El punto en Puerto Madryn es una advertencia para San Martín

El "Santo" pegó primero, pero cayó en una meseta; regaló el empate y nunca pudo recuperar el control.

LUCHA AÉREA. Laureano Rodríguez intenta rechazar un balón ante la carga del volante Nicolás Barrientos. LUCHA AÉREA. Laureano Rodríguez intenta rechazar un balón ante la carga del volante Nicolás Barrientos. Prensa SM
Bruno Farano
Por Bruno Farano Hace 2 Hs

El 1-1 que San Martín recogió de su visita a Deportivo Madryn termina siendo un premio mayúsculo para el “Santo”. No porque el “Aurinegro” lo haya superado ampliamente en el juego, pero sí porque los dirigidos por Andrés Yllana mostraron durante un puñado de minutos aquello que pretenden ser, pero en el resto del partido exhibieron desorden, menos control, y una preocupante falta de continuidad en el juego.

San Martín pegó de entrada gracias a una jugada colectiva que sintetizó una idea clara. Kevin López conectó con Nicolás Castro, este aceleró hacia Matías García y la pelota terminó en Diego Diellos, de frente al arco. Gol sin titubeos. Fue la foto de lo que el “Santo” puede ser cuando se asocia, cuando encuentra ritmo y cuando sus intérpretes hablan el mismo idioma dentro del campo de juego.

Sin embargo, el problema es que el fútbol no se juega en un sólo pasaje. Para ganar (en cualquier categoría, pero sobre todo en la difícil Primera Nacional) no alcanza con una buena jugada en 90 minutos.

Y después de ese gol, el “Santo” entró en una meseta que le quitó profundidad y le devolvió vida a un rival que parecía haber quedado tocado tras el 1-0. Madryn no creció desde el talento, sino desde la insistencia; de la voluntad para ir, empujar y forzar el error rival.

Para colmo, cuando el partido pedía control, llegó el error. Descoordinación entre Ezequiel Parnisari y Darío Sand, el famoso “vas vos, voy yo” y la pelota el quedó servida para Mauricio Cuero anotara el empate.

En ese instante, a San Martín no sólo se le escapó la cima de la zona B. También perdió la tranquilidad y el control del juego.

Hasta acá, la posesión había sido una de sus virtudes más visibles en la temporada. Un equipo que sabía administrar la pelota para dominar los tiempos. En Puerto Madryn, en cambio, la perdió y con ella se le escapó el partido. Cada recuperación fue más lejos del arco rival y cada avance se volvió forzado.

El complemento fue la confirmación de todo eso. San Martín se replegó más de la cuenta y empezó a jugar el partido que le convenía al dueño de casa. Centros cruzados, segundas pelotas y una sensación constante de que el empate podía romperse en cualquier momento. El “Aurinegro” fue más empuje que claridad, pero le alcanzó para incomodar a un rival que nunca recuperó el pulso.

Los cambios tampoco ofrecieron respuestas. No hubo desde el banco una modificación que alterara la dinámica del duelo. Ni más posesión, ni más profundidad, ni tampoco sorpresa. Apenas una jugada aislada; la de Facundo Pons, tras una muy buena acción de Luca Arfaras. Fue clara, sí, pero demasiado poco para aspirar a volverse con algo más que un punto.

Yllana debe tomar nota de las falencias que exhibió el "Santo"

El empate deja una enseñanza evidente. Si San Martín quiere ser protagonista, necesita sostener lo bueno durante más tiempo y reducir al mínimo sus errores. El gol inicial mostró el camino; el resto del partido expuso las falencias. Y en una categoría tan pareja, la regularidad es una obligación.

No alcanza con insinuar, para ser protagnista hay que construir, sostener y cerrar los partidos. De lo contrario, cada avance se convierte en retroceso y cada punto termina sabiendo a poco. En Madryn, el “Santo” dejó escapar dos unidades y la oportunidad de afirmarse desde el juego.

Y San Martín parece tener con qué hacerlo. Tiene nombres y tiene una idea que ya dio señales positivas, pero necesita convencerse de que el partido no termina cuando convierte, sino cuando logra imponer su lógica durante todo el desarrollo.

Este empate no es una derrota, pero sí una advertencia de cara a lo que se viene. El “Santo”_deberá elegir si quiere ser un equipo de ráfagas o uno de dominio, y la diferencia entre esas dos postales son la que separa a los que compiten de los que logran cosas importantes.

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