
Carlos Duguech
Analista internacional
¿Es posible hablar de “trampas” en los tratados sobre armas nucleares? En los tiempos que sucedieron al finalizar la Segunda Guerra Mundial (IIGM) y a la vista la Carta de Naciones Unidas, nacida de la Conferencia de San Francisco con el objetivo de la organización internacional, bien se puede afirmar: que de los propósitos encumbrados de los 50 países que participaron quedaron muchos de ellos en el camino. Mejor expresado, “cayeron en un pozo sin fondo”.
Surgen, llanamente, una pregunta cuasi humilde pero, en rigor, de una vitalidad desafiante. ¿Por qué después de Hiroshima y Nagasaki hay nueve estados con capacidad de multiplicar efectos 1.000 veces más perversos que el sufrieron esas ciudades mártires? ¿Por qué?
EL TNP (aunque diferenciado del TNT, trinitrotolueno, compuesto químico explosivo de gran poder, pero terminó pareciéndose) es la sigla que representa el Tratado de No Proliferación Nuclear. Un cuerpo de acuerdos internacionales vigente para los 190 países firmantes, desde el 05/03/70. Quienes no lo hicieron fueron Pakistán, Israel, India y Sudán del Sur. Sin embargo Corea del Norte, pese a firmarlo, se retiró el 10/01/03.
Analizada la sigla, preocupa lo de “no proliferación”. Implica, obviamente, que existen armas nucleares y que a partir del tratado ya no habrá más de esos artefactos bélicos de los que ya existen. No proliferarán.
Argentina, que cuestionó aspectos del tratado, se abstuvo en la votación en la Asamblea General de la ONU (1968) a la vez que el diplomático argentino José María Ruda consagraba una frase que, en su brevedad y concisión, plasmaba una realidad fáctica evidente: “El desarme de los desarmados”. Era una instantánea honesta del núcleo del famoso TNP. Finalmente, luego de controversias y aconsejamientos, nuestro país lo firmó el 10/02/95. Es decir, 37 años después.
Palabra trampa
El haber utilizado la palabra proliferación en el tratado TNP llevaba implícita (demasiado evidente, por otra parte) la intención de los cinco países (y oh, coincidencia, los del Consejo de Seguridad de la ONU, miembros permanentes, desde hace 80 años y con derecho natural a voto y especial a veto) de mantenerse al margen. Claro que con aquellas canonjías exclusivas y cuasi permanentes. Únicamente para el “quinteto” nuclear.
Vale precisar, elementalmente: el TNP es un tratado para la “no proliferación”, para que nadie más -“aparte de los cinco”- pueda acceder a las armas nucleares. Claro que en el TNP hay un artículo, el VI, pocas veces citado. Casi disimulado, que expresa: “Cada Parte en el Tratado se compromete a proseguir negociaciones de buena fe sobre medidas eficaces relativas a la cesación de la carrera de armamentos nucleares en fecha cercana y al desarme nuclear, y sobre un tratado de desarme general y completo bajo estricto y eficaz control internacional (subrayado, para esta columna). Ni la “cesación de la carrera…”, ni “en fecha cercana” ni el “desarme nuclear” adquirieron corporeidad de acto realizado tras nada menos que 56 años desde que esos compromisos fueron plasmados en el texto del TNP. En ese período de más de medio siglo el TNP fue puntillosamente incumplido en lo esencial, evidenciado en esos tres aspectos subrayados más arriba. Como si no estuviesen escritos en el texto que solemnemente suscribieron y ratificaron nada menos que 190 países. Casi todo, menos lo insubstancial y meramente descriptivo en el texto del TNP devino, en los hechos –insistimos, tras 56 años- en el españolísimo “papel mojado”. No sólo que lo de la proliferación fue una aspiración absolutamente incumplido sino que el “Tratado”, inoperatividad en ristre, complacía como una bendición no sacra a quienes lo suscribieron con un grado de “inocencia operativa” y de un mítico “por las dudas” o el remanido “peor es nada”, filosofía de vida de los contaminados de pereza.
Inequitativo, injusto
El TNP es inequitativo e injusto, desde el punto de vista del valor justicia. Y se demostró, en carne viva, en el planeta. Hubo una continuada proliferación entre los que ya tenían el arma nuclear y entre quienes se asomaron a ese club antihumanitario de muerte y destrucción teñidas de absolutismo, sin medias tintas a la hora de arriar todas las banderas de la civilización. Es que ya no es necesario explicar ni a los escolares o a las personas que ejercen en los puestos de los múltiples resortes de los gobiernos de los países del globo que las armas nucleares son, otra vez, “hiro-saki”, pero por 100.000.
Resultado de la fórmula algebraica del TNP: PN (Países nucleares +TNP+PNN (Países no nucleares)=PN (más poder)
¿Medio Oriente nuclear?
En estos tiempos de Irán-Israel-EE.UU y el Medio Oriente global, la cuestión nuclear es parte del nutrido repertorio de hechos e ideas que se utilizan a piacere conforme las necesidades estratégicas del caso y del interés -no disimulado del todo- de las partes que se involucran. Y éstas, que lo fueran abiertamente o tras bambalinas.
El fracaso por décadas del intento de la ONU, y particularmente de Egipto, de creación de una ZLAN (Zona Libre de Armas Nucleares) en Medio Oriente tiene responsables operadores en contra cada vez que fue planteado. Fueron intentos reiterados de reactivación del asunto tan estratégicamente necesario que se dieron contra una pared con ladrillos manufacturados, a su tiempo, estadounidenses o israelíes, alternativa o conjuntamente. Lo más notorio aunque sospechable respecto de sus razones, la reticencia activa de Israel a la creación de una ZLAN en M.O. Es irrazonable, desde una plataforma rigurosa de la cuestión desarme nuclear la empecinada oposición israelí.
Para vergüenza argentina
En noviembre de 2024 Argentina e Israel, los únicos dos países que votaron en contra de la iniciativa de Egipto por una ZLAN en M.O. Junto a tres abstenciones (Armenia, República Centroafricana y Fiji). Un vuelco de 180° en la tradicional posición argentina. Una vergonzosa e ilegítima actitud internacional de nuestro país. Vale decir que Argentina sostiene aquello de la “operatividad del sistema de disuasión nuclear”. Se alejó de la Argentina del Tratado de Tlatelolco (proscripción de armas nucleares). Echó por tierra toda una tradición pacifista, el presidente Milei. Mientras, el diplomático argentino director de OIEA Rafael Rossi, el mejor candidato a secretario general de ONU, se empeña- en sentido inverso- en lograr la ZLAN en el M.O.
¿Cómo es entonces lícito bombardear a Irán por pretender, según Israel, poseer armas nucleares? ¿Y la férrea oposición de Israel a que se instale la ZLAN en el M.O.? Un contrasentido absoluto (y grotesco) que define con trazos gruesos de crimen de agresión los bombardeos que ordena Netanyahu.
Para el cierre: nadie más necesario para secretario general de ONU que nuestro diplomático Grossi. Sobre los riesgos nucleares, el más capacitado y experimentado en el mundo. Y para las cuestiones de Europa, EE.UU. e Israel en guerra, nada más apropiado que el “No a la guerra” activo de Pedro Sánchez, el líder en la UE desde España.








