De la felicidad a la incertidumbre: “No sabés dónde va a caer el próximo misil”, el testimonio de un tucumano en Medio Oriente
Diego Carrizo viajó a Bahréin para recorrer la región, pero quedó en medio del conflicto. Hoy vive entre alertas, cortes de comunicación y la incertidumbre de no poder volver.
DIEGO CARRIZO. El tucumano de 25 años, se encuentra en Medio Oriente desde comienzos de marzo y vive de cerca el impacto del conflicto. / GENTILEZA DE DIEGO CARRIZO
Diego Agustín Carrizo es tucumano y había decidido viajar por Medio Oriente. Llegó a Bahréin unos días antes de que empezaran los ataques. El plan era recorrer, conocer, moverse entre países. Lo que vino después, no estaba en ningún itinerario.
Diego tiene 25 años, es de Yerba Buena y hoy permanece en la región sin poder regresar. A comienzos de marzo, luego de los ataques, pudo cruzar desde Bahréin hacia Arabia Saudita y desde entonces su rutina se volvió inestable: salidas limitadas, noches con restricciones y una sensación constante de alerta.
El conflicto se intensificó a fines de febrero con bombardeos en distintos puntos de la región. Desde entonces, la vida cotidiana quedó atravesada por esa tensión que no se apaga.
El primer día fue el más impactante. Estaba alojado a menos de 500 metros de una base de Estados Unidos cuando comenzaron los ataques. “Me desperté por las explosiones y sentía cómo todo el departamento se movía”, recuerda. Los vidrios se rompían, el ruido no paraba y el desconcierto era general.
Con el paso de los días, la situación no se estabilizó. Los misiles siguieron apareciendo en el cielo y las explosiones dejaron de ser un hecho aislado para convertirse en una posibilidad constante. “Se los veía cómo impactaban en edificios y calles”, cuenta. Afuera, la reacción era inmediata: corridas, gritos y gente intentando entender qué hacer.
La incertidumbre se volvió parte de todo. No hay horarios claros ni zonas completamente seguras. “No sabés qué va a pasar en los próximos minutos, ni dónde va a caer un misil”, dice. Esa sensación atraviesa incluso las decisiones más simples.
La noche más tensa
Una de las noches más tensas decidió irse del lugar donde estaba. Agarró su pasaporte y salió con lo indispensable, sin un destino claro, buscando alejarse. Caminó varios kilómetros hasta encontrarse con personas que estaban ayudando en la calle. Uno de ellos lo recibió en su casa, en una zona más alejada. Ahí pudo pasar la noche.
EXPERIENCIA. Tras dejar su alojamiento por los ataques, Carrizo encontró refugio en la casa de un joven que lo ayudó. / GENTILEZA DE DIEGO CARRIZO
Moverse tampoco fue fácil. El transporte funcionaba con limitaciones y las aplicaciones no respondían. Parte del trayecto lo hizo caminando, después avanzó en moto con la ayuda de un desconocido y finalmente logró cruzar una frontera gracias a un conductor que se ofreció a llevarlo. No había otra opción.
Aun así, hay algo que lo sigue sorprendiendo. En medio de la tensión, destaca la forma en que la gente se organiza para ayudarse. “No es un ‘sálvese quien pueda’. Están muy unidos, tratando de ver si alguien necesita algo”, explica. Esa red de apoyo aparece en pequeños gestos que, en ese escenario, hacen la diferencia.
EXPERIENCIA. Tras escapar de una zona bajo ataque, Diego fue asistido por una familia local, con la que compartió una cena en el desierto. / GENTILEZA DE DIEGO CARRIZO
La comunicación con su familia
La comunicación con su familia se volvió irregular. Las llamadas muchas veces no funcionan, sobre todo durante la noche, cuando hay más actividad. En esos momentos, la conexión se corta o se vuelve inestable, aunque no ocurre en todos lados por igual: depende de la zona y la cobertura. El contacto se mantiene, en la mayoría de los casos, a través de mensajes.
Salir del país, por ahora, no es una posibilidad concreta. Los vuelos fueron cancelados y no hay una vía clara de regreso. Mientras tanto, intenta mantenerse lo más alejado posible de las zonas más expuestas y moverse con precaución.
En medio de todo, hay escenas que contrastan. El final del Ramadán trajo celebraciones y cierta actividad en las calles, con personas que intentan sostener algo de normalidad. Pero el clima general no cambia del todo: se ve menos gente afuera y los movimientos son medidos.
DIEGO CARRIZO. El tucumano de 25 años, se encuentra en Medio Oriente desde comienzos de marzo y vive de cerca el impacto del conflicto. / GENTILEZA DE DIEGO CARRIZO
Desde su experiencia, lo que circula en redes no alcanza a mostrar la dimensión de lo que ocurre. “Los ataques son continuos y hay muchos daños, incluso en zonas residenciales”, advierte.
Hoy sigue ahí. Esperando una salida posible, pero también adaptándose a una rutina marcada por la incertidumbre. “Estoy bien dentro de todo, pero con mucha incertidumbre”, resume.








