PAZ. Durante el Domingo de Ramos, León XIV llamó a poner fin a los conflictos armados en todo el mundo. Foto: Aleteia.

Resumen de nota
- El Papa León XIV encabeza su primera Semana Santa en el Vaticano, marcando el fin de la era de Francisco con un mensaje global por la paz y el cese de los conflictos armados.
- Tras una década de Francisco, el nuevo pontífice retorna a ritos tradicionales y centraliza la liturgia en la Basílica, alejándose de los gestos territoriales en centros externos.
- Este giro institucional sugiere un papado enfocado en la doctrina y la diplomacia formal. El impacto del mensaje pascual definirá el inicio del liderazgo de León XIV en la Iglesia.
Por primera vez en más de una década, la Semana Santa en el Vaticano se celebra sin la figura de Papa Francisco como protagonista. En su lugar, todas las miradas se posan sobre León XIV, quien transita estos días centrales del calendario litúrgico con el desafío de sostener una tradición milenaria y, al mismo tiempo, empezar a imprimir su propia identidad.
No es una tarea menor, ya que la Semana Santa no solo es el corazón de la fe católica; también es un escenario de alto valor simbólico, donde cada gesto, cada palabra y cada ausencia adquieren una dimensión política, espiritual y cultural.
Un inicio con tono global
El primer indicio del perfil de León XIV apareció en el Domingo de Ramos, cuando ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro eligió un mensaje que trascendió lo estrictamente religioso.
“Depongan las armas, recuerden que son hermanos”, pidió, en una frase que rápidamente resonó más allá de los muros del Vaticano.
No fue una homilía abstracta. Fue una intervención directa en un mundo atravesado por conflictos armados, migraciones forzadas y tensiones geopolíticas. En línea con esa mirada, también pidió oraciones por los cristianos perseguidos en Medio Oriente y por los migrantes que mueren mientras intentan cruzar fronteras.
Así, desde el inicio, dejó en claro que su pontificado no se desentiende de la realidad global, aunque parece abordarla más desde la palabra institucional.
La liturgia como eje
Si algo caracteriza esta primera Semana Santa es la decisión de reforzar la centralidad del rito.
El cronograma no presenta cambios: la misa del Domingo de Ramos, la Cena del Señor el Jueves Santo, la celebración de la Pasión el Viernes, la Vigilia Pascual el sábado por la noche y la misa de Resurrección con la bendición “Urbi et Orbi” el domingo.
Aunque de todas formas, en los detalles aparece el giro.
El Jueves Santo, por ejemplo, uno de los momentos más observados, marcará una diferencia significativa. Mientras que durante su pontificado Francisco llevó el lavatorio de los pies a cárceles, hospitales y centros de refugiados -en un gesto que intentaba visibilizar las periferias-, León XIV optó por realizar este ritual dentro de la basílica de San Juan de Letrán, sede episcopal de Roma.
Así el rito permanece pero el contexto cambia. Y en esa modificación se insinúa el regreso a una liturgia más contenida, más clásica, menos atravesada por la intervención territorial del Papa.
El Viernes Santo
El Viernes Santo, con su carga simbólica de dolor y muerte, ofreció otra clave de lectura.
La celebración de la Pasión y el tradicional Vía Crucis en el Coliseo se mantendrán como puntos centrales. Sin embargo, se espera que el tono general sea más sobrio, y con una puesta en escena menos atravesada por intervenciones personales del pontífice.
En este contexto, las palabras del Evangelio resuenan con una fuerza particular: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Evangelio según San Lucas 23,46).
Es una frase que, en esta Semana Santa, parece extenderse más allá del relato bíblico debido a que habla también de una Iglesia que transita un momento de transición, de entrega y de redefinición.
El Sábado Santo, tradicionalmente marcado por la espera, adquiere un significado especial en este contexto. Es el único día del año litúrgico en el que no hay celebraciones hasta la noche. Todo queda suspendido.
Y este vacío, esa pausa, funcionaría como una metáfora potente de este momento eclesial; entre un pontificado que dejó huella y otro que comienza a delinearse.
Por la noche, la Vigilia Pascual de las 21 en Roma, romperá esa quietud con el encendido del fuego nuevo, en una de las ceremonias más antiguas y significativas del cristianismo.
La Pascua y el mensaje final
El Domingo de Pascua, la celebración de la Resurrección, ofrecerá el cierre del recorrido. La bendición “Urbi et Orbi” se convierte en el mensaje más esperado, no solo por los fieles, sino también por el escenario internacional.
Así la primera Misa de Pascua del Papa León XIV será el domingo a las 10:15 (hora de Roma) en la Plaza de San Pedro. El evento incluirá la solemne Eucaristía de Resurrección y culminará al mediodía con la bendición Urbi et Orbi desde la Logia Central de la Basílica.
Aún es temprano para definir el perfil completo de Papa León XIV, pero esta primera Semana Santa dejará señales claras que en principio pueden verse en una reafirmación de la liturgia como espacio central; un discurso firme en temas globales, especialmente en torno a la paz. Y, sobre todo, una manera distinta de habitar el rol papal con algo menos gestual, más institucional.







