La trampa de la Fanzolato: ¿nace un nuevo Camino del Perú en Yerba Buena?
El colapso vehicular y la reciente apertura de una calle sobre terrenos privados constituyen dos caras de un mismo problema. Mientras los vecinos proyectan sus vidas al pie del cerro y los desarrollos inmobiliarios se multiplican, la carencia de gestión interjurisdiccional amenaza con transformar una arteria barrial en un embudo sin salida
LA FANZOLATO. Postal de una calle muy transitada durante el mediodía. ARCHIVO
Escuchar nota
Diluvia en el peor momento posible: el horario de entrada a la escuela. Una fila interminable de autos y camionetas navega por el río marrón chocolate en el que se convirtió la calle Fanzolato. Todos buscan llegar a la Perón lo antes posible y, desde allí, dirigirse a los distintos colegios de Yerba Buena. Pero la tarea es complicada: hay autos que se quedan en medio de la calle; otros padres prefieren estacionar donde pueden y esperar un rato a que amaine la tormenta. El problema se complejiza en el cruce con Frías Silva: allí pasa el que “pecha primero”. El agua espesa por el barro, la lluvia obstinada y el apuro matutino de quienes deben someterse a la doble dictadura del horario (dejar a los chicos antes de que suene el timbre y partir a cumplir con las obligaciones con la menor demora posible) es una combinación opresiva. Frente a esta situación se vuelve casi inevitable una pregunta ¿no estaremos presenciando el nacimiento prematuro de un segundo Camino del Perú que en vez de resolver un problema lo multiplique?
Lo que describimos en el párrafo anterior ocurrió el lunes de esta semana. Y si bien con los chaparrones el panorama se agrava, cada mañana se produce una condición parecida, porque la Fanzolato hoy canaliza el flujo vehicular que comunica la Perón con El Bernel, con al menos siete barrios cerrados consolidados -que concentran varios cientos de viviendas en las que hay, en promedio, dos vehículos por cada una-, con emprendimientos en pleno desarrollo, con loteos abiertos (es decir, que no poseen cerca perimetral), con comercios que aparecen por doquier y, como si lo anterior fuera poco, con el tránsito de quienes se aventuran por las entrañas de San José para dirigirse hacia el oeste. Además, en ese sector limítrofe entre Yerba Buena y Cebil Redondo aún quedan numerosas hectáreas dedicadas, en buena parte, a cultivos. No es difícil imaginarlas loteadas en un futuro no muy lejano. Si en este estado la Fanzolato es problemática en determinados horarios ¿qué puede ocurrir cuando el verde remanente haya dado paso a los ladrillos, al hormigón y al cemento? ¿Cuál será el impacto de la novedosa apertura de una calle que permitirá comunicar la ruta 315 -es decir, el infame Camino del Perú- con la calle Los Cerezos y luego eventualmente con la Fanzolato? Por el momento, se trata de incógnitas.
Durante febrero se produjo un hecho llamativo (que fue reflejado por LA GACETA a través de las notas firmadas por Lucía Lozano): el propietario de unas tierras que se encuentran junto al Camino del Perú, a la altura de la Curva de Los Vega, puso a disposición unos 120 metros de terreno para abrir una arteria. La calzada ya está esbozada y comunica la ruta con otra calle que, por medio de una servidumbre de paso, desemboca hacia el sur en la Fanzolato (ver mapa) Es decir, aunque falta la aprobación de la Dirección Provincial de Vialidad y bastante infraestructura (pavimento y semáforos, por ejemplo), hoy ya es posible llegar desde la zona de los barrios Altos del Cevil a la Perón sin sumergirse en el caos del peor tramo del Camino del Perú, que es el que va desde la plazoleta San Cayetano hasta la sede de la Sociedad Rural. Claro que, a raíz de las lluvias, hay más probabilidades de lograrlo si uno se mueve en camioneta. Pero todo parece indicar que en un futuro no demasiado lejano esto será posible sin mayores inconvenientes, lo cual permitirá cumplir un viejo anhelo de los vecinos de una zona que está creciendo de un modo vertiginoso: contar con una alternativa más directa y rápida que conecte Cebil Redondo, Villa Carmela y Lomas de Tafí con Yerba Buena. Más allá de la buena noticia, esta quizás sea una oportunidad adecuada para analizar cuatro aspectos centrales de una situación que condensa problemas que se repiten con matices, pero con insistencia en otros lugares de Tucumán.
