Con apenas un “chas-chas” en la colita, el presidente Javier Milei corrió al inefable Manuel Adorni de una vocería que desde hace tiempo no ejercía, ya sea por su mellada autoridad moral o por el temor oficial a que sus propias inhabilidades terminaran de hundirlo. En verdad, el gesto simbólico no arregla nada, salvo dotar al Gobierno de una voz de refresco: la del economista pampeano Adrián Ravier, cuya trayectoria está más vinculada a la academia que a la militancia tradicional. Fue una movida obligada de recambio que el Presidente se adjudica por fuera de la interna entre Karina y Santiago Caputo, simplemente porque el bache comunicacional se hacía insostenible sin un portavoz.
El ministro de Economía, Luis Caputo, fue un herido colateral de esta guerra interna y zapateó de lo lindo: sus logros financieros de las últimas semanas quedaron relegados por el barro político y por un Jefe de Gabinete que hace rato no ejerce. Esta vez, ni el comienzo del Mundial ni los tres goles de Leo Messi lograron tapar el ruido que el Presidente se empeña en disimular. Al contrario, más allá de los abrazos para la foto, su reclusión en Olivos no hizo más que agigantar el costo de las esquirlas.
Incluso su discurso al pie del Monumento a la Bandera tuvo un eje impensado. Lejos de las urgencias de una coyuntura que lo desvela, Milei eligió refugiarse en el Manuel Belgrano economista, a quien definió como “el pionero de las ideas de libertad económica en el Río de la Plata” y portador de “nuevos vientos a favor de una economía libre, dinámica y contra el monopolio”. Buscando agua para su propio molino, tildó al prócer de “primer liberal económico de la Argentina” y hasta frenó en seco los cánticos de apoyo de la militancia libertaria. En realidad, hizo una finta discursiva para surfear el presente y argumentar que la enseña patria, en realidad, “representa la libertad política, económica y educativa”.
El acto fue, de seguro, el soplo de aire fresco que Milei buscaba para escapar del acoso interno, aunque las miradas de la prensa estuvieron puestas en el lenguaje corporal del palco: las ausencias, las cercanías y la distancia física con Victoria Villarruel. Pero, detrás de la escenografía rosarina, si se mira el tablero con los anteojos de la política, a Adorni se le está haciendo de noche y el Presidente sabe que la cuenta regresiva sigue corriendo.
En el viejo manual de supervivencia, cuando el vocero —puesto allí para atajar penales y cuidar al Jefe— se convirtió en el blanco de los pelotazos por oscuras cuestiones patrimoniales, pasó a ser un fusible caro, mientras la mística del “no hay plata” se choca de frente con las correrías familiares del funcionario y dejó al número uno descolocado. Un destino que, además, ya no depende solo de Olivos, sino que el verdadero peligro viaja por las vías formales de un Estado donde el oficialismo tiene la botonera frágil. Una sola imputación efectiva en los pasillos de Tribunales transformaría el ruido mediático en un mazazo letal para el relato de la pureza libertaria.
Por eso, abundan las suspicacias. El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques ha viajado a Paris con el juez de la causa, Ariel Lijo y es difícil que no hayan hablado del tema, para aliviar o congelar la situación judicial de Adorni y para tratar de que no se avance una citación a indagatoria que termine en un procesamiento. También se asegura que Lijo presiona por la designación de su exsecretario en un juzgado y quizás como moneda de cambio, el ministro de Justicia, quien retuvo ese pliego, finalmente cedió a liberarlo.
Las especulaciones son muchas sobre el nuevo ministro, pero lo más sensible y llamativo también es que el deseo del Presidente de apuntar contra la AFA porque no quiso avalar las SAD, parece que ha quedado de lado y eso se ha visto en las maniobras judiciales que han empezado a jugar ahora a favor de Claudio Tapia y Pablo Toviggino con fallos incomprensibles, como avalar el cambio de sede jurídica de la AFA a un terreno casi baldío en Pilar. Todas estas novedades, invariablemente a favor de la entidad que rige el fútbol, se han empezado a dar desde que Mahiques es ministro.
