30 Abril 2005 Seguir en 
"Guerra injusta", "Guerra sin sentido" fueron algunos de sus muchos apelativos. Hoy se cumplen 30 años del fin de la guerra de Vietnam, uno de los hitos de la historia mundial.
La evacuación de la embajada de EEUU en Saigón (ahora Ciudad Ho Chi Minh) marcó el término del primer -y hasta hoy único- conflicto bélico en el que las armas del gran país del Norte no pudieron imponerse. Esto ocurrió a pesar de que la guerra causó 58.000 muertos y miles de desaparecidos en las tropas estadounidenses y de unos 3 millones de vietnamitas del sur y del norte.
En Vietnam, hoy, casi dos tercios de la población tiene menos de 30 años y no ha conocido la guerra. Tal vez por ese motivo, en una especie caricatura de un hecho horroroso, los comercios céntricos de Ho Chi Minh, en busca de ganar dinero mediante la venta de souvenirs sobre aquella guerra, ofrecen hoy mecheros Zipo con la forma de soldados estadounidenses, uniformes de ex combatientes comunistas y otros recuerdos.Pero no todo es superficial como la venta de souvenirs bélicos.
Heridas profundas
Como lo destaca la filósofa Lilia Frieiro, la odiada contienda, tanto por los vietnamitas como por los americanos, desató entre estos un conflicto que se expresó a través de la "objeción de conciencia". La resistencia masiva al reclutamiento entre los jóvenes norteamericanos, puso en evidencia la endeblez del recurso de objeción contemplado en la Constitución americana: la ley sólo consideraba legítima la objeción por motivos religiosos, y no a una guerra, sino a todas. No daba como válida una objeción meramente moral o filosófica. Se podía ser pacifista por motivos religiosos, pero no oponerse a una guerra por considerarse inmoral o injusta. Señala Frieiro que la crueldad de la guerra de Vietnam y la derrota americana demostraron el anacronismo de aquella ley que culminó en 1972 con la implantación del ejército profesional y voluntario. A partir de ese hecho, el ejemplo norteamericano fue calando en las nuevas generaciones y hoy son pocos los países occidentales que mantienen un servicio militar obligatorio, y sólo debido a estados de virtual conflicto interno.
El fin de la Guerra Fría, la globalización de las comunicaciones y de la economía precipitaron la redefinición de los ejércitos en función de la nueva soberanía emergente.
Sin embargo, el movimiento pacifista global y masivo que se generó en contra de la guerra de Irak volvió a poner sobre la mesa los mismos argumentos antibelicistas contra la "guerra injusta" que simboliza Vietnam.
A tres décadas del 30 de abril de 1975, la ex Saigón, capital de Vietnam del Sur, es ahora el pulmón económico de Vietnam reunificado. Es por eso que las conmemoraciones tienen una vertiente sobre todo económica, lejos de las alusiones a los vencedores y vencidos. El lema oficial de las celebraciones es: "Saigón-Ho Chi Minh, 30 años de construcción y desarrollo".
El ingreso de EEUU en ese conflicto encendió un exacerbado antinorteamericanismo en gran parte del mundo. En Tucumán también eran moneda corriente las movilizaciones y las protestas. Ese espíritu político impactó profundamente, sobre todo en los jóvenes de aquella época, y aunque la historia ubique esos hechos a una cierta distancia, esa guerra y la implicancia norteamericana marcaron a fuego a la realidad internacional.
Un síndrome positivo
Por Eduardo Roca, ex embajador en eeuu del consejo argentino para las relaciones internacionales
El 30 de abril de 1975, cuando lo que restaba del gobierno de Vietnam del Sur rindió armas y el personal diplomático de EEUU fue fotografiado retirándose en helicóptero a los barcos, terminó un conflicto político-militar que conmovió al mundo con la misma fuerza con que lo hizo Irak. Y quizás más.
Venía de 30 años atrás, con la declaración de independencia formulada por Ho Chi Min. Francia, la potencia colonial, fue derrotada en 1954. Con vacilaciones, el presidente Kennedy tomó la posta para impedir que el comunismo se expandiera. Tras el asesinato de Kennedy, Johnson fracasó en la empresa y resignó su segundo período. El binomio Nixon-Kissinger consiguió desprenderse en 1973. Librados a su suerte, algunos hombres del sur escaparon y los demás se entregaron.
Pero lo sorprendente es que EEUU, gracias a esfuerzos como el del senador John Kerry reanudaron relaciones de toda clase con Vietnam y sus soldados regresan allí como turistas.
Aparte de su duración, aquella guerra se diferencia de la reciente en que dividió la nación norteamericana de una manera cercana a la guerra civil por carecer de justificación clara. Me tocó estar en Washington representando al gobierno nacional en el período crítico. Las universidades estaban sublevadas y muchos estudiantes desertaban; varios murieron. El país quedó conmovido y trabado por el llamado síndrome de Vietnam: la imposibilidad de entrar en ningún conflicto que implicara la muerte de la tropa.
Por varios factores desaparecieron los síntomas: la presidencia de Reagan; la supresión de la conscripción obligatoria y la voladura de las Torres Gemelas. Ahora, la pregunta sin respuesta que se hace el mundo es: ¿no hubiera sido mejor conservar el síndrome? (Especial para LA GACETA)
El fin de la inocencia
Por Luis Rosales, analista internacional, representante de Dick Morris en América Latina
La Guerra de Vietnam significó el fin de la inocencia nor teamericana. El Imperio dominante, sólo 30 años antes al finalizar la Segunda Guerra Mundial había tomado conciencia de su rol central en el mundo.
Los norteamericanos entendieron el alto costo que había que pagar por intentar moldear al planeta a su imagen y semejanza. Miles y miles de body bags regresando a casa era una imagen que traumatizaba todas las noches a millones de televidentes. Fue la primera guerra transmitida por TV directa. Este fenómeno cambió para siempre la forma de combatir de los americanos. Desde entonces sería mucha tecnología y poco contacto cuerpo a cuerpo, para alivianar el costo en hombres y su consecuente impacto en la opinión pública.
Marcó también el cenit del comunismo soviético y el maoísmo chino, que creyeron que después de la derrota vergonzante de Washington podrían seguir presionando en los confines subdesarrollados del planeta. El mapa del Tercer Mundo se fue tiñendo de rojo. Parecía que la balanza de la Guerra Fría se inclinaba hacia Moscú y Pekín.
Hoy Vietnam es una economía floreciente, que finalmente terminó aplicando lo más extremo de la receta que treinta años había rechazado a sangre y fuego. Los norteamericanos siguen preocupados por los temidos body bags, pero atentos a otros rincones del planeta. Moscú y Pekín compiten por quién inaugura más Mc Donalds o tiendas Prada. La gran pregunta entonces es si todo aquel esfuerzo y dolor en la selva indochina habrá valido la pena. (Exclusivo para LA GACETA)
La jungla de celuloide
Por Juan Carlos Di Lullo
El cine norteamericano se despidió de la visión heroica que había dominado los filmes sobre la Segunda Guerra Mundial a partir de las versiones del conflicto en el sudeste asiático. En 1979, cuando Francis Ford Coppola deslumbró con el alucinante viaje del capitán Willard en "Apocalypse Now" por los ríos de Cambodia, ya hacía un año que se habían estrenado "Regreso sin gloria" y "El francotirador". En estas dos películas -con escasas escenas bélicas- se calaba hondo en los ecos que producían en la sociedad norteamericana las atrocidades que se registraban