LLEGADA. El equipo que trasladó las semillas de olivo inmortalizó el momenti en la puerta de la bóveda.

La Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Svalbard Global Seed Vault), también es conocida como “Arca del Fin de Mundo” o “Bóveda del Apocalipsis”. No es ciencia ficción, el plan científico sigue cumpliendo su función: almacenar duplicados de las semillas comestibles que hay en el mundo. La última en ingresar fue la semilla que permitirá que el olivo permanezca como materia prima en caso de desastres naturales (inundaciones, sequías), guerras (que destruyan los bancos de semillas locales) o el cambio climático y plagas que extingan variedades de cultivos.
En el caso de la semilla de la que salen aceites y las aceitunas mismas, se enviaron 50 variedades a la bóveda más protegida del planeta. El cultivo del olivo es esencial para la economía, la cultura y la dieta mediterránea y mundial garantizando la sostenibilidad del aceite de oliva en un mundo incierto. Por la incidencia en esa zona del planeta, no llama la atención que el aporte haya llegado de la Universidad de Córdoba, España.
Riqueza
A diferencia de muchos cultivos, el olivo no suele reproducirse por semillas, sino por métodos vegetativos como esquejes o injertos. La conservación en la bóveda permite conservar exactamente las mismas características de una variedad. En lugar de conservar únicamente clones vivos en campos experimentales, se optó por preservar semillas obtenidas mediante polinización abierta y poblaciones silvestres. Así se amplía el espectro genético. El material silvestre alberga una riqueza biológica incalculable acumulada durante cientos de miles de años.
El olivo enfrenta una combinación de amenazas cada vez más preocupante: aumento de temperaturas, sequías prolongadas, nuevas plagas, expansión de monocultivos y pérdida de diversidad genética. Por eso es que la decisión no es casual: a la cuestión académica se le suma una que es estratégica para proteger su base genética.
El aporte argentino
Argentina ha enviado muestras de semillas a través del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria). El INTA tiene su propia red de bancos de germoplasma en el país, pero decidió enviar duplicados a Noruega, donde está la resistente estructura, para mayor seguridad. Principalmente, el país envió variedades de trigo, maíz y soja, que son fundamentales para la economía y la alimentación. También se han enviado muestras de maní, cebada y girasol.
Argentina no solo envía lo que más exporta. Los científicos ponen especial énfasis en las variedades criollas o antiguas, esas que quizás hoy no se usan de forma masiva en el campo, pero que tienen genes resistentes a sequías o enfermedades que podrían ser vitales en el futuro. Motivos más que suficientes para poner una semilla en el lugar que puede soportar una explosión nuclear.







