ROMPER BARRERAS. La obra invita al público, luego de verla, a abrir conversaciones sobre muchos temas tabú.

Hay obras que entretienen. Otras que conmueven. Y algunas que, además, dejan una pregunta que resuenan mucho después de que se apagan las luces de la sala. “El loco y la camisa” pertenece a esta última categoría. Desde su estreno en agosto de 2022, la pieza no sólo consolidó un recorrido sostenido en Tucumán y otras provincias, sino que se convirtió en un fenómeno inesperado. Ya fue vista por más de 60.000 personas y mañana, a las 21, regresará una vez más al escenario del teatro Mercedes Sosa.
La obra nació casi como una apuesta íntima. Se estrenó en la sala Ross, un espacio para apenas 45 espectadores, con la idea inicial de hacer una función por fin de semana. No obstante, la respuesta del público sorprendió al todo elenco. El mismo fin de semana del estreno tuvieron que sumar funciones viernes, sábado y domingo, incluso con dobles presentaciones. Luego llegaron las funciones en el Centro Cultural Virla, el teatro Rosita Ávila, giras por el NOA y dos temporadas previas en el Mercedes Sosa.
Su versión tucumana
El proyecto comenzó cuando Emanuel Rodríguez acercó el texto a Viviana Perea tras haber visto una versión en Buenos Aires. “Nos contactamos para solicitar los derechos al autor y cuando recibimos el texto entendimos que necesitaba una adaptación para Tucumán”, cuenta Perea, la directora y actriz de este éxito sobre tablas.
El proceso no fue simplemente cambiar referencias geográficas. Implicó un trabajo profundo de construcción colectiva. A partir de improvisaciones, ensayos y propuestas actorales, el equipo fue moldeando una versión propia.
Se modificaron nombres de barrios, calles y situaciones para que el público local pudiera reconocerse en esa familia que sube a escena.
“Queríamos que el espectador sintiera que esa historia podía estar ocurriendo en su propia casa o en la del vecino”, explica la directora. Y hoy esa cercanía es, en buena medida, una de las claves del impacto que genera la obra.
En escena estarán Emanuel Rodríguez, Lily Juárez, Max Meloni y la propia Viviana Pereira, con producción de Lucas Rodríguez.
Salud mental y algo más
Si bien el núcleo temático gira en torno a la salud mental y la discapacidad, la obra no se agota allí. “Ese es el punto de partida, pero después aparecen muchas otras capas”, comenta Perea.
La historia pone en foco aquello que muchas veces se silencia: cómo es el lugar ocupa una persona con discapacidad dentro del seno familiar, qué se dice, qué se oculta y qué se naturaliza.
Y en adición, también abre la puerta a otros conflictos. A través de la puesta en escena se pueden observar vínculos atravesados por relaciones de poder, violencias instaladas en lo cotidiano, micromachismos que se expresan en una palabra, un gesto o una respuesta aparentemente inofensiva.
El personaje de Beto (el joven con discapacidad) funciona como catalizador. A su alrededor, la familia expone tensiones, frustraciones y dinámicas que el público reconoce con rapidez. “Si alguien no se siente interpelado por el tema de la discapacidad, seguramente se sentirá identificado con un vínculo tóxico, con una relación de pareja o con algo que vio en sus propios padres”, sostiene la directora.
Reír para incomodarse
Uno de los rasgos más destacados de la puesta es la combinación de humor y drama. La obra permite momentos de risa, pero esa risa nunca es liviana.
“El texto tiene algunos guiños, sobre todo en el personaje de Beto, pero gran parte del trabajo fue encontrar esos momentos desde la dramaturgia del actor”, explica Pereira. A través de la improvisación y el ensayo, el elenco fue construyendo pequeños respiros que permiten relajar la tensión antes de que el conflicto vuelva con más fuerza.
“El espectador se ríe y, casi de inmediato, se pregunta por qué se rió. Esa incomodidad es muy potente”, describe. Esa oscilación entre lo cómico y lo doloroso genera una experiencia intensa, donde la identificación suele ser inevitable.
Después del telón
Tal vez uno de los fenómenos más significativos que rodean a “El loco y la camisa” no ocurre sobre el escenario, sino después de la función.
“La obra trasciende el momento del teatro. La gente se va a comer y sigue hablando de lo que vio. Nos han contado que fue tema de conversación en la mesa del domingo”, relata Pereira. Ese efecto, coinciden aquellos que ya la disfrutaron, que ese es uno de los mayores logros.
Esta obra tiene como particularidad que brindó funciones destinadas a colegios, a adolescentes debatieron sobre relaciones tóxicas y la dificultad de salir de ellas.
En el público adulto, por otro lado, emergen otras lecturas: la relación entre madre y padre, los silencios prolongados, las violencias que se heredan y se repiten.
Muchos espectadores regresan con familiares o amigos. Algunos la vieron dos, tres y hasta diez veces. “Hay personas que sienten que alguien más tiene que verla. Y vuelven”, cuenta la directora.
La cita
“Siempre decimos que el teatro tiene la capacidad de hacernos mirarnos en un espejo”, reflexiona Pereira. En tiempos en los que la salud mental ocupa cada vez más espacio en la agenda pública, la obra propone una mirada íntima, cruda y necesaria.
La función será mañana desde las 21 en el teatro Mercedes Sosa, y quienes aún no tengan sus entradas pueden aprovechas la promoción 2x1 para socios de Club LA GACETA.
Como expresó Perea durante esta entrevista, esta es una invitación a reír, emocionarse y, sobre todo, animarse a hablar de salud mental y de todo aquello que muchas veces se esconde bajo la alfombra familiar.








