¿Por qué cada vez más jubilados siguen trabajando?

En los últimos tiempos comenzaron a multiplicarse las noticias e informes sobre la creciente cantidad de jubilados que continúan trabajando luego de haber obtenido su beneficio previsional.

En general, el análisis suele centrarse únicamente en si esas personas realizan aportes o no, si trabajan en relación de dependencia, como independientes o incluso si desarrollan actividades informales.

Sin embargo, el fenómeno merece una mirada mucho más profunda.

La realidad es que detrás de esta situación conviven al menos dos grandes factores sociales, económicos y humanos que están modificando por completo la forma en que entendemos la etapa jubilatoria.

Por un lado, existe un cambio positivo e indiscutible: el avance de la medicina, la mejora en la calidad de vida y el aumento sostenido de la expectativa de vida.

Hoy las personas llegan a la edad jubilatoria en mejores condiciones físicas, intelectuales y emocionales que hace 30 o 40 años.

Muchos hombres y mujeres de 60, 65 o incluso 70 años continúan plenamente activos, con proyectos, capacidad laboral, experiencia y deseo de seguir desarrollándose.

Y esto, lejos de ser negativo, resulta sumamente valioso.

Mantenerse activo suele impactar favorablemente en la salud física y mental, en la autoestima, en la socialización, en la autonomía física y financiera en este caso.

La jubilación ya no necesariamente representa “retiro” en el sentido tradicional. Para muchas personas significa simplemente una nueva etapa de vida, con otras dinámicas y posibilidades.

Pero junto a esta realidad aparece también la otra cara del problema: la económica.

Porque más allá de la voluntad o del deseo de continuar activos, lo cierto es que en la enorme mayoría de los casos la jubilación como ingreso único resulta insuficiente.

Y esto afecta tanto a quienes perciben haberes mínimos como, también, a quienes cobran jubilaciones medias o incluso máximas.

La pérdida del poder adquisitivo, el incremento del costo de vida, los gastos médicos, los medicamentos, los servicios y la necesidad de sostener un nivel de vida similar al de la etapa activa hacen que muchísimos jubilados necesiten continuar generando ingresos.

Por eso, cuando observamos a una persona jubilada que sigue trabajando, no siempre estamos frente a alguien que “no quiere dejar de trabajar”.

Muchas veces estamos frente a alguien que necesita hacerlo para sostener su economía personal y familiar.

Y probablemente la verdadera explicación sea una combinación de ambas cosas: más años de vida activa y, al mismo tiempo, una jubilación insuficiente como único sostén económico.

Este escenario nos obliga también a replantearnos cómo pensamos el futuro.

Durante décadas se instaló la idea de que la jubilación estatal sería suficiente para cubrir las necesidades de la etapa pasiva. Pero la realidad actual demuestra que eso, en la mayoría de los casos, ya no sucede. La nueva longevidad exige una nueva planificación.

Y allí aparece la importancia de generar alternativas complementarias durante la etapa activa: ahorro, seguros de retiro, inversiones, educación financiera y estrategias previsionales adecuadas.

La jubilación ya no comienza a los 65 años, sino que comienza cuando ingresamos a nuestro primer empleo, ahí ya estamos planificando la jubilación; el punto es entender que ese aporte, como único aporte para el futuro será insuficiente, lo vemos hoy con nuestros jubilados.

Las oportunidades que tienen los jóvenes hoy, no la tuvieron los jubilados actuales; es decir comenzar a planificar y ahorrar a temprana edad, no sólo les da la posibilidad de ahorrar un monto menor, sino que además tendrán mucho tiempo para ello.

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