SUEÑOS SIN FILTRO. Niños tucumanos cuentan qué quieren ser cuando sean grandes. / LA GACETA
Resumen de nota
- Niños en Tucumán revelaron sus aspiraciones laborales a LA GACETA, oscilando entre profesiones tradicionales y nuevas tendencias digitales en el cierre de un informe educativo.
- El relevamiento muestra que persisten roles clásicos como medicina y seguridad, pero irrumpen intereses en programación y creación de contenido en un contexto de avance tecnológico.
- El análisis destaca la tensión futura entre la vocación infantil y las exigencias de un mercado laboral incierto, subrayando la importancia de garantizar igualdad de oportunidades.
Mientras el mundo laboral cambia, la inteligencia artificial avanza y las carreras se redefinen, todavía resiste la imaginación de los chicos. En el cierre de la serie “Qué conviene estudiar hoy: entre la vocación y un mercado laboral que se transforma”, LA GACETA salió a la calle a hacer una pregunta simple pero poderosa: ¿qué quieren ser cuando sean grandes?
Entre los varones se repiten profesiones como policía o militar, mientras que entre las niñas predominan roles vinculados a la salud, la educación y el arte. Sin embargo, también aparecen opciones nuevas o menos tradicionales, como la programación o la creación de contenido.
Milagros (10) quiere ser abogada. Magalí (6), veterinaria. Ana (9) y Dante (6), médicos. Olivia (10), cantante. Cande (8), profesora de ballet.
También aparecen sueños más diversos: Santino (5) quiere ser capitán de barco; Joaquín (9), mangaka (autor de mangas o historietas japonesas); Felipe (9), militar, animador de fiestas o programador; y Geraldine (10), profesora de francés.
Lo que cambia… y lo que no
A lo largo de esta serie, estudiantes universitarios hablaron del miedo a no conseguir trabajo, especialistas señalaron la necesidad de adaptarse constantemente y referentes de la industria remarcaron que las habilidades cambian más rápido que los planes de estudio.
Pero en la infancia, esa tensión todavía no aparece con fuerza. Nadie habla de salarios, ni de empleabilidad, ni de inteligencia artificial. Las elecciones están guiadas por lo que gusta, lo que se ve cerca en la familia o lo que se admira.
Sin embargo, hay indicios de cambio: que un niño nombre la programación o que quiera ser mangaka muestra que el mundo digital ya forma parte del horizonte de posibilidades.
El desafío: que el futuro no apague el deseo
La pregunta, entonces, no es solo qué van a estudiar esos chicos dentro de diez años, sino qué condiciones van a encontrar para sostener —o transformar— esos sueños.
En una provincia atravesada por desigualdades, con acceso dispar a la educación y a las nuevas tecnologías, no todos parten del mismo lugar. Y eso también define el futuro.
La serie dejó en claro que hoy elegir una carrera es moverse entre dos fuerzas: la vocación y la necesidad.
Los chicos, en cambio, todavía eligen sin esa presión.
El desafío —para las familias, las escuelas y el Estado— es que, cuando llegue el momento de decidir, no tengan que abandonar lo que sueñan para poder sobrevivir.








