Resumen para apurados
- Olga María Acosta presentará mañana en Yerba Buena su novela debut 'Del otro lado del tiempo', una obra que conecta Asturias con el Imperio Incaico del siglo XVI.
- Tras dos años de investigación, la autora y arquitecta recrea la vida en el Imperio Incaico a través de una joven que viaja al pasado al tocar una túnica en Asturias.
- Esta ópera prima propone una visión no lineal del tiempo, fusionando thriller e historia para plantear nuevas preguntas sobre la existencia y la multidimensionalidad.
Asturias, el norte de España y el Imperio Incaico del siglo XVI se cruzan en “Del otro lado del tiempo”, la primera novela publicada por Olga María Acosta. La obra será presentada oficialmente mañana a las 20.30, en el Café de Fiori, situado en Mercato Casco Viejo de Yerba Buena.
La autora se formó como arquitecta en la UNT y construyó una vida atravesada por distintas expresiones artísticas. Lectora apasionada, música en constante búsqueda, profesora de piano, estudiante de violín y canto, también fue bailarina del cuerpo de ballet flamenco Arte Español de Ana Sancho Miñano, con el que se presentó en escenarios como el teatro San Martín, el Teatro Alberdi y el Centro Cultural Virla.
A esa formación se suman sus talleres con Cristina Bulacio sobre la obra de Jorge Luis Borges y sus viajes frecuentes al norte de España, donde profundizó su sensibilidad cultural, tomó contacto con el alma asturiana y aprendió bable. Ese recorrido personal aparece como parte del universo sensible que sostiene su novela.
Elisa y una túnica que abre otra vida
La protagonista de “Del otro lado del tiempo” es Elisa, una joven que vivía en Argentina y regresa a la casa de su infancia en Asturias. Allí encuentra una túnica y, al entrar en contacto con ella, experimenta la vida de una niña que existió en el Imperio Incaico.
“La novela es una fusión de géneros: tiene elementos de thriller psicológico, porque trabaja la tensión, la emoción y la acción; también es una novela histórica, porque recrea un período pasado con hechos y personajes que existieron realmente, junto con otros personajes ficticios. Además, tiene una dimensión metafísica, porque aborda temas existenciales”, explicó Acosta.
Ese cruce entre épocas y territorios estructura una historia que avanza y, al mismo tiempo, regresa. La autora plantea una conexión entre dos mundos distantes mediante un mecanismo que no se revela de manera directa y que permite a la protagonista acceder a una vida anterior o paralela.
Las escogidas del Sol
Uno de los ejes históricos de la novela se vincula con el Acllahuasi, conocido como “la casa de las escogidas”. Acosta explicó que “aclla” significa virgen en quechua y “huasi” significa casa. Allí eran llevadas niñas desde muy pequeñas, de 10 u 11 años, para servir al Sol. Desde su ingreso, el vínculo con el mundo exterior terminaba. Ya no podían ver a sus familias y quedaban dedicadas a esa función durante el resto de sus vidas. En algunas oportunidades, también podían ser destinadas al sacrificio.
“Cuando empecé a escribir el libro quería trabajar algo histórico y pensé en la civilización incaica, porque siempre me apasionó. Me gustaba mucho tomar contacto con el conocimiento de esa civilización, pero quería ir más allá de los aspectos más conocidos, como las terrazas de cultivo o el sistema de contabilidad que tenían los incas. Al leer e investigar, encontré el dato de que existieron estas vírgenes del Sol”, contó la escritora.
“Quise rescatar y reflotar la existencia silenciosa de esas mujeres que han existido y sobre las que casi nadie sabe”, afirmó Acosta.
Un proceso de investigación
La construcción del universo incaico exigió un largo trabajo previo. La autora dedicó meses a la lectura de materiales sobre esa civilización para poder incorporar la dimensión histórica a la ficción sin perder precisión ni densidad narrativa.
“Leí muchos libros sobre la civilización incaica. Un dato me llevaba a otro y así pasé muchos meses de lectura. La investigación fue muy importante para construir ese universo y para poder incorporar esa parte histórica a la ficción”, sostuvo Acosta.
El resultado es una novela donde conviven la tensión psicológica, la reconstrucción histórica y una mirada metafísica sobre la existencia. Con el humo de las hogueras incaicas y el romanticismo del campo español como telón de fondo, la historia propone un viaje emocional entre continentes y épocas.
Crear espacios y crear historias
La formación como arquitecta también aparece en la manera en que Acosta concibe la escritura. Para ella, ambas disciplinas tienen una raíz común: la creación.
“El punto en común que veo entre la arquitectura y la literatura es la creación. En la arquitectura uno crea y diseña espacios a través de herramientas de dibujo. En la literatura uno crea una historia mediante la palabra. La herramienta es la palabra. En ambos casos, el fin último es producir algo que emocione”, señaló.
La escritura de “Del otro lado del tiempo” no fue lineal. Entre la investigación, la redacción y el cierre del libro transcurrieron aproximadamente dos años y medio.
“La novela fue un proceso intermitente. Entre la investigación, la escritura y la finalización de la novela pasaron aproximadamente dos años y medio”, indicó.
El tiempo como frontera
Al tratarse de su primer libro publicado, Acosta atraviesa una etapa marcada por expectativas y emociones nuevas.
“Son muchas emociones lindas y desconocidas. Me imagino que todos los que publicaron por primera vez coinciden en esto: es una mezcla de nervios, ansiedad y expectativas. Pero son sensaciones muy positivas”, expresó.
En su ópera prima, la autora propone una pregunta sobre la manera en que se concibe el tiempo. La novela no lo presenta sólo como una medida de reloj o calendario, sino como una dimensión abierta, múltiple y posible de ser explorada desde otros sentidos.
“Desde el aspecto metafísico, la novela apunta a una visión no lineal del tiempo. No aborda el tiempo como lo conocemos, como algo mensurable que podemos ver en un reloj o en un calendario. Apunta al tiempo en su multidireccionalidad. ¿Por qué concebimos el tiempo como una secuencia progresiva, como algo que avanza? ¿Por qué no puede existir también un tiempo regresivo? La novela cruza la frontera del tiempo tal como lo concebimos. Me gustaría dejar en el lector el mensaje de que es posible pensar otras posibilidades para explorar el tiempo”, concluyó Acosta.







