Adiós a Osmar Mendoza, el maestro que enseñó a vivir desde el deporte

Falleció a pocos meses de cumplir 100 años. Fue profesor en la UNT, en la escuela Normal y se convirtió en un activo protagonista del deporte tucumano.

JUNTO A SUS HEREDEROS. Osmar Mendoza, acompañado por dos de sus hijos, Osmar Mario y Ada Alicia. JUNTO A SUS HEREDEROS. Osmar Mendoza, acompañado por dos de sus hijos, Osmar Mario y Ada Alicia.
Carlos Werner
Por Carlos Werner Hace 2 Hs

En perspectiva, Osmar Arnaldo Mendoza dejó una huella muy profunda en la historia de la educación física en Tucumán y en Argentina. Conocido como “El Tigre” por generaciones de estudiantes tucumanos, falleció este sábado, generando lógicas muestras de tristeza en los distintos ámbitos educativos y deportivos. Nacido un 25 de septiembre de hace 100 años en Paraná, Entre Ríos, creció en una familia sencilla, entre juegos y mojarritas fritas que pescaba en el río Paraná. “Mi madre, Ada Alicia Budini, era italiana. Las hacía muy bien. Papá, Isidoro, era criollo, bien criollo, empleado de Obras Sanitarias”, recordó con cariño en una entrevista póstuma, efectuada en 2025 en ocasión del festejo de los 150 años de la fundación de la escuela Normal Juan Bautista Alberdi, en la que tuvo un recordado paso de muchos años.

Desde niño sintió el llamado de la vocación docente. “Siempre quise ser profesor de educación física, de chico”, dijo. A los 17 años viajó solo a Buenos Aires para ingresar al Instituto de Educación Física en San Fernando, único en el país en ese entonces. Vivió en un internado donde se formaban jóvenes bajo un régimen exigente y comunitario. “Estudiaba mañana, tarde y noche. Era un ambiente muy especial. Formábamos parte de grupos: los Huayros y los Churos. Competíamos en deportes y en notas. No sólo era por deporte, sino también por rendimiento escolar”.

En San Fernando se destacó como jugador de vóley (era rematador) y pelotari, disciplina que lo acompañaría toda la vida. “Yo me destacaba en pelota paleta. También me gustaba el voleibol, lo jugué desde los 9 años.” Se recibió en 1947 con el mejor promedio.

Su carrera profesional comenzó en Victoria, donde fue maestro, profesor y empleado del ferrocarril. Allí conoció a su esposa, Mabel del Carmen Balcaldi Quintana. Pero su destino cambió en 1949, cuando su ex profesor Federico Dickens lo convocó a Tucumán para formar parte de un nuevo proyecto universitario. “De Tucumán no sabía nada, pero me vine. A esa altura ya estaba de novio.” Llegó sin reservas ni contactos. “Fui a parar a la pensión de doña Rosarito. Desde allí caminaba al trabajo hasta que me compré una moto”.

Adiós a Osmar Mendoza, el maestro que enseñó a vivir desde el deporte

En Tucumán desarrolló una carrera de casi cinco décadas como docente universitario y en la escuela Normal. Allí fundó un equipo de vóley que marcó época: fue 17 años campeón intercolegial, campeón del Norte y subcampeón argentino. Sin medios ni lujos, sacó adelante a sus equipos con esfuerzo. “Jugaba con lo que tenía. No había zapatillas de todo tipo. No contaba con privilegiados físicamente. Tenía sólo 100 varones para seleccionar”, contó.

La formación, para Mendoza, iba más allá del deporte. “Yo era justo. No le daba de más a nadie. El que merecía, lo merecía”. Con una mezcla de exigencia y afecto, supo ganarse el respeto de sus alumnos: “No me compraba nadie, pero a los que andaban bien los trataba como a un hijo”.

Su apodo “El Tigre” surgió en Tucumán. “Fue porque no le perdonaba nada a nadie. Era implacable”, Aunque en su infancia, en Paraná, lo llamaban “Tití” en el club Ciclista, donde comenzó a practicar pelota paleta.

Más allá del aula y la cancha, Osmar Mendoza fue un formador de instituciones. Fundó la Federación de Softbol de Tucumán, la primera de béisbol y participó en la creación de la de vóley. También se convirtió en socio vitalicio de Atlético Tucumán, club donde jugó como pelotari y que consideraba su casa.

Su mirada crítica sobre el fútbol moderno también lo distinguía. “Desde el punto de vista educativo, el fútbol tal cual se presenta hoy es un modelo pernicioso. La sobredosis de TV modifica los hábitos de los chicos. Hay un fenómeno de mercado en el que el adolescente tiene otros intereses y se aleja del deporte”.

Sobre su rol como educador, fue siempre claro: “El profesor no tiene que ser amigo del alumno. Tiene que ser docente y no perder esa condición nunca”. Su trabajo fue muchas veces silencioso. “Ayudé todo lo que pude”, sostuvo.

Aunque fue exigente, también lo abarcó lo humano. Siempre se enorgulleció de haber formado futuros profesores. “Muchos alumnos que tuve fueron después profesores de educación física. La veían un poco a la profesión en mi figura, aunque me da un poco de vergüenza decir esto”.

A lo largo de los años, su figura fue reconocida: apareció en notas desde 1954, y fue incluido en el libro 100 ídolos tucumanos 1912-2012. Conoció a Juan Domingo Perón, a quien vio tres veces por temas de educación física.

Adiós a Osmar Mendoza, el maestro que enseñó a vivir desde el deporte

En sus últimos años de vida, ya postrado por una caída, recordaba sus múltiples viajes y a los amigos. “Tuve una vida austera y saludable. No fumé nunca. Alcohol, lo justo. Recuerdo que al vino le ponía soda y mis amigos se agarraban la cabeza. Yo sólo buscaba apagar la sed”, contó con humor.

Cuando se le pregunta si logró todo lo que se propuso, respondió con serenidad: “Fui modesto en mis proyectos. Sé hasta dónde llegué. Me impuse un plafón y lo logré”. Y dejó un mensaje claro a las nuevas generaciones: “No hay mejor cosa que estudiar. Estoy convencido de eso”.

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