El mendocino Agustín Sarelli no pudo hacer la diferencia en la ofensiva de Tarucas. Osvaldo Ripoll/LA GACETA.
La valentía no es suficiente para ganar. En ningún deporte. Y es una lección difícil de aceptar dentro del rugby tucumano. Las grandes gestas siempre se explicaron a partir de ese “plus” que aparece en los escenarios más complejos. Esa es la cualidad más celebrada de la “identidad naranja”. La mística que tantas veces se invoca. Pero ese valor, por sí solo, no alcanza para ganar partidos decisivos. Tarucas lo experimentó en carne propia frente a Pampas. La actitud estuvo, pero los errores pueden derribar incluso la planificación más sólida. Así se explicó la historia en La Caldera del Parque: un primer tiempo lleno de fallos, un rival preciso, ágil y vertiginoso, y un marcador que terminó reflejando la diferencia. Fue derrota 43-22 en Tucumán. Fin del invicto. Y también del liderazgo en el Súper Rugby Américas.
Álvaro Galindo ya lo había advertido tras la victoria frente a Dogos en la fecha 3. “Ganar por ganar no sirve”, había dicho el head coach. Detrás de esa declaración había una idea clara: Tarucas no debía dormirse en los laureles de la cima del torneo. Esto es un proceso. Y el equipo, pese a mostrar virtudes en las formaciones fijas, todavía tiene mucho por madurar. No solo en la fluidez ofensiva, sino también en defensa. Y ayer el problema quedó expuesto justamente en ese aspecto del juego.
Tarucas no empezó mal. Al contrario: lo hizo de la manera más positiva posible. Un try de Mateo Pasquini, tras una gran jugada colectiva, abrió el marcador y encendió la ilusión en el público tucumano. Esa conquista parecía una señal de que la mala racha frente a Pampas podía terminarse: en la primera temporada, la franquicia tucumana no había logrado vencerlo ni de local ni de visitante. Pero esa algarabía duró poco.
Los errores, la falta de velocidad para cubrir espacios y la gran habilidad de los backs de Pampas comenzaron a impactar directamente en el juego. El equipo visitante encontró grietas en la defensa tucumana y empezó a aprovechar cada oportunidad con precisión. La historia del partido comenzó a inclinarse desde allí.
Bautista Farisé inició la remontada de Pampas. Tras una gran corrida de Juan Penoucos, que dejó plantados a varios defensores “naranjas”, Lucas Marguery tomó la pelota y habilitó al apertura, que a metros del ingoal realizó un cambio de paso y anotó el primer try de la noche. Esa acción resumió la forma de golpear del equipo dirigido por Juan Manuel Leguizamón: si había un hueco, lo explotaba.
La diferencia se notó aún más en los tries de Santiago Cordero, que apoyó dos veces en el ingoal tucumano. Y también en la conquista de Agustín Fraga. Pampas había golpeado cuatro veces en 40 minutos. Cuatro momentos que prácticamente dejaron sentenciada la historia en La Caldera.
Tarucas intentó cambiar la cara en el segundo tiempo. En los primeros minutos buscó, luchó y utilizó el maul en reiteradas ocasiones. La franquicia tucumana había mostrado una gran fortaleza en el juego de los forwards en este inicio de torneo, y se suponía que allí estaría la llave para reaccionar.
Si bien el equipo mostró buenas señales en el scrum, no lograba recortar distancias. Tras varios minutos de insistencia (y con Pampas frenando dos avances dentro del ingoal) Tarucas finalmente logró descontar gracias a una acción de Facundo Cardozo. Sin embargo, Ignacio Cerrutti, que había sido determinante en otros partidos, falló la conversión. Ese momento encendió la esperanza. Todavía había posibilidades de remontar. Incluso el penal convertido de Farisé (que colocaba el parcial 29-15 a favor de la visita) no terminaba de derribar el ímpetu tucumano, que se extendió hasta el minuto 32, cuando Pasquini apoyó su segundo try y Máximo Ledesma acertó la conversión.
Esa esperanza, sin embargo, se apagó rápidamente a través de una gran corrida de Lucas Moresco y luego se terminaría de cerrar el telón con un try de Santiago Pernas.
Ahí terminó de inclinarse definitivamente la noche en La Caldera del Parque. Pampas no solo había sido más efectivo: también había demostrado una velocidad y una precisión que expusieron los aspectos que Tarucas todavía debe pulir si quiere sostenerse en la pelea del torneo.
La derrota puede leerse como un golpe, pero también como una advertencia. El propio Galindo lo había anticipado: este equipo todavía está en construcción. Tiene virtudes claras en las formaciones fijas, carácter para competir y una identidad que lo respalda. Pero para dar el salto necesita algo más que valentía. Porque en torneos de este nivel, la mística no alcanza por sí sola. Hace falta precisión, lectura y solidez durante los 80 minutos. Y Tarucas, que durante tres fechas había mostrado señales de crecimiento, encontró frente a Pampas un recordatorio tan duro como necesario.
El proceso sigue. Pero ahora con una certeza: para sostenerse arriba, el coraje debe ir acompañado de ejecución.








