Tucumán Central vivió su primera tarde profesional en el inicio del Federal A

El debut del "Rojo" de Villa Alem en la tercera categoría trajo consigo varios cambios: obras, mejoras y una sensación de salto de calidad.

SE HIZO COSTUMBRE. La tribuna principal del “Rojo” volvió a lucir repleta; nadie se quiso perder el inicio de la nueva era. SE HIZO COSTUMBRE. La tribuna principal del “Rojo” volvió a lucir repleta; nadie se quiso perder el inicio de la nueva era. FOTO Osvaldo Ripoll
Hace 2 Hs

Más de dos horas antes de que  suene el pitazo inicial, el aire en la cancha de Tucumán Central ya se sentía distinto. No era un domingo cualquiera; no era otra tarde de fútbol de barrio. Había una electricidad especial en el ambiente, una mezcla de ansiedad y orgullo que se traducía en gestos pequeños pero significativos.

El cambio de categoría no es solo un papel firmado en el Consejo Federal; es un cambio físico del entorno. La vieja costumbre de sacar la entrada por la ventanita sobre calle La Plata quedó en el recuerdo: ahora, la reja grande de la esquina se abría de par en par para recibir a los hinchas. Incluso para los periodistas, el ritual cambió. Ya no hay mezcla con la multitud en el ingreso; ahora la prensa tiene su propia entrada por calle La Rioja. Hay una sensación colectiva de que en una categoría profesional, todos -desde el hincha hasta el dirigente- deben estar a la altura.

La gestión en los detalles

Ya dentro del predio, en el epicentro del movimiento, estaba Soledad González. La presidenta  apuraba el paso, iba y volvía. Como si fuera la anfitriona de un casamiento o un cumpleaños, se la veía ultimando detalles, verificando que cada cosa estuviera en su lugar. Y el “salón” estuvo al nivel.

Tras recibir a los árbitros personalmente y escoltarlos a los vestuarios (remodelados íntegramente en la semana, al igual que los baños), “Sole” regresó con una sonrisa de oreja a oreja: “Le pusieron un 10 a las instalaciones”, exclamó.

Apuestas y choripanes

La profesionalización trajo consigo paisajes inéditos para el estadio. Al mejor estilo de los grandes escenarios de Atlético o San Martín, el predio ahora cuenta con un puesto de apuestas y un stand de venta de motos. Es el lenguaje del nuevo mundo: donde hay profesionalismo, hay marcas y hay mercado.

Esa “globalización” se sentía incluso en la zona de prensa. Junto a los cronistas locales, un hombre operaba como el “ojo” de las casas de apuestas internacionales; con la vista clavada en el césped, pulsaba comandos en su celular con velocidad quirúrgica, reportando cada ataque, cada tiro libre y cada incidencia en tiempo real. El “Rojo” ya no solo juega para el barrio; ahora sus estadísticas cotizan en los mercados del mundo.

La cantina también se “profesionalizó”. Dejó de ser un simple despacho de gaseosas y jugos para convertirse en una especie de patio gastronómico. El aroma a choripán y lomito ahora emana desde dentro del club, y ofrece una comodidad inédita: mesas, sillas y hasta un mozo llevando los pedidos a los comensales.

La convocatoria tampoco defraudó. Tanto el número como la intensidad de los hinchas fue similar a lo que se vivió en los últimos encuentros del Regional. El público estaba metido, reclamando cada dividida y jugando su propio partido. Las cintas rojas le daban al estadio un decorado de fiesta que no se agotó con el inicio del juego. De hecho, el flujo de gente fue incesante: hasta los 30 minutos del primer tiempo todavía había rezagados ingresando, apurados por no perderse el inicio de esta nueva era.

El aprendizaje pendiente

Sin embargo, la jornada no fue perfecta. Una vez finalizado el encuentro, una gresca empañó los festejos. Según el relato de los vecinos, se trató de un pase de facturas entre dos grupos de barrios cercanos que ya se habían peleado en un torneo amateur el fin de semana anterior. La bronca resurgió en la tribuna y, aunque el incidente no pasó a mayores, logró quebrar el clima de armonía que reinaba tras la victoria.

Este será el gran desafío para la entidad de Villa Alem en su nueva categoría: desterrar comportamientos que pueden perjudicar institucionalmente al club. En esta divisional, cualquier error se magnifica bajo la lupa del profesionalismo. El ascenso deportivo ya está, ahora queda lograr el ascenso cultural para cuidar lo conseguido.

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