Récords de lluvias y eficiencia productiva
El cambio en el clima transformó el régimen de precipitaciones y de temperaturas a escala global y Argentina no es ajena a esta situación. En este punto, el problema radica en que, en el campo, la actividad productiva de alimentos tiene una fuerte dependencia del agua.
Todos los productores agropecuarios saben perfectamente lo imponderable que es el comportamiento climático que muchas veces se sale de curso y no se comporta de acuerdo con los promedios históricos que se dan en sus diferentes parámetros como lo son las temperaturas y las precipitaciones.
Solo basta analizar la situación actual que se viene dando en la región con lluvias caídas que superaron ampliamente los promedios mensuales y que hasta ahora beneficiaron a la mayoría de los cultivos implantados en las provincias del NOA.
Actualmente se espera que las lluvias disminuyan y que el sol salga con más frecuencia para que los cultivos cumplan sus ciclos biológicos y, cuando llegue la cosecha, no haya dolores de cabeza.
Lo cierto es que el agua, durante fines de la primavera y el verano 2026, no faltó y los productores están conformes con lo que llovió, en demasía en algunos casos, por lo que los cultivos pudieron crecer y desarrollarse sin inconvenientes por el adecuado suministro de agua para sus raíces.
Todos sabemos que el agua es un recurso natural de extrema necesidad para la vida en todo el planeta. Por lo tanto, su adecuada utilización resulta vital para que el hombre, los vegetales y los animales puedan vivir y multiplicarse.
Esta necesidad se nota siempre que hay un faltante importante, ya sea para el consumo humano o cuando se presentan sequías estacionales que afectan a cultivos en pleno crecimiento y desarrollo.
El agua es fundamental para que el hombre de campo, mediante su trabajo, produzca los alimentos necesarios para toda la humanidad.
Debido a esto, en todas las regiones productoras de alimentos del país existen instituciones, investigadores y empresas que se dedican al desarrollo y a la evaluación de diferentes estrategias de riego, que permitan ahorrar la mayor cantidad posible de agua para minimizar el impacto sobre la productividad.
Se trata de investigaciones orientadas no solo a hacer un uso más eficiente del recurso, sino también a mejorar el entendimiento sobre las necesidades hídricas de los cultivos en los ambientes particulares de la Argentina.
Todos sabemos que el cambio en el clima transformó el régimen de precipitaciones y de temperaturas a escala global. Argentina no es ajena a esta situación. En este punto, el problema radica en que, en el campo, la actividad vinculada con la producción de alimentos tiene una fuerte dependencia del clima. Más específicamente del agua, que en su mayoría proviene de las lluvias, a las que se suman las de la nieve o los deshielos.
Es por ello necesario entender el rol del agua y los mecanismos que utilizan las plantas para reconfigurarse frente a la falta o el exceso, y seguir produciendo sus frutos.
Los especialistas en estudiar el comportamiento de las plantas frente al agua en exceso o defecto indican que el esta es un elemento esencial para la producción debido a que proporciona un medio para la absorción y el transporte de nutrientes a los tejidos. Además, el agua también mantiene la temperatura de la planta, evitando que los órganos se sobrecalienten; ayuda a regular la cantidad de oxígeno disponible en la planta; mantiene la turgencia de los tejidos; permite el crecimiento e interviene en numerosos procesos metabólicos fundamentales, como la fotosíntesis, reduciendo el estrés del vegetal y evitando el daño por sequía.
El clima siempre fue un factor de riesgo para la producción agrícola y, en este contexto, la contingencia por la escasez de precipitaciones, algo que muchas veces es habitual en el NOA, se ve incrementada.
En esta temporada, esa falta de agua en los cultivos no existió, pero no significa que las sequías estacionales no vuelvan a aparecer en la región.
Es por ello que no debemos olvidarnos de seguir trabajando para esas situaciones. Se vuelve imprescindible desarrollar proyectos para implementar las prácticas necesarias para adaptarse a estas condiciones y no quedar a mitad de camino con lo producido.
El agua es importante para las diferentes etapas de un cultivo: ya sea al comienzo, durante la siembra y emergencias de las plántulas y durante todo el ciclo de crecimiento y desarrollo del cultivo, por lo que disponerla en esos momentos críticos es fundamental para el éxito del cultivo.
Es por ello que, en un momento en que las modificaciones en los patrones de lluvias y en las temperaturas sufrieron grandes modificaciones, analizar los comportamientos del clima y prepararse para saber cómo usar de manera eficiente el agua es fundamental. Si tenemos en cuenta esto en un momento de abundancia como este, la idea servirá para enfrentar con mayor eficacia los momentos de falta del recurso agua.







