Decenas de muertos en una seguidilla de ataques en Irak

La ola de violencia dejó en un solo día al menos 40 víctimas mortales y más de 100 heridos, entre efectivos de EE.UU., civiles y policías.

30 Abril 2005
BAGDAD.- Una docena de atentados con coches bomba, además de ataques con morteros, dejaron ayer unos 40 muertos y más de 100 heridos en Irak. Se trata de una de las jornadas más sangrientas de los últimos meses, que se produjo un día después de la formación del gobierno. Aún quedan siete carteras sin titular definitivo, entre ellas las de Defensa y Petróleo, consideradas clave; el primer ministro, el chiíta Ibrahím al Jaafari, prometió designar a los funcionarios. Los sunnitas quedaron desplazados de este nuevo gobierno, que recibió el apoyo de Washington y observado con cautela por países árabes.
La principal ola de ataques comenzó en Bagdad, a las 8, con las explosiones casi simultáneas de cuatro coches bomba en dos barrios sunnitas, que dejaron 13 muertos y 50 heridos entre soldados, policías y civiles iraquíes, además de unos 30 heridos. El jefe de Al Qaeda en Irak, Abu Mussab Al Zarqawi, instó a continuar atacando a las fuerzas estadounidenses en un mensaje de audio. "A los hijos de la nación islámica: firmeza, firmeza", dice.

Desde Erbil hasta Basora
A media mañana, dos coches bomba estallaron con poco tiempo de diferencia al este de la capital: el primero, al paso de un convoy del ejército iraquí, y el segundo cuando la Policía quiso inspeccionar un vehículo sospechoso. La seguidilla de estruendos se expandió por casi todo el país, y hasta en ciudades tan distantes una de otra como Erbil, en la región kurda norteña, y Basora, al sur del país.
Tres soldados norteamericanos murieron y dos resultaron heridos en dos ataques con coches bomba, uno en el oeste del país y otro al norte de Bagdad. Según el Pentágono, suman 1.568 los efectivos muertos en Irak desde la invasión, hace dos años.
En sus oraciones del viernes, los imanes chiítas pidieron al gobierno más inseguridad. Uno de ellos exigió incluso la ejecución del derrocado Saddam Hussein, que espera en prisión ser juzgado. Los sunnitas, que en el flamante gabinete lograron sólo puestos secundarios, temen una campaña de represión en su contra, ya que son los acusados de animar la rebelión. (AFP-NA)

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