A FULL. Yllana vive los partidos pegado a la raya y no deja de dar indicaciones en ningún momento. LA GACETA / Osvaldo Ripoll
Resumen para apurados
- San Martín de Tucumán venció 2-0 a Güemes en Santiago del Estero por la Primera Nacional, gracias a un planteo táctico flexible diseñado por su entrenador Andrés Yllana.
- El equipo utilizó esquemas versátiles que mutaron de una defensa de cinco a un ataque directo. Los goles de Diellos y Ferreyra sellaron un triunfo basado en la adaptación constante.
- Esta victoria consolida al 'Santo' en los puestos de vanguardia de la Zona B. El éxito del modelo táctico de Yllana marca un precedente moderno para el futuro del club en el torneo.
En el fútbol, la frase “equipo que gana no se toca” suele repetirse prácticamente como un dogma. Sin embargo, Andrés Yllana no parece tenerlo como uno de sus pilares. El entrenador “santo” propone otra mirada; más flexible, más analítica y, sobre todo, más moderna. La victoria de San Martín por 2 a 0 frente a Güemes en el Madre de Ciudades no sólo significó tres puntos valiosos en la lucha por los primeros puestos de la zona B de la Primera Nacional, sino también fue la confirmación de una idea. Yllana no se casa con un “11 de memoria”, sino con un plan. Y esta vez, el plan le dio la razón.
El “Santo” presentó un esquema versátil, capaz de adaptarse a cada momento del partido. En la pizarra inicial se dibujó un 3-5-2, que mutaba según las necesidades del juego. Cuando el “Gaucho” atacaba, el equipo se replegaba en un 5-3-2 compacto y solidario; cuando recuperaba la pelota, se transformaba en un audaz 3-4-3, con vocación ofensiva y transiciones rápidas. Ese dinamismo táctico desactivó las intenciones del conjunto santiagueño y dejó en evidencia la lectura estratégica de Yllana.
El punto de partida fue defensivo. San Martín construyó un verdadero embudo para neutralizar a Güemes. La clave estuvo en el trabajo de Santiago Briñone, quien se incrustaba en la última línea para acompañar a una defensa de cinco hombres. Con los carriles cerrados y sin espacios para triangular, el local se vio obligado a recurrir al pelotazo como única alternativa. De esa manera, el “Santo” desactivó los circuitos de juego y trasladó la disputa a un terreno incómodo para su rival.
Es cierto que los primeros minutos mostraron a un San Martín algo dubitativo. Güemes manejó la pelota y buscó imponer condiciones empujado por su gente. Sin embargo, ese dominio fue apenas un espejismo. Con el correr del partido, el “Santo” se acomodó, ajustó las marcas y comenzó a imponer su libreto. A partir de entonces, el contragolpe se transformó en su arma principal: recuperación, pase vertical y ataque directo.
Así llegó la apertura del marcador. Diego Diellos captó una distracción, se animó desde lejos y sorprendió con un remate que contó con la complicidad de la floja reacción de Leandro Finochietto. Fue una avivada, un gesto de oportunismo que sintetizó la propuesta de San Martín: inteligencia, decisión y precisión.
El gol reforzó la confianza y consolidó la estrategia. Desde ese momento, el “Santo” manejó los tiempos y encontró espacios para lastimar. En una jugada similar nació el penal que el propio Diellos no pudo convertir, pero que dejó en evidencia las dificultades defensivas del local ante la velocidad de las transiciones de San Martín.
El segundo tanto, obra de Luciano Ferreyra, llegó tras una acción colectiva que reflejó el crecimiento del equipo. Hubo circulación, coordinación y claridad para definir. Fue el cierre lógico de una actuación sólida, que incluso pudo haber terminado en goleada si el “Santo” hubiera estado más preciso en los metros finales.
La inteligencia táctica es una herramienta crucial en el fútbol moderno
Más allá del resultado, la victoria dejó una enseñanza. Yllana no cree en las fórmulas rígidas, sino en la adaptación constante. Su equipo interpreta los contextos, ajusta sus formas y responde a las exigencias del rival. En tiempos en los que muchos reclaman formaciones inalterables, apuesta por la inteligencia táctica y la flexibilidad estratégica.
En Santiago del Estero, esa convicción encontró su mejor argumento. San Martín fue un equipo ordenado, solidario y letal en los momentos justos. Supo resistir cuando fue necesario y atacar con decisión cuando tuvo la oportunidad. Y, sobre todo, demostró que en el fútbol moderno no siempre gana el que repite, sino el que mejor se adapta.
De esa manera, el “Santo” sumó algo más que tres puntos. Además dejó la certeza de que la memoria es importante, pero la lectura del juego, cuando se ejecuta con precisión, puede ser mucho más decisiva.








