Los debates públicos que forman parte de la elaboración del nuevo Código de Planeamiento Urbano (CPU) de San Miguel de Tucumán pusieron sobre la mesa los principales problemas que afectan a la capital y sus alrededores. Sobre todo, al pensar en una ciudad para dentro de los próximos 30 o 40 años, p si no se producen cambios urgentes y radicales, el futuro se presenta muy complejo, con numerosos frentes de conflicto.
La desigualdad es uno de ellos, planteado en varias audiencias, donde conviven varias ciudades distintas dentro de una misma mancha urbana. El área central (las cuatro avenidas) y el sector oeste gozan de beneficios de los que carecen otras zonas, como el noreste y el sureste de la capital, en cuanto a acceso a los servicios básicos, los metros cuadrados de espacios verdes, las calles sin pavimento o en muy mal estado o la escasa o nula disponibilidad, en tiempo y forma, del transporte público. Idéntica disparidad se observa en educación y salud, donde más del 50% de los edificios educativos se concentran en el área central, en un radio de pocas manzanas, al igual que con los hospitales, clínicas, sanatorios, centros especializados y consultorios médicos.
Según plantearon las autoridades municipales responsables de este trabajo, el nuevo CPU pretende descentralizar a la capital o, más precisamente, crear nuevas centralidades para acortar la marcada brecha de disparidad entre los barrios, situación que termina afectando directa e indirectamente a todos los tucumanos. Esto sólo puede lograrse con un esfuerzo conjunto entre el Estado, brindando soluciones como pavimento, luminarias, agua y cloacas o espacios verdes, entre otras obras, y el sector privado, desde el desarrollo inmobiliario, clínicas y sanatorios, escuelas y colegios y la ampliación de redes como electricidad, gas o internet.
Otro tema medular que se reitera en cada audiencia pública es la movilidad y el transporte público que acusan serias deficiencias. El pésimo estado de las veredas en general, que constituyen el principal medio de traslado, ya que se estima circulan unos 800.000 peatones por día por la capital. El transporte público, que en Tucumán se reduce a colectivos, costosos y que no cubren toda la ciudad, además de taxis y vehículos de aplicaciones. Esto plantea, por un lado, la necesidad de mejorar y ampliar calles y avenidas, y también la conectividad entre la capital y el resto del área metropolitana. Como ejemplo, se informó que hacen falta construir al menos 14 puentes para aliviar los cuellos de botella cuando se viaja de un municipio a otro. Por otro lado, se habló de proyectar medios alternativos de transporte, menos contaminantes, más económicos, menos ruidosos y con recorridos más amplios, como metrobuses o trolebuses eléctricos, o reactivar los trenes de cercanía o hasta construir una red de transporte elevado metropolitano.
Cualesquiera sean las opciones, lo que queda en evidencia en las audiencias es que la ciudad no puede continuar expandiéndose como hasta ahora, desconectada, desigual, caótica y con cada vez pero calidad de vida.






