Bush se propone terminar con los manejos turbios de las empresas

El presidente de EE.UU. intenta frenar el alud de escándalos contables que azota al mundo de los negocios en su país. Un pedido de doble castigo para ciertos delitos.

EN NUEVA YORK. Bush trata de restaurar la confianza de inversores aterrados por la ola de fraudes.
EN NUEVA YORK. Bush trata de restaurar la confianza de inversores aterrados por la ola de fraudes.
10 Julio 2002
NUEVA YORK.- El presidente George W. Bush prometió que perseguirá con más fuerza y castigará con mayor severidad a los empresarios que cometan delitos, en un intento por tratar de restablecer la confianza de los inversores, quebrada por una serie de grandes escándalos corporativos. Incluso pidió que se dupliquen las penas de prisión contra algunos tipos de fraude, para llevarlas a un máximo de 10 años.
"Pondremos fin a la era del trucaje de las cuentas, del maquillaje de la verdad y de los incumplimientos de la ley", declaró ante un grupo de empresarios a pocos metros de la Bolsa de Nueva York, la primera plaza financiera mundial.Para frenar la avalancha de escándalos contables empresariales, Bush anunció la creación de una comisión financiera especializada en la lucha contra "el crimen de cuello blanco" y pidió al Congreso celeridad para reforzar a la Comisión de Operaciones Bursátiles (SEC), que fiscaliza las transacciones. Los ejecutivos se mostraron en general satisfechos con los anuncios. Sin embargo la Bolsa estadounidense se desbarrancó luego del discurso. No se espera que las penalidades se apliquen al pie de la letra, dijo un alfo funcionario que pidió anonimato, pero el hecho de aumentarlas permitiría castigar con mayor severidad a los dirigentes.

Una fuerza de tareas
Los escándalos que sacuden al mundo de los negocios en EE.UU., desde la espectacular quiebra del gigante de la energía Enron hasta las manipulaciones de miles de millones de dólares en la contabilidad del grupo de telecomunicaciones WorldCom, forzaron al gobierno a tomar la iniciativa, en momentos en que la oposición demócrata lo acusa de ser demasiado complaciente. Los criminales financieros se convertirán en blanco de la Fuerza de Tareas contra los Fraudes Corporativos (Corporate Fraud Task Force) encargada de dar directivas en las investigaciones y ante las acusaciones, y de coordinar a los diferentes servicios involucrados.
El nuevo organismo será conducido por el vicesecretario de Justicia. "Engañar a los inversionistas es una falta seria, y el castigo debe responder a la dimensión del crimen", dijo Bush. El mismo mandatario debe dar explicaciones desde hace varios días sobre una venta de acciones que ejecutó hace 12 años, en su época de empresario. En ese entonces, demoró ocho meses en informar a la SEC de la venta de acciones por U$S500.000 de la firma petrolera Harken Energy, cuyo consejo de administración integraba. Realizó la operación poco antes de que el título de la compañía cayera a causa de malos resultados financieros. Los voceros de Bush afirman que se trató de un error técnico de los abogados y aseguran que el entonces ejecutivo actuó correctamente. (AFP)

ANALISIS
Un estilo de capitalismo
Por Geraldine Amiel
PARIS.- La crisis en el grupo francés Vivendi Universal -que estalló poco después del colapso de Enron y de WorldCom- parece ser el fin de una clase de capitalismo mundial apoyada en la autorregulación de los mercados. Esta práctica comenzó a finales de los años 70. Las manipulaciones contables de WorldCom; la quiebra inundada de fraudes de Enron o el intento de Vivendi de adornar sus cuentas generaron más que una simple crisis de confianza en los mercados y en los inversores hacia algunas empresas. Ha nacido la desconfianza hacia los propios criterios de contabilidad, indica en su informe anual el Banco de Pagos Internacionales. "Este escándalo nos hace dudar seriamente de la competencia profesional. Los dirigentes de las grandes firmas han fracasado en todas las esferas internas y externas", añade este banco de bancos.
Vivendi, número dos del mundo en las comunicaciones, no cometió actos delictivos, asegura el economista Elie Cohen. Pero, a pesar de no haber cometido fraude consiguió que Europa también resulte afectada por la ola de escándalos que amenaza al crecimiento económico mundial.
La autorregulación de los mercados se mostró incapaz de impedir fraudes y delitos. Hace falta una nueva normativa, con un papel nuevo para el Estado en el ámbito nacional, local e internacional, opinó Cohen. (AFP)

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