En el duelo entre los “Santos”, Alan Cisnero escribe su propio versículo
El juvenil, que empieza a afirmarse como titular, tendrá un cruce especial ante el entrenador que le dio sus primeros minutos. Mañana en San Juan, San Martín afronta un partido exigente para mantener su buen arranque en el torneo.
REENCUENTRO. Cisnero se mide ante Ariel Martos, el técnico que le dio sus primeros minutos y lo impulsó en el plantel profesional

“Ariel me pedía que juegue y disfrute, que él se hacía cargo de mis errores”. La frase de Alan Cisnero no aparece como un recuerdo más. Funciona como una puerta. Una forma de volver hacia atrás justo antes de avanzar. Porque mañana, cuando San Martín salga a la cancha en San Juan, el recorrido del juvenil tendrá un punto de encuentro inevitable: del otro lado estará Ariel Martos, el entrenador que le regaló sus primeros minutos en cancha y le dio la confianza para convertirse en uno de los pilares que tiene hoy el “Santo”.
Para Cisnero, el encuentro de mañana en el estadio Hilario Sánchez Rodríguez no es un partido más. Es, en algún punto, una escena que mezcla pasado y presente. Un cruce donde las enseñanzas vuelven, pero ya no desde la voz cercana del entrenador, sino desde la vereda de enfrente.
El volante atraviesa uno de los momentos más claros desde que empezó a asomar en el plantel profesional. “Este momento que estamos pasando es muy lindo”, contó, con la serenidad de quien empieza a entender su lugar. La continuidad le dio ritmo, y el ritmo le dio confianza. Ya no corre detrás del partido: empieza a habitarlo. “Me siento muy bien, de a poco voy agarrando ritmo”, explicó.
EN PLENO DESARROLLO. Alan Cisnero apunta a sostener su lugar y empujar a San Martín hacia la máxima categoría.
No fue un camino inmediato. Cisnero llegó siendo apenas un chico al complejo Natalio Mirkin, con más intuición que certezas. Durante años, el aprendizaje fue silencioso. Esperar, mirar, equivocarse y volver a intentar. Por eso, cuando habla de su presente, lo hace con cierta incredulidad. “No caigo en el momento que estoy viviendo”, admitió. Como si todavía estuviera acomodando las piezas de todo lo que tardó en llegar.
En ese proceso, Martos aparece como una figura determinante. No solo por haberle dado minutos, sino por el tipo de respaldo que le ofreció. Un respaldo que no siempre se traduce en indicaciones tácticas, sino en algo más difícil de encontrar: confianza. “Siempre le voy a estar agradecido porque me dio rodaje y me aconsejaba mucho”, señaló Cisnero. Y en esa construcción, hay una línea que se mantiene incluso hoy, bajo la conducción de Andrés Yllana.
Porque si algo no cambió es lo que le piden dentro de la cancha. “Mucha entrega, correr, ayudar y terminar las jugadas”, explicó. El mandato es claro y se repite. Como una forma de sostener identidad en medio de un plantel renovado. En ese contexto, Cisnero intenta afirmarse desde la intensidad, pero también desde el orden, ese detalle que supo pulir con el tiempo.
El partido de esta noche, sin embargo, propone otro tipo de exigencia. “Va a ser un partido durísimo”, anticipó. No solo por el rival, que necesita hacerse fuerte en su casa, sino por la carga simbólica que arrastra. Del otro lado habrá compañeros de otro tiempo, conocidos, charlas previas que inevitablemente aparecen en la antesala. Aunque adentro, la lógica cambia. “En la cancha no hay amistad”, resumió, con una claridad que no necesita desarrollo.
San Martín de Tucumán llega a este duelo con una estructura que todavía se está terminando de armar, pero con resultados que lo sostienen en la parte alta de la tabla. Enfrente, el conjunto sanjuanino, ahora conducido por Martos, buscará hacerse fuerte en su casa para recuperar terreno. Dos equipos en construcción, dos procesos distintos, pero una misma necesidad: afirmarse.
En medio de todo eso, Cisnero vuelve a pararse en un lugar incómodo y desafiante. Como si se tratara de rendir un examen. “Es una prueba para ver de qué estamos hechos”, dijo, sin rodeos. La frase no apunta solo al equipo. También lo incluye. Porque cada partido, para él, sigue siendo una validación.
Representar a San Martín no es un detalle menor para él. Tiene un valor emocional profundo, que lo conecta con su familia, con su barrio y con cada entrenamiento que hizo sin saber si algún día llegaría. Hay algo en su historia que no se acelera: incluso ahora, cuando empieza a ser titular y a sostener minutos, su discurso mantiene una lógica paciente. No hay urgencia por llegar rápido, sino una intención clara de quedarse, de construir desde adentro, sin atajos.
Quizás por eso el cruce con Martos tenga un valor distinto. No es una revancha ni una cuenta pendiente. Es otra cosa. Es el momento en el que un jugador empieza a demostrar que ya no necesita que lo sostengan desde afuera. Que aquello que alguna vez le dijeron desde el banco “que juegue, que disfrute” ahora puede sostenerlo solo.
Y en esa transición, entre lo que fue y lo que empieza a ser, se juega también una parte del partido de mañana. Porque mientras la pelota corra en San Juan, Cisnero no solo buscará sumar tres puntos. También intentará confirmar que el camino, ese que empezó a transitar hace años en silencio, finalmente empieza a tomar forma.







