DATO. La aguja café puede volar hasta 11.000 kilómetros sin detenerse.

En búsqueda del eterno verano, una especie de ave costera hace cada año una extenuante travesía de ida y vuelta entre el Ártico y la Patagonia, una hazaña que enfrenta cada vez mayores peligros. La aguja café (Limosa haemastica) es una de las aves viajeras más extraordinarias, pero su población se desplomó el 95% en las últimas cuatro décadas, por una combinación de cambios ambientales.
Es una de las 42 especies propuestas para recibir protección internacional en la COP15 sobre la Convención de la ONU para la Conservación de Especies Migratorias, que empieza hoy en Brasil.
Criaturas icónicas como el búho nival, la hiena rayada o el tiburón martillo también figuran en la lista de especies en riesgo que requieren medidas de conservación. Las poblaciones de aves migratorias enfrentan “declives rápidos y drásticos”, dijo Nathan Senner, profesor de ornitología de la Universidad de Massachusetts Amherst, quien ha estudiado a la aguja café durante 20 años.
Los científicos aún desentrañan misterios de esta ave, capaz de volar hasta 11.000 kilómetros sin detenerse para comer, beber o dormir.
Y eso es sólo una parte de los 30.000 kilómetros de ida y vuelta que recorre cada año desde sus zonas de cría en el Ártico hasta la Patagonia, donde pasa el verano austral.
En este “vuelo épico”, las agujas café necesitan “recursos alimenticios predecibles y abundantes” en cada etapa del trayecto, resaltó Senner. Esta previsibilidad está en crisis.
En el Ártico, el adelanto de la llegada de la primavera atribuido al cambio climático generó un desajuste entre la época en que nacen los polluelos y el pico de disponibilidad de los insectos de los que se alimentan.
En Chile
En el sur de Chile, el auge de la acuicultura de salmones y ostras favorece una mayor presencia humana y de infraestructura en las zonas costeras donde estas aves se alimentan. Y en Estados Unidos los cambios en las prácticas agrícolas hacen que los humedales de aguas someras, vitales para esta especie, sean cada vez más escasos. Eso obliga a las aves a dedicar más tiempo a buscar lugares para descansar y comer. La mayoría de las especies son capaces de “responder a un tipo de cambio concreto, pero no a una multitud de cambios simultáneos”, alertó Senner.
“El cambio climático hace que las especies que dependen del reloj geológico para vivir sean duramente afectadas”, dijo Rodrigo Agostinho, presidente de la agencia ambiental brasileña Ibama, antes de la COP15 que se celebrará en Campo Grande, en pleno Pantanal, el mayor humedal del mundo rico en biodiversidad.
Considerada una de las reuniones más importantes para la conservación de la vida silvestre, el encuentro reúne a países que asumen la obligación legal de proteger a especies en riesgo de extinción.









