POESÍA
DESDE MI BARRIO
CELIA CATURELLI
(Huesos de Jibia - Buenos Aires)
El poemario que la poeta y artista plástica Celia Caturelli (Córdoba, Argentina, 1953) tituló Desde mi barrio, me lo entregó ella en el barrio madrileño de la Plaza Mayor, en 2023. Desde esta otra orilla, Buenos Aires, me dispongo a entrar en ese barrio de Berlín, circundado por una Plaza, que la poesía se encarga de habitar en pleno siglo XXI y donde Celia Caturelli vive desde hace muchos años.
Un yo poético autobiográfico dialoga así con un prójimo diferente: inmigrantes de lejanas tierras: árabes y sirios, turcos, polacos y rumanos que habitan el barrio despojados de sus raíces de modo forzoso: guerras, pobreza, obligándolos a vivir separados de la lengua que los aloja. Desde ese espacio y desde esa tensión del lenguaje el yo poético alberga y expresa a un Yo y un Tú en fraterna cuerda. Este mirar al otro, el diferente, y enunciarlo en su fragilidad sin idealizaciones, nos habla de un gesto ético que la poesía vuelve visible desde el poema en su doble dirección: ética y estética y desde el diálogo con nosotros, los lectores, que somos también los otros, ellos.
La voz poética va hilvanando un diálogo y también un monólogo interior entre el yo y su amigo inmigrante: el sastre turco de Anatolia, que habita la misma periferia de ese barrio de Berlín. La extraña amistad, tensada por la distancia de las lenguas – amigo freund arkadas—, constituye la escena central de este diálogo entre un artesano y una artista. La tiza con la que el sastre marca, dibuja y delinea sobre las telas va uniendo las meditaciones, los interrogantes del yo que enuncia entre el corazón y la razón. De esta escena entre claros y oscuros, surgen la unidad y el sentido narrativo del libro.
El sintagma La Tiza, que abre y cierra el poemario, adquiere una especial connotación que disemina sentido: Con la tiza entre los dedos él dibuja líneas/que pueden ser paisajes o la nieve que cae. Así comienza el poema que le abre paso a la incertidumbre del hombre que dibuja y que interpela al yo poético en un somos que nos participa:… somos este hombre que en la oscuridad deambula/trazando líneas de tiza blanca despacio paso a paso. La Tiza que ha trazado la duda de Descartes en su pizarrón de geómetra, fuera de su tierra (en Alemania, en Suecia, en invierno), es la Tiza del sastre que marca dobladillos con precisión de artesano y la Tiza que destella en los interrogantes del yo ante la desolación: Qué hacer entonces/si solamente un algo somos/ que camina y tambalea en la oscuridad// preguntaba// […]//.
La Tiza del último poema despierta interrogantes de eco cartesiano que interpelan al yo autobiográfico: ¿puedo ser yo algo más de lo que pienso?/ preguntaba/… con asociaciones poéticas: La Tiza áspera dibuja una esfera un triángulo/marcando puntos asteriscos remolinos/uniendo trazos amarrando hilos/en una trama indescifrable. Así la Tiza de Descartes es también la tiza de su amigo el sastre mientras dibuja en sus telas la poiesis de un diálogo que nos reúne.
El poemario se cierra con una pregunta: ¿Por qué no ser entonces solamente tiza? Pregunta que los lectores podemos hacernos al unísono, acompañados por la tiza del artesano y la de la poesía, que dibujan un Religare donde la caridad fraterna nos hospeda.
Lucrecia Romera
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