En un mercado inmobiliario cada vez más desafiante, comienza a ganar terreno en Tucumán una estrategia que ya es tendencia en otros países: el flipping. Se trata de comprar una propiedad usada -generalmente deteriorada-, renovarla en un plazo relativamente corto y venderla. Esta práctica empieza a despertar interés, especialmente en zonas con alto valor potencial como Yerba Buena y, en particular, su tradicional Casco Viejo. Allí abundan inmuebles que, pese a su ubicación privilegiada, muestran signos de abandono. Son casas con valor arquitectónico y simbólico que, por distintos motivos, quedaron fuera del circuito activo.
El fenómeno no es casual. Según explica Virgilio Raiden, experto en flipping inmobiliario, muchas de estas viviendas fueron adquiridas por familias en momentos de mayor estabilidad económica, cuando atravesaban etapas de máxima productividad. Con el paso del tiempo, esos ingresos comenzaron a reducirse -por jubilación u otros factores- y sostener el mantenimiento dejó de ser posible. “La casa empieza a deteriorarse de a poco. Y no es solo una cuestión estética: también impacta en la calidad de vida”, explica Raiden.
A esta situación se suma otra dificultad frecuente en Argentina: la falta de acceso al crédito para refacciones. “Para poner en condiciones una casa, muchas veces hay que invertir entre U$S 20.000 y U$S 30.000. La mayoría de la gente no tiene ese dinero disponible y no existen líneas de financiamiento accesibles”, señala. También remarca un componente cultural relacionado con la falta de mantenimiento preventivo. “El deterioro se acumula hasta que es muy difícil revertirlo”, agrega.
Oportunidades
En este contexto, el flipping aparece como una alternativa con alto potencial. “No solo genera rentabilidad, sino que contribuye a reconstruir las ciudades”, sostiene Raiden. Cada propiedad recuperada tiene un efecto directo en su entorno: mejora la estética del barrio, atrae nuevos habitantes y genera un proceso de revalorización. Además, desde el punto de vista ambiental, reciclar viviendas resulta más sustentable que construir desde cero, ya que permite aprovechar estructuras existentes y reducir materiales.
Si bien Yerba Buena aparece como uno de los puntos más atractivos, no es el único. Raiden identifica oportunidades dentro de las cuatro avenidas en San Miguel, en barrios tradicionales como Barrio Norte y Barrio Sur y en distintos corredores urbanos hacia el norte. “El principio del flipping es claro: hay que comprar la casa más fea de un barrio lindo, no una casa fea en un barrio feo. La ubicación es lo que garantiza después la salida del producto”, afirma.
Remodelar y transformar
En Tucumán, quienes más se están acercando a este modelo son arquitectos y corredores inmobiliarios. “El arquitecto empieza a ver que también puede participar del negocio. Y el corredor inmobiliario sabe identificar propiedades que nadie quiere, pero que en realidad son oportunidades”, explica Raiden.
Además de viviendas, el modelo también abre posibilidades de refuncionalización, especialmente en zonas con crecimiento comercial y turístico, donde antiguas casonas pueden transformarse en locales gastronómicos, centros comerciales o pequeños hoteles.
A pesar de sus ventajas, Raiden advierte que el flipping requiere planificación y conocimiento del mercado. “Mucha gente cree que es fácil: comprar, remodelar y vender. Pero sin método, el entusiasmo puede jugar en contra”, remarca. Incluso las propiedades en peor estado pueden convertirse en las más rentables. “Nosotros decimos que cuando entrás a una casa y te querés ir por el olor, ahí hay oportunidad. Ese ‘olor’ es rentabilidad, porque cuanto mayor es la transformación, mayor es el valor que podés generar”, grafica.
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