Creó una empresa que ayudó a cientos de personas a conseguir trabajo y asegura: "Tu resultado es igual a tu conocimiento multiplicado por la IA"
Resumen para apurados
- En Tucumán, el CEO de Rolling Code Walter Juárez afirmó que la IA no reemplaza la programación básica, ya que esta tecnología solo potencia el conocimiento humano de base.
- Fundada en Tucumán sin fondos externos, Rolling Code combina el desarrollo de software con una academia que ya formó a más de 500 profesionales con inserción laboral global.
- Frente al auge de la inteligencia artificial, el dominio de las bases técnicas definirá el éxito laboral futuro, pues la tecnología solo potencia el conocimiento existente.
Mientras millones de personas le piden respuestas a ChatGPT y las herramientas de inteligencia artificial prometen hacer en segundos tareas que antes llevaban horas, en escuelas, universidades y ferias educativas se preguntan si todavía vale la pena aprender a programar. Para Walter Esteban Juárez Rivas, CEO y cofundador de Rolling Code, la respuesta es sí.
Pero no por las razones que se escuchaban hace algunos años, cuando la programación aparecía como la profesión del futuro y parecía capaz de garantizar empleo para cualquiera que aprendiera algunas líneas de código.
"Tu resultado es igual al conocimiento que tengas multiplicado por la inteligencia artificial", resume. Y enseguida aclara la idea que guía gran parte de su trabajo: la IA potencia, acelera y ayuda, pero no puede reemplazar aquello que una persona no sabe.
La reflexión surgió durante “Encuentros La Gaceta Educación 2026”. Juárez Rivas es uno de los creadores de una empresa que desarrolla software para compañías de distintos sectores y que, al mismo tiempo, forma a cientos de personas que hoy trabajan en Argentina, España y Estados Unidos.
"La inteligencia artificial puede construir software sencillo y resolver muchas tareas. Nosotros la usamos todos los días. Nos permite escribir código más rápido, hacer pruebas y mejorar muchísimo nuestra productividad. Pero cuando aparecen problemas complejos, sigue siendo necesario entender cómo funciona todo por detrás", explica.
La discusión no es menor. Desde la irrupción masiva de herramientas como Gemini, Microsoft Copilot o Claude, muchos jóvenes comenzaron a preguntarse si tiene sentido estudiar programación cuando una máquina parece capaz de hacerlo por ellos.
Juárez asegura que esa preocupación ya apareció varias veces en la industria tecnológica. Ocurrió durante distintas crisis del sector y volvió a suceder con la inteligencia artificial. Aunque sostiene que la realidad terminó mostrando otra cosa.
"Hoy más que nunca necesitás las bases. Si todos usan inteligencia artificial, la diferencia la va a seguir haciendo quien tenga el conocimiento para entender qué está pasando", afirma.
Quizás por eso la historia de Rolling Code también es, en cierta forma, una historia sobre educación. La empresa nació en Tucumán y fue construida sin grandes inversiones ni fondos externos. Juárez y sus socios comenzaron desarrollando software y después decidieron compartir aquello que hacían todos los días a través de una escuela de programación.
"Nosotros usamos la educación para crecer", cuenta.
La frase tiene un significado literal. Antes de crear la empresa, la formación fue la herramienta que les permitió abrirse camino profesionalmente. Más tarde decidieron transformar esa experiencia en una oportunidad para otros.
Hoy Rolling Code ofrece programas de formación de nueve meses diseñados a partir de necesidades reales de la industria tecnológica. El objetivo no es formar expertos en tiempo récord, sino brindar una base sólida que permita ingresar al mercado laboral y seguir aprendiendo.
El resultado, afirma, ya puede medirse en historias concretas. Más de 500 egresados consiguieron empleo en el sector tecnológico y algunos trabajan actualmente para empresas de Europa y Estados Unidos.
"Lo más lindo es encontrarte con alguien en un aeropuerto, en un restaurante o en cualquier lugar y que te diga que estudió con nosotros y que eso le cambió la vida", cuenta.
Aun así, cree que el verdadero desafío recién empieza.
Mientras la inteligencia artificial transforma profesiones enteras y obliga a replantear qué vale la pena aprender, Juárez insiste en una idea que parece sencilla pero que resume buena parte del debate educativo actual: ninguna tecnología puede multiplicar lo que no existe.
Por eso, detrás de cada algoritmo, cada asistente virtual y cada línea de código generada por IA, sigue habiendo algo que ninguna máquina puede reemplazar por completo: el conocimiento.







