Villa Padre Monti, entre cascadas y el verde de la Yunga. Fuente: Ser Argentino
En la espesura de las yungas mezcladas con el monte chaqueño, el silencio se rompe cuando el borboteo de la caídas de agua se hace eco a lo lejos. Caminar a contracorriente dará resultados que valgan la pena: un salto de 15 metros de altura al final del trayecto que demuestra el esplendor de Villa Padre Monti, un enclave que en secreto esconde las maravillas de un destino que muchos miran de soslayo.
Podremos creer que conocemos cada rincón de Tucumán. Pero es ahí cuando debemos empezar a dudar. Nuestra provincia esconde entre los faldeos montañosos, pueblos y maravillas naturales que apenas figuran en las guías turísticas. Ese es el caso de este paraje, instalado en una angosta quebrada de las Sierras de Medina, a tan solo 48 kilómetros de la Capital. Un plan perfecto para el fin de semana largo de este 2026.
Un circuito de cuatro joyas naturales
Si aún faltaban planes para los días de receso, en el departamento de Burruyacu espera un itinerario para deleitarse. Un circuito de cuatro cascadas, cada una de ellas visitable a pie, y un convento situado junto al inicio de la senda hacia los saltos, son los tesoros a los que uno puede acceder. Seguir por el costado derecho del establecimiento conduce a un chapón que indica una inconfundible señalización de madera.
En la localidad es posible visitar las cuatro vertientes de manera intuitiva. La recomendación es siempre ir contra la corriente. El camino comienza ancho al principio, aunque poco a poco se vuelve más angosto y comienzan a aparecer huellas alternativas que se deben dejar pasar. Siempre debemos divisar el río, sin desviarnos.
Trekking para toda la familia
La caminata por la zona dura apenas una hora y pueden hacerlo familias completas. La majestuosidad de la caída de agua pronto se cierne una vez que se entra en la sombra de la yunga, donde abundan los helechos y el musgo. Aquí es conveniente usar el calzado adecuado ya que el sendero puede tornarse resbaloso. Los dos primeros accidentes geográficos aparecen uno pegado al otro.
Más tarde, tras seguir el río y cruzarlo en un par de ocasiones, un salto de unos 10 metros de agua fría aparece. Como lo bueno tarda en llegar, la próxima etapa tiene sus dificultades: subidas y pasos estrechos que requieren de un andar firme y atento. Puede que el cauce nos obligue a cruzarlo un par de veces más, pero sin darnos cuenta estaremos ante una cascada de 15 metros de altura.
Recomendaciones para el visitante
Esta experiencia de fin de semana no requiere de gran estado físico. La dificultad es baja, aunque se recomienda hacerlo de día y en grupo porque el recorrido no está señalizado. La luz del sol puede esconderse entre la vegetación tucumana, apenas dejando pasar un par de rayos. Una hora de ida y una de vuelta es suficiente; para regresar, siempre se debe seguir la ruta en dirección del agua.