En relación a Adorni, ni hablar del rol del Congreso, un ecosistema donde la oposición podría juntar los votos. Una interpelación en el recinto como la que se preveía para el 2 de julio lo obligaría a Adorni a dar explicaciones bajo un fuego cruzado muy distinto al de aquellas conferencias de prensa donde mostraba toda su arrogancia. Incluso, si la tensión escala demasiado, la sombra de una moción de censura, herramienta constitucional que la política argentina nunca usó, asoma como el argumento perfecto para que el propio sistema le baje el pulgar, obligando al Presidente a recalcular una defensa que hoy parece incondicional.
Por lo pronto, la mesa chica de Olivos presionó a Bullrich para que desconozca lo pactado sobre la comparencia (traslado de la sesión del jueves pasado al próximo) y dilatar la citación. La senadora cambió de argumento y ahora dice que se debe reunir nuevamente la Comisión de Labor Parlamentaria para que se establezcan los dos tercios para aprobar el pedido de interpelación, 48 senadores sobre 72. Los votos de la UCR y del PRO aún están en el limbo de la especulación y se cree que no van a romper pese a las advertencias, aunque es tan frágil todo que nadie se atreve a vaticinar un desenlace.
Quienes caminan los pasillos de Balcarce 50 –adonde Milei no va desde hace más de dos semanas- juran que el Presidente opera con otra psicología: para él, retroceder o entregar a un leal ante la presión del "establishment" o del periodismo es sinónimo de debilidad, una capitulación que no se puede permitir. Lo cierto es que Adorni no es un simple funcionario y ocurre porque Milei (o su hermana) lo ha sobrestimado, ya que se lo vé como un estilete importante en la batalla cultural y porque quizás se cree que su impasibilidad frente al micrófono fascina al votante duro. Es probable que se vea en su cinismo un golpe directo a la vieja política, aunque parece no tomar en cuenta que con su proceder Adorni se ha puesto en línea con lo peor de la casta que se denuncia.
Queda por hacer una última referencia sobre el barro de la semana: el posteo presidencial en X para cruzar a Florencia Peña tras la aberración de anunciar falsamente por un canal de streaming la muerte del padre de Messi. Al politizar tan grosero error, Milei no solo terminó victimizando a la actriz por su pasado kirchnerista, sino que quiso aprovechar la situación para volver a tirotear a los medios y pontificar sobre "la impunidad de tener un micrófono o una pluma".
El error conceptual del Presidente es burdo, ya que confunde el entretenimiento o la conducción con el ejercicio del periodismo. La transmisión de noticias profesionales tiene reglas rigurosas que demandan años de formación. Un periodista aprende que cuanto más impactante es un hecho transformado en noticia, más obligatorio es desconfiar; sabe que una sola fuente jamás convalida una información sensible y, fundamentalmente, aprende a convivir con la presión de las primicias sin dejarse dominar por ellas.
Mirado en perspectiva, el verdadero peligro que asoma en el horizonte libertario no es la fragilidad en el Congreso ni el barro que podría salpicar las carpetas de Tribunales, sino la peligrosa tentación del aislamiento. Cuando el Presidente prefiere hablar sobre Belgrano con una razón ideológica al fin, pero fuera de las demandas del día a día o cuando elige el ring tuitero contra la prensa para tapar las desprolijidades éticas de sus propios cruzados, empieza a recorrer un camino conocido.
Confundir la intensidad de los votantes duros de LLA con un cheque en blanco institucional es el clásico error de los proyectos que se autoperciben eternos. La historia argentina es un cementerio de palcos que se creyeron unánimes (el “vamos por todo” que vocalizó Cristina en Rosario precisamente es un fiel ejemplo) y el problema es que, cuando la realidad irrumpe, el despertar suele ser sin anestesia y ya no hay Campeonato Mundial ni estrellas que alcancen para pagar la cuenta.










