FUNDADOR. Luis "Pato" Valdez posa frente al cartel del club que creó, que preside y al que dirige técnicamente.

A plena luz del sol, un hombre se guarece en la sombra del único árbol que hay. La cancha está vacía, pero él la observa, tal vez imaginando alguna táctica o algún partido. A lo lejos, se ve un grupo de chicos con camisetas corriendo en dirección a la cancha. Casi al mismo tiempo, el hombre pensativo advierte la llegada del equipo de LA GACETA y le da la bienvenida.
Ese hombre es Luis Valdez. "Pato", como lo conocen todos en Alderetes. Es el fundador, presidente y DT de El Corte FC. A los 44 años es una especie de jugador polifuncional. Por la mañana se ocupa del club, por la tarde entrena al plantel de primera y por la noche atiende en la pizzería que funciona en su casa (que, casualmente, también es la sede institucional). Su historia empezó hace mucho tiempo con un sueño (literalmente) y, tras recorrer un camino repleto de dificultades, el proyecto comenzó a dar sus frutos.
La espina de noviembre
El fútbol, muchas veces, es cruel. En noviembre pasado, El Corte FC estuvo a sólo unos pasos de lograr el ascenso a la Primera División de la Liga Tucumana. Fue una final cerrada, cargada de tensión contra Cruz Alta. Tras el empate sin goles, el destino se decidió desde los 12 pasos. Los penales le fueron esquivos, dejando desazón en el barrio pero también una certeza: ya no son "el club nuevo", sino un competidor serio por los ascensos.
Para Luis, esa derrota fue sólo una pausa. "Sabíamos que nos iba a costar ser competitivos porque lo nuestro es a pulmón, pero ya demostramos que estamos a la par de cualquiera", reflexiona, e interrumpe la charla para dar indicaciones a los jugadores, que realizan el acondicionamiento físico tras el largo receso. “Este equipo no tiene recursos para refuerzos, se nutre casi exclusivamente de su propia cantera”, aclara con un dejo de orgullo.
Un mapa dibujado con el corazón
El nombre funciona como una brújula: El Corte FC es el corazón de uno de los barrios más grandes de Alderetes. Una zona que creció de forma explosiva pero que carecía de espacios de reunión: no había plazas, ni clubes. "Aquí nací, me crié y aquí me quiero morir", dice “Pato”.
FINALISTA. El Corte FC estuvo a punto de ascender en noviembre. En cancha de Atlético Concepción, todo el barrio acompañó.
Para Valdez, que el barrio tenga un nombre propio en el fútbol es una cuestión de dignidad. "Aquí aumentó muchísimo la cantidad de gente, pero no teníamos nada emblemático como tienen otros pueblos o ciudades", explica. El nombre del club responde a ese profundo sentido de pertenencia.
El origen de la institución es casi místico. De más joven, Luis tenía un sueño recurrente: un equipo con camisetas celestes y grises, del cual él formaba parte, enfrentando a un rival vestido de rojo, en un escenario profesional. Ese sueño se repitió tanto que terminó siendo una obsesión consciente. Tras varios intentos fallidos en 2002, 2008 y 2010, finalmente en 2014 la personería jurídica le dio forma a lo que ya funcionaba en las calles.
El club autopercibido
Antes de las oficinas y los trámites legales, El Corte ya existía en el convencimiento de su gente. "Desde siempre nos autopercibíamos club. Aunque no éramos nada legalmente, nosotros sentíamos que sí", recuerda con una sonrisa. Esa seriedad se notaba en la cancha de las ligas barriales, en donde marcaban la diferencia por su planificación y organización. "Nunca nuestro objetivo fue sólo ganar, sino que el chico aprenda y se forme. Ganar terminó siendo una consecuencia de hacer las cosas bien", explica, pausando su narración para pedirle a uno de sus colaboradores que alcance más agua a los jugadores.
El camino institucional fue un laberinto. Durante años, El Corte FC participó con éxito en las divisiones formativas e inferiores de la Liga Tucumana. Incluso llegó a gritar campeón en 2017 tras vencer a San Martín en la clase 2000. Sin embargo, el reglamento les ponía un techo: como club adherido, tenían voz pero no el derecho de competir en la Primera División con su plantel principal.
TODOTERRENO. Además de dirigir a la primera, "Pato" colabora con todas las categorías.
Ese proceso para jugar fue una odisea. Ante la falta de cupo inicial, El Corte FC tuvo que buscar refugio en la Liga del Noroeste Santiagueño para poder competir. "Jugábamos con las formativas en la Liga Tucumana y con la Primera en Santiago", recuerda Luis. Sin embargo, la reglamentación no lo permitía y fueron desafiliados por esa “doble identidad”.
