La abogada Soledad Deza representa a la hija de Paulina.
Las palabras de Alberto Lebbos, quien durante el juicio que se sigue contra César Soto por el crimen de su hija Paulina, cuando criticó la actuación de la abogada Soledad Deza, representante de su nieta Leticia Nieva, obligaron a la letrada a salir a responder. Deza, una de las fundadores de la Fundación Mujeres por mujeres, rechazó las críticas y dio su punto de vista advirtió que Lebbos había afirmado que su nieta había caído “en manos de una secta”. El padre de la víctima además dijo sentirse sorprendido ya que Nieva no había solicitado presentarse como querellante en este debate, cuando sí lo había hecho en el juicio contra el ex fiscal Carlos Albaca, y se preguntó qué estaba haciendo “este grupo de feministas por la causa”.
Deza remitió a LA GACETA su respuesta y se la transcribe completa:
Alberto Lebbos declaró en juicio y en la prensa tucumana que su “nieta Victoria está cooptada por una secta feminista que le lavó el cerebro”.
Las feministas sabemos que nuestra clienta se llama Leticia, no Victoria, y por eso la llamamos Leti. Las feministas somos quienes acompañamos a su nieta cuando tomó decisiones sobre su identidad y decidió hacer un juicio civil para adoptar el apellido de Silvina Nieva, la profe del secundario que la alojó física y subjetivamente en su adolescencia dolorosa. Las feministas sabemos que viven en el sur con su perrita Frida y que Leti llama a Silvina “mamá”. Las feministas asumimos -en representación de Leti- la querella por encubrimiento agravado contra el ex Fiscal Carlos Albaca, y las feministas también logramos su condena y encarcelamiento. Las feministas enderezamos, en el juicio oral, una acción civil contra el Estado provincial que había sido copiada, cortada y pegada de un juicio anterior y que estaba destinada a naufragar si no la corregíamos. Las feministas fuimos quienes conseguimos que el Estado indemnice a Leti por la violación del derecho a la verdad que perpetuó el Gobierno Tucumano que no investigó con debida diligencia reforzada el crimen de Paulina Lebbos. Las feministas pusimos por primera vez la palabra “perspectiva de género” en una investigación que tenía 18 cuerpos de prueba cuando nos apersonamos. Las feministas le tuvimos que explicar a Leti que la indemnización del primer juicio penal -donde se condenó por encubrimiento a Di Lella, a Gómez y a Sánchez- se había perdido por haber sido declarada prescripta y que eso significaba que había sido exigida tarde. Las feministas hablamos con el Dr. Mrad, abogado del Sr Lebbos, cuando quiso cobrar honorarios de un pacto de cuota litis que Leti no firmó. Las feministas jamás le cobramos un peso a Leti por representarla en ningún juicio. Las feministas acompañamos a Leti en sus decisiones sin juzgarla, reconociendo que es ella quien está en mejores condiciones éticas para saber qué es lo mejor para su vida. Las feministas somos quienes nos alegramos cuando se recibió de profesora de danzas y la celebramos en sus éxitos. Las feministas guardamos silencio respetuoso de la historia personal de Leti con su familia Lebbos, porque respetamos su intimidad y somos capaces de empatizar con el dolor, aún de quien nos ataca injustificadamente. Las feministas aliviamos la conciencia de Leti cuando, después de lograr la condena del Fiscal Albaca, decidió que ser víctima era para ella cosa del pasado y no de su futuro. Las feministas comprendemos que para Leti vivir 20 de sus 25 años a la sombra del Femicidio de Paulina es un lugar desde no quiera sentir culpa de correrse. Las feministas le explicamos a Leti recientemente que su vida personal es irrelevante en este nuevo juicio contra Soto y Kaleñuk, y que no es su tarea, ni su responsabilidad objetar que información que le molesta a su abuelo ingrese al juicio, porque ese es el trabajo del Fiscal. Las feministas explicamos a Leti que el Ministerio Público Fiscal encarna la acusación pública y que debe investigar y acusar aún si ella no desea poner el cuerpo como querellante en este nuevo proceso. Las feministas escuchamos a Leti hablar sobre su deseo de que se sepa la verdad, y también sobre que ese deseo no es el único deseo que signa su destino. Las feministas acompañamos a Leti en sus angustias derivadas de cada nota periodística donde su abuelo la alude, la juzga, la descalifica y la infantiliza sin ningún tipo de misericordia. Las feministas no cooptamos a Leti, las feministas conversamos con ella y respetamos sus decisiones. Las feministas escuchamos a Leti, no la subtitulamos. Una secta aísla y controla, y las feministas sabemos que Leti está acompañada y a Leti no la controla nadie: ni su pasado, ni su madre, ni su abuelo, ni el odio, ni el rencor. Leti nos enseñó a las compañeras de Mujeres x Mujeres, con personería hace 10 años, que hay un futuro amable aún para una víctima de femicidio que se crió gran parte de su vida entre el desamparo y la muerte. No hacemos abogacía feminista para agradar, sino para defender los derechos de nuestras clientas, coincidan o no con las preferencias de quienes detentan algún poder sobre ellas.







