fue la juguetería argentina.

El coleccionista que reconstruyó la historia de los juguetes de hojalata

—¿Su propia infancia tuvo influencia en esta pasión por coleccionar?

—Las infancias son muy distintas. Hay quienes tuvieron muchos juguetes, quienes tuvieron pocos y quienes no tuvieron ninguno. Hay quienes los cuidaban y quienes los rompían jugando.

En mi caso particular tuve muy pocos juguetes. Cuando más adelante tuve la posibilidad económica de hacerlo, empecé a comprarlos, a canjearlos y a conseguirlos de distintas maneras. Tal vez fue una revancha de lo que me pasó durante mi infancia.

Pero hay otros coleccionistas cuya historia es exactamente la contraria. Personas que tuvieron muchos juguetes y quieren seguir teniendo más. Cada uno tiene su propia historia y todas valen.

El coleccionista que reconstruyó la historia de los juguetes de hojalata

La entrevista completa está disponible en el canal de YouTube de La Gaceta y para quienes quieran seguir explorando este universo de recuerdos, el libro Juguetes argentinos de hojalata (1900-1970) puede conseguirse a través de la librería Estación Libro. Además, Daniel Sudalsky comparte parte de su colección, investigaciones y hallazgos en Instagram a través de la cuenta @mi.antiguo.juguete, donde cada pieza funciona como una pequeña puerta a la infancia.

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