LA NUEVA CALLE. La imagen muestra la vía que conectará el Camino del Perú con la Fanzolato.
1- La única certeza
No existen dudas de que se debe descomprimir con urgencia el Camino del Perú. La pregunta, entonces, es: ¿conectar la Fanzolato con esta ruta devenida en avenida es la solución? En la Municipalidad de Yerba Buena creen que, en parte, sí; de hecho, planean ensancharla, según se informa en la edición de hoy de LA GACETA. Ahora bien: si hoy en determinados horarios esa calle ya se vuelve crítica ¿qué ocurrirá -sin ir muy lejos- dentro de un par de años, cuando la población de ese sector se haya multiplicado? Si la solución puede ser el ensanchamiento de la calzada ¿estamos a tiempo de hacerlo?
2- Vidas proyectadas
Hay una realidad insoslayable que nos acerca al centro del problema: aunque no vivan técnicamente en Yerba Buena, los vecinos de buena parte de Lomas de Tafí (Tafí Viejo); de los populosos Oeste I y II, Congreso y Casino, entre otros (San Miguel de Tucumán); de los barrios cerrados Alto del Cevil I y II (se está desarrollando el tercero); de los tres Alto Verde (Cebil Redondo), y de varios sectores de Villa Carmela proyectan sus vidas en ese municipio. Allí funcionan los colegios a los que van sus hijos, los supermercados y los shoppings en los que hacen las compras, los bares en los que se sientan a tomar un café, los clubes en los que hacen deportes e, inclusive, los trabajos de muchos de ellos. Frente a este panorama, es claro que necesitan con premura una vía de conexión ágil y segura, y el Camino del Perú es, sin dudas, la peor alternativa. El problema es que, hasta ahora, es casi la única, más allá de las laberínticas calles de San José y de la Frías Silva, que también se acerca a un punto de no retorno.
3- La cuestión central
La dimensión más relevante de este tema, que impacta en miles de vidas, es la falta de una visión metropolitana que permita gestionar y armonizar problemas que exceden a los municipios y a las comunas (transporte, seguridad, infraestructura hídrica y vial, y un largo etcétera). El Camino del Perú y su zona de influencia entran en esta categoría. Se trata de una ruta que nació en un ámbito rural, rodeada de cañaverales y fincas de limones, y que hoy soporta una presión urbana imparable. En su entorno aún persiste cierta ruralidad, pero se han desarrollado otras industrias (hay una cerámica, por ejemplo, que despacha camiones repletos con ladrillos durante buena parte del día), barrios de todas las condiciones, escuelas, supermercados y una diversidad amplísima de comercios. Además, funciona como límite entre varias jurisdicciones: Yerba Buena, capital, Tafí Viejo y Cebil Redondo. Sin embargo, ninguna de ellas posee potestad directa sobre su traza, es decir, no pueden tapar ni un bache. Porque depende exclusivamente del Gobierno, a través de la Dirección Provincial de Vialidad. Así -como ya señalamos varias veces en este espacio- resulta que es de todos, pero, al mismo tiempo, de nadie. Y el resultado está a la vista.
CAMINO DEL PERÚ. Esquina con Frías Silva, una de las más transitadas. ARCHIVO
4- Siempre tarde
Por último, lo que ocurre con la nueva calle que conectará la 315 con la Fanzolato confirma una vez más que el Estado (en todos sus estamentos) siempre corre por detrás de las urgencias y de las prioridades de los vecinos. El hecho de que la iniciativa haya partido de un privado -que posiblemente verá sus tierras valorizadas en el futuro con esta nueva arteria, lo cual es perfectamente válido- resalta con fuerza la indiferencia, la indolencia o la ineptitud que ostentan muchos funcionarios cuyos salarios se pagan, en parte, con los impuestos de los que a diario padecen el calvario del Camino del Perú. De ese detalle no debería olvidarse nadie.









