La obesidad es un factor de riesgo modificable, con cambios en el estilo de vida, es posible reducir sus consecuencias en la salud.

En el marco del Día Mundial de la Obesidad, que se conmemoró ayer, profesionales de la salud encendieron una señal de alarma en Catamarca: cerca del 80% de la población presenta obesidad o riesgo de sobrepeso. La situación genera especial preocupación porque la problemática ya se observa con fuerza entre niños y adolescentes.
La licenciada en Nutrición Carmen Sosa, integrante de la Dirección de Enfermedades Crónicas del Ministerio de Salud, explicó que la provincia no está ajena a las estadísticas nacionales y mundiales y advirtió que cada vez se registran más casos en edades tempranas.
“Hoy tenemos niños con hipertensión, con triglicéridos elevados y con diabetes infantil. Son enfermedades crónicas que antes se veían en adultos y ahora aparecen a edades muy tempranas”, señaló la profesional a El Ancasti.
Si bien aún no están disponibles los datos consolidados de 2025, los registros de 2024 ya reflejaban un elevado índice de sobrepeso y obesidad infantil. Las evaluaciones realizadas por el programa PROSANE detectaron especialmente estos problemas en alumnos de primero y sexto grado.
Actividades de prevención
En este contexto, hasta el final de la semana se realizarán distintas actividades de promoción y prevención en la capital catamarqueña. El objetivo es generar conciencia y fomentar hábitos saludables desde la infancia.
Este viernes se desarrollará una jornada en la Plaza de Villa Cubas con la participación de establecimientos escolares y equipos interdisciplinarios. También se realizarán acciones en el Parque Adán Quiroga.
Las iniciativas buscan trabajar directamente con las familias y con los niños para promover una alimentación equilibrada, reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y fortalecer hábitos saludables.
En ese sentido, Sosa destacó el impacto positivo que tuvo la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida por los octógonos negros en los envases, en la toma de conciencia entre los más chicos.
“Los chicos aprendieron muy rápido a leer los sellos. Muchas veces son ellos quienes nos enseñan a los adultos por qué hay que reducir el consumo de ciertos productos”, explicó.
Cambiar hábitos
Los especialistas reconocen que uno de los mayores desafíos es modificar hábitos profundamente arraigados en la cultura alimentaria local. Entre ellos, el consumo cotidiano de bebidas gaseosas durante las comidas o la creencia de que una comida no está completa sin carne.
“Es algo cultural que la gaseosa esté siempre en la mesa. Se trabaja mucho en promover el consumo de agua y de aguas saborizadas naturales”, indicó la nutricionista.
También recordó que la carne puede reemplazarse por otros alimentos, como legumbres o huevo, y que no es necesario consumirla todos los días. Además, remarcó la importancia de incorporar frutas y verduras variadas para asegurar el aporte de vitaminas y minerales esenciales.
Aunque reconoció que los cambios suelen ser graduales, destacó que existe una mayor conciencia social gracias al trabajo en las escuelas y al acompañamiento de los medios de comunicación.
“La prevención es fundamental. Todo suma. Si logramos que un niño reemplace la gaseosa por agua para ir al colegio, ya es un gran paso”, afirmó.
La obesidad es considerada una enfermedad crónica y multifactorial que aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otras patologías graves. Ante este escenario, desde el Ministerio de Salud remarcaron la importancia de reforzar las políticas de promoción y prevención para evitar que las cifras continúen en aumento.







