San Martín encontró su mejor versión: con el 4-2-3-1, la idea Yllana va tomando forma

Con Kevin López como conductor, laterales más sueltos, y Ovando como revulsivo, el equipo mostró solidez, juego y verticalidad.

EL TITIRITERO. Kevin López fue el mejor de la cancha. Jugó, hizo jugar a sus compañeros y decoró su producción con un golazo desde afuera del área. EL "TITIRITERO". Kevin López fue el mejor de la cancha. Jugó, hizo jugar a sus compañeros y decoró su producción con un golazo desde afuera del área. LA GACETA / Osvaldo Ripoll
Bruno Farano
Por Bruno Farano Hace 2 Hs

La Ciudadela volvió a respirar fútbol. No ese que apenas alcanza para sobrevivir en la Primera Nacional, sino el que invita a creer que hay algo más detrás de cada movimiento. El triunfo 2-0 de San Martín sobre Nueva Chicago fue una declaración de intenciones, un boceto más claro de lo que Andrés Yllana pretende para su equipo.

El 4-2-3-1 que plantó el entrenador funcionó como un reloj que, por primera vez en la temporada, pareció calibrado con precisión. En el eje del medio campo, Laureano Rodríguez y Nicolás Castro fueron los cimientos de la estructura. Desde allí nació el equilibrio que permitió que, más arriba, el juego tuviera vuelo.

Porque el fútbol del “Santo” empezó a crecer desde la línea de tres que se movió detrás del “9”. Lautaro Ovando por derecha, Kevin López por el centro y Alan Cisnero por izquierda formaron un tridente creativo que, por momentos, desarmó a Chicago como quien desata un nudo con paciencia y precisión.

San Martín fue solidario, combativo para quedarse con la pelota, pero sobre todo vertical cuando tuvo la posesión. Cuando recuperaba la bola no se entretenía en la contemplación: atacaba. Le saltaba a la yugular del rival con la urgencia de quien sabe que el momento de ir por más es ahora. En ese vértigo nacieron muchas de las situaciones de gol de la tarde-noche. El equipo llegó, generó y pisó el área enemiga con decisión.

Lo único que le faltó fue afinar la puntada final. Si la eficacia hubiese acompañado la producción ofensiva, el resultado podría haber sido todavía más amplio. Pero incluso esa falencia quedó en un segundo plano frente a la sensación más importante que dejó la jornada; que San Martín jugó el mejor partido en lo que va de la temporada.

En el centro de esa maquinaria apareció López, el futbolista que entendió el partido mejor que nadie. Manejó los hilos con la naturalidad de un director. Cuando el duelo pedía velocidad, aceleró; cuando exigía pausa, bajó el ritmo, puso la bola bajo la suela y ordenó. Supo cuándo correr y cuándo pensar; y en un fútbol muchas veces dominado por la ansiedad, su serenidad fue un faro para el “Santo”.

Otra de las decisiones que marcaron la diferencia fue la libertad que Yllana les dio a los laterales. Algo que no se había visto con tanta claridad en partidos anteriores. Víctor Salazar lo aprovechó con inteligencia. Pasó al ataque con criterio, sin desordenarse, y en más de una oportunidad generó superioridad numérica junto a Ovando y López. Por esa banda, San Martín encontró el camino para generar desequilibrio, una y otra vez.

El equipo empezó a moverse como una estructura viva, en la que cada pieza entiende su función. Cuando uno avanzaba, otro cubría. Y cuando alguien quedaba expuesto, aparecía el relevo. En ese engranaje colectivo, Laureano Rodríguez fue una garantía. Ganó casi siempre en los duelos uno contra uno y estuvo atento para corregir en el primer cuarto de campo, como un guardián que no permite fisuras en la muralla.

A su lado, Castro también dejó un mensaje claro. En el centro del terreno se lo ve mucho más cómodo y más útil para el equipo. En los últimos partidos no había rendido recostado sobre la banda izquierda, esa en la que mostró su mejor versión durante su primera etapa en el club. En el eje encuentra mejor los tiempos y puede ofrecer esa experiencia que ordena al resto.

Yllana parece haber encontrado el equipo

Por eso, más allá del resultado, lo que dejó la noche fue una sensación difícil de ignorar. Yllana empieza a encontrar el equipo; como un escultor que, a fuerza de golpes precisos, empieza a ver la figura escondida dentro de la piedra.

San Martín todavía tiene cosas por mejorar, sobre todo en la definición. Pero ahora el camino parece visible.

Y en un torneo largo y áspero como la Primera Nacional, encontrar el rumbo es mucho más que un detalle; es el primer paso para animarse a soñar.

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