Los expertos destacaron que el consumo de pasta de maní puede ayudar en la fuerza y autonomía después de los 50 años.

Mantener la autonomía y la fuerza física a medida que sumamos años es una de las mayores aspiraciones para una vida plena. Con el paso del tiempo, la masa muscular comienza a disminuir naturalmente, un proceso que suele acelerarse tras los 50 años. Esta pérdida no solo afecta nuestra composición corporal, sino que eleva considerablemente el riesgo de caídas, un problema que afecta a uno de cada cuatro adultos mayores de 65 años anualmente.
Si bien el entrenamiento de fuerza y una nutrición adecuada siguen siendo los pilares fundamentales para contrarrestar este deterioro, un estudio publicado en el medio EatingWell arroja luz sobre un aliado sencillo y accesible: la pasta de maní. Según una investigación realizada por el Instituto de Actividad Física y Nutrición (IPAN) de la Universidad de Deakin, en Australia, este alimento básico de la despensa podría ser clave para preservar la potencia del tren inferior.
¿Qué demostró la investigación?
El estudio, un ensayo controlado aleatorio de seis meses, siguió a 108 adultos de 65 años en adelante que presentaban riesgo de caídas. Mientras un grupo mantuvo su dieta habitual, el otro incorporó diariamente 43 gramos (aproximadamente una cucharada y media) de pasta de maní. El objetivo era observar cambios en su función física sin realizar modificaciones extremas en sus rutinas de ejercicio.
Los resultados fueron reveladores: los participantes que consumieron pasta de maní a diario mostraron una mejora notable en la potencia de la parte inferior del cuerpo al realizar pruebas de sentarse y levantarse. Esto es crucial, ya que esta capacidad es la que nos permite realizar actividades cotidianas fundamentales, como subir escaleras o levantarse de una silla con facilidad, preservando así la independencia.
Un complemento, no una solución mágica
Es fundamental aclarar que, aunque el hallazgo es alentador, la pasta de maní no es una "fórmula mágica" para la longevidad. El mismo estudio observó que, durante los seis meses de intervención, no hubo cambios significativos en la velocidad de marcha ni en la masa muscular general. Además, se debe tener en cuenta que el aporte calórico diario adicional, si bien no provocó aumentos de peso en los participantes, debe integrarse de manera consciente en el balance energético personal.
Como señalan los expertos, este hábito debe entenderse como parte de un enfoque integral. "Mantener la fuerza y la función a medida que envejece probablemente requiera una combinación de una dieta saludable en general combinada con movimiento regular para desarrollar la fuerza", concluyen los investigadores.








