¡Adiós Garibaldi!

¡Adiós Garibaldi!

Tuco y Tico estaban sentados en el café con aspecto desencajado, meneando la cabeza, seguros de que Discépolo no habría tratado tan mal al siglo XX si hubiera conocido el XXI.

El mozo tomó aire sabiendo que se venía la perorata.

-¿Eh, qué les pasa, muchachos? Tienen la cara hasta el piso.

Tuco tiró sobre la mesa una bolsita con adaptadores, fichas, cargadores, prolongadores mínimos y un objeto blanco de función dudosa que parecía comprado bajo amenaza. Lo hizo como quien descarga pruebas ante un tribunal.

-Charly querido… Mirá esto. Fui a Chile y comprendí que los humanos no nos podemos poner de acuerdo ni siquiera en las patitas de los enchufes. Esto es Babel. Yo llevé cargador, afeitadora, computadora… y no entraba nada. En Tucumán tenemos los dos puntitos, las patas redondas, las tomas viejas o las de tres. Allá me encontré con el Bazar Chino: dos patas derechas finitas y paralelas, después las gruesas, las de tres patas irregulares, las que entraban a medias, las que parecían compatibles pero no. Una humillación internacional.

-Cada enchufe se cree universal hasta que viaja, mi amigo -dijo Tico-.

-El que viajó fui yo, no el enchufe.

Antes de que el asunto se pusiera más tenso, el mozo se dirigió a Tico.

-¿Y a vos qué te pasó que tenés cara de perro regalado viejo?

-La nueva ducha, Charly… Me sometí a un procedimiento hidráulico.

Tico contó que había pasado la noche en su departamento recién alquilado, ofrecido como “moderno” (palabra que ya debería figurar entre las formas menores de peligro). Todo estaba limpio, blanco, funcional. La cama era cómoda, las luces se encendían con suavidad casi japonesa, la cocina parecía diseñada por alguien que jamás había fritado una milanesa. Pero el baño...

-La ducha no tenía dos canillas, una para el agua fría y otra para la caliente, como en los tiempos en que la humanidad todavía conservaba cierta dignidad. Tenía una sola paleta cromada, una especie de lengua metálica que se movía para los costados, se alejaba y se acercaba. Si la corría a la izquierda, salía hirviendo. Si la corría a la derecha, me mandaba a las alturas heladas del Pabellón. Si la empujaba, se cortaba. Si la tiraba, salía un chorro artero por detrás.

-¡Ni Von Braun se puede bañar así! -aportó Tuco-.

-Antes uno se bañaba -dijo Tico-. Ahora configura el agua. Antes había una canilla. Ahora es una hipótesis diaria que te contesta cuando estás desnudo y vulnerable. ¡Ese chorrito, Charly, no sabés la fuerza y el miedo que tengo de volver…ahí!

-Bueno, bueno… ¿qué van a tomar? -cortó el mozo, aprovechando para burlarse de los dos amargados-. ¿Macchiato o Frappuccino? ¿Croissant con pistacho?

Tico lo miró fijo y le contestó sin levantar la voz:

-Mirá, decile al pelado ese que se hace el dueño que si agarro esa carta nueva que hizo, la rompo y en un afiche pongo: café, cortado, tortilla y medialuna. Los viernes, tostado de jamón y queso. Dos tapas. ¡Y adiós Garibaldi!

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