La misa de hoy: siempre Dios nos busca

Por Presbítero Marcelo Barrionuevo.

Hace 5 Hs

La Cuaresma normalmente la relacionamos con el desierto. Sin embargo, las lecturas de este domingo nos muestran cómo este tiempo de preparación para la Pascua también nos habla de manantiales inesperados. Desde la roca golpeada por Moisés, que escucharemos en la primera lectura, hasta el diálogo íntimo de Jesús con la samaritana en el Evangelio, descubrimos -junto a San Pablo- que la iniciativa de la salvación siempre es de Dios. Por ello, cabe preguntarnos: ¿Somos realmente conscientes de que el amor incondicional nos justifica, nos embellece interiormente y nos da el coraje necesario para abandonar viejas seguridades y nacer de nuevo en el Espíritu?

El Evangelio de este tercer domingo de Cuaresma nos indica que este comenzar de nuevo se hace realidad en la samaritana: esa mujer cuya vida estuvo marcada por incesantes búsquedas frustradas y naufragios afectivos, y que acabó viciando su relación con Dios como inevitable resultado de tantos desencantos. Su existencia y su vivencia de lo religioso estaban inmersas en un pozo de aguas muertas, o dicho de otra manera, en un caudal estancado que ya no servía siquiera para refrescar en el bochorno más pesado.

Sin embargo, precisamente desde esa sequedad y estancamiento es desde donde Jesús va a tomar la iniciativa. Su ofrecimiento de una nueva búsqueda para descubrir un agua distinta no solo sorprende y descoloca a la samaritana, sino que poco a poco le va haciendo salir de su superficialidad y le hace sentir sed de profundidad espiritual; la sed de una nueva manera de entender lo religioso, que ya no dependerá de lugares físicos ni geográficos, sino del torrente de «agua viva» que es Él mismo y que desemboca en lo más íntimo de su ser.

Que durante este tiempo de Cuaresma seamos mendicantes de esa «agua viva» que nos propone Jesús en el Evangelio de hoy. Que tengamos el coraje de dejar nuestros cántaros a un lado -con todo su peso de rutinas sin sentido y cargas innecesarias- y nos dejemos embriagar con la frescura de este mensaje, que nos invita a amar y ser amados con una mirada libre de prejuicios. Así, el día de Pascua podremos proclamar, como la samaritana del evangelio de Juan, la esencia de nuestra fe: nada de lo humano puede ser indiferente al anuncio del Evangelio. Porque su mensaje de felicidad y salvación alcanza a cualquier persona, sin que importen sus circunstancias vitales

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