Fue entonces cuando Valdez decidió que el reclamo debía ser físico y se instaló a dormir en la vereda de la Liga Tucumana. "Era la única forma de hacerme escuchar", afirma. Esa vigilia no fue en vano ya que le abrió las puertas a una reunión con Darío Zamoratte, presidente de la entidad rectora en aquel momento, quien les sirvió como guía y, tras exigir el cumplimiento de rigurosos requisitos legales y estructurales, finalmente les dio la bienvenida oficial en 2015.
Harina, queso y el milagro de los 200 chicos
Mantener un club de ascenso en Tucumán es una tarea de ingeniería financiera y de optimización del tiempo. Luis, que ha sido taxista, lavador de autos y vendedor ambulante, utiliza su pizzería como el motor económico del proyecto. "Lo único que no he sido es delincuente", bromea. Su jornada laboral comienza cuando el sol se oculta; trabaja en el horno de 21 a 00:30 para que los recursos fluyan hacia la cancha. “La pizzería es el principal sponsor del club. Está en la camiseta y eso atrae más clientes. Ambas actividades se retroalimentan”, detalla.
Su mayor inspiración para no bajar los brazos ante la dificultad de sostener toda esa estructura está en su propia casa. "Tengo mi abuela de 96 años que está postrada pero todavía hace planes y me pregunta cuándo voy a volver a poner el lavadero de autos, en donde ella me ayudaba anotando todo", cuenta con admiración. "Si ella con esa edad tiene proyectos, ¿cómo no voy a tenerlos yo?", concluye, justificando ese ritmo frenético que le permite soñar campeonatos mientras hornea pizzas.
Ese esfuerzo se traduce en un impacto social masivo. En un sólo entrenamiento, se llegó a registrar un récord de 203 chicos. Valdez sostiene una tesis audaz: los clubes influyen hoy más que cualquier otra cosa en la vida de los jóvenes. "En las escuelas vemos vandalismo y violencia; acá eso no sucede", explica. El éxito para él no es una vitrina llena, sino que un chico se vaya feliz de la práctica.
En su rol de guía, el presidente ha sido testigo de transformaciones que rozan lo milagroso. "He visto muchos casos de chicos que no estaban por buen camino y el deporte los terminó sacando de eso. Parece mágico", relata con emoción. No se trata únicamente de fútbol; la institución es un refugio inclusivo en el que tienen lugar desde chicos con autismo hasta discapacitados. "Aportamos a ese buen ser humano psicológica, espiritual y mentalmente", señala, antes de pedir permiso para darle nuevas órdenes al plantel que acaba de terminar las vueltas a la cancha que él había dispuesto.
El "yo del pasado" y el último baile
Luis se emociona al hablar de su "versión niño". El club que fundó es el lugar al que le hubiera gustado ir cuando era pequeño. Se conmueve al imaginar esa posibilidad que no tuvo: "Me hubiese encantado ser ese niño que viene a ser feliz jugando, defendiendo estos colores y luciendo el escudo de El Corte en el pecho", confiesa.
PREPARACIÓN. El plantel superior ya realiza la pretemporada de cara a un exigente 2026 donde buscarán el ascenso a la máxima categoría de la Liga Tucumana.
En su juventud, “Pato” fue arquero en distintos equipos de la Liga. Aunque todos le piden que se retire jugando al menos un partido oficial, sostiene que el miedo al "ridículo" se lo impide, aunque admite que se emociona de sólo pensarlo.
La verdadera grandeza
Para él, el crecimiento institucional de El Corte FC tiene un parámetro que va mucho más allá de los resultados del domingo. Su gran aspiración es que la entidad logre llegar a más personas y que la comunidad se asocie de manera masiva. Valdez sueña con aumentar el número de socios, algo que le dé espalda al proyecto para seguir creciendo.
En su reflexión final, marca una distancia clara con la visión tradicional del éxito deportivo. "A veces juzgamos otras cosas como el poderío económico, los éxitos deportivos, la popularidad o la infraestructura. Y, en realidad, eso no te hace grande. Lo que te hace grande es la estructura humana y la masa societaria", sentencia.
Ese engranaje cotidiano y la organización de cada partido recae en manos de Claudia Lencina, Rodrigo Páez, Walter Leguizamón, “Chino” Zelaya, Patricio Valdez y Ariadna Alderete, quienes sostienen el funcionamiento diario.
“En nuestros mejores momentos llegamos a tener más o menos 200 socios, y en los peores unos 25. Siempre hay que estar atentos, aprender cuestiones de marketing, para tratar de mantener a la gente”, analiza.
Luego de posar para las fotos que ilustran la nota, la pretemporada sigue su curso y el silbato de "Pato" vuelve a sonar. Todo el barrio se embarca en un nuevo intento de ascender. Al final del día, cada pizza vendida y cada indicación táctica tienen un solo destino. “Todo es para el club”, concluye.







