SOBRE EL ESCENARIO. Gonzalo Sánchez Fares (guitarra y voz), “Pipi” Pérez Rossi (bajo) y Facundo Castelli (batería). El año empieza con varias fechas.
Tres integrantes: Gonzalo Sánchez Fares (guitarra y voz), Gustavo “Pipi” Pérez Rossi (bajo) y Facundo Castelli (batería). Tres discos: “Descontrol remoto” (2016), “Prendé el fuego” (2019) y “Todo rompen” (2022). Y la música, claro. Rock, hard rock, pinceladas bluseras, trazos del heavy. Es Burro de Arranque en estado puro, un proyecto con varias patas -como la mexicana, por ejemplo-, pero con un anclaje más tucumano que la empanada. Ganas de tocar le sobran a la banda y empezarán a sacarse el gusto esta noche en Sumo (Santiago 1.114), seguirán el viernes próximo en Cumpitas (Yerba Buena) y de ahí saltarán al interior: Tafí Viejo, tal vez Monteros. Inmejorable ocasión para ponerse al día.
- ¿En qué anda Burro de Arranque?
- Sánchez Fares: nos estamos reencontrando porque yo andaba de paseo por México. Me fui por dos meses a ver qué posibilidades había y me terminé quedando seis, que era el límite de la visa que tenía. Armé como una franquicia de la banda para defender el proyecto allá y ver qué respuesta había con la gente. Está bueno, el público es diferente, el nuestro es un género que no muchos hacen. Entonces en todos los lugares donde tocamos pasaban cosas raras, como gente pidiendo autógrafos.
- ¿Y ahora?
- Sánchez Fares: la idea es tocar temas de los tres discos. También estamos con material nuevo. Lo que hacemos es seleccionar canciones porque no las podemos meter todas ¿no?, y para que los shows no sean siempre iguales.
- ¿Cómo está el proyecto?
- Castelli: nos enfocamos más que nada en presentaciones en vivo en los últimos años. Ahora estamos retomando el trabajo compositivo. Tenemos mucho material que vamos produciendo, para tratar en los próximos meses de editar un disco nuevo. Es uno de los objetivos que tenemos este año.
- Sánchez Fares: no queremos subir un tema, como está de moda ahora. Somos caprichosos, tercos, no tenemos ganas de triunfar, así que hacemos discos (risas).
- Discos de rock, lo que no es poco...
- Castelli: procuramos defender lo clásico, que es lo que nos gusta. Tenemos un estilo bastante diverso, pero todo englobado dentro del rock y el hard rock clásico, del blues. Cuando tocamos nos da la posibilidad de adaptarnos a los perfiles de los lugares y del público, porque tenemos temas más tirando al heavy, tema rockeros, temas blusero, baladas... Es un mix interesante.
- Sánchez Fares: apostamos a transmitir la propuesta del show vivo. Para las bandas clásicas y que sobre todo hacemos rock es un punto donde no nos pueden reemplazar de ninguna manera. Es donde genuinamente podemos mostrar lo que hacemos y llegarle más directo al público. Es un poco ser parte de una batalla cultural que estamos totalmente dispuestos a ofrecer contra la mayoría de la música mainstream. A nosotros nos cuesta mucho generar esos 15 segundos de retención que es de lo que se habla desde la explosión de las redes sociales. Pero es una batalla que queremos dar.
- ¿Eso también se refleja en las letras de las canciones?
- Sánchez Fares: no somos de escribir protesta o ese tipo de cosas ¿no?, por lo menos lo que es la protesta pura y directa. Pero sí cuando incomoda el mensaje es interesante para nosotros. También escribimos cosas lindas, como la amistad, el asado, la reunión, los viajes en moto. Tocamos mucho en moto-encuentros, participamos en ese tipo de eventos donde te juntás con un montón de gente a la que ves esporádicamente y los abrazos son eternos.
- Hay algo de compromiso en el rock que es inquebrantable. ¿Lo sienten así?
- Sánchez Fares: en todos los artistas de Tucumán noto un compromiso con la gente. Es algo a lo que estamos acostumbrados y que se contagia. Cuando el querido Tony Molteni te decía: “si son 10, se canta para 10”, estás en la obligación de hacerlo también.
- Castelli: no sólo es un compromiso con el público y con el medio, también es con nuestra propia pasión, nuestro gusto de cómo hacer las cosas. Va más allá de si tocamos en un lugar chiquito para 20 personas o participamos en festivales o teloneamos artista de afuera con muchísima gente. Va más allá de las condiciones, de la cantidad de público, de si nos pagan; nosotros vamos y queremos sonar de la mejor manera. Además, vamos a procurar que los equipos que llevemos sirvan para sonar como a nosotros nos gusta. Después, el despliegue nuestro en vivo, la energía que vamos a poner siempre va a ser procurando que salga lo mejor.
- ¿Y en cuanto al sonido?
- Sánchez Fares: últimamente estoy usando una guitarra Telecaster que me compré en México. Una Telecaster con esteroides, un poquito tuneada (risas). Pero por lo general vengo usando una Gibson Les Paul, que es un clásico al que no le gana nadie. También tengo una Fender Stratocaster, pero por ahí son más recursos para las grabaciones.
- ¿Cuál fue tu primera guitarra eléctrica?
- Sánchez Fares: tenía 13 años y había descubierto por fin el heavy metal, entonces la criolla no me servía. Mi madre tenía en esa época un novio que era muy piola, que se hinchó las pelotas de tanto que yo insistía y me la compró él. Una Samick. Era linda, después la terminé vendiendo para comprarme mi primera moto.
- ¿Y en tu caso?
- Castelli: mi primera batería fue una Century, una azul eléctrica. Bueno, todos los bateros tuvieron una Century. Yo descubrí el amor por la batería siendo muy chico, no sé, habré tenido dos años. Mi viejo también era músico, no se dedicaba tanto, pero se juntaba con los amigos y de hecho se había armado una sala de ensayo en un galpón donde laburaba. Me acuerdo de eso: iba, me sentaba en la banqueta y no me llegaban los pies a los pedales, así que tocaba solamente con las manos.
- Hablemos de referentes. Elijan uno de acá y otro de afuera...
- Castelli: creo que el Gordo Dorieux ha sido como una especie de padre para todos los bateristas, ¿no? Nos congregaba, nos recibía en su casa, nos enseñaba, nos regaló material. A nivel mundial voy a nombrar a Chad Smith, cuando era chico y escuchaba mucho los Red Hot ya lo seguía. Siempre me encantó su estilo para tocar, relajado; creo que no hay ni una vez que haga las canciones iguales. Es como que siempre va a zapar.
- Sánchez Fares: un guitarrista de acá, al que yo le digo mi padre musical, es Luisito Albornoz, de Redd. Y si tengo que elegir un cantante, para mí el uno es Tony Molteni. Tiene que estar entre los tres mejores cantantes de Argentina y, si me apurás, te digo el uno. Es una puta bestia. Y de afuera, Lemmy Kilmister, para mí el hombre que resume todo. Entre Pappo y Kilmister se da la síntesis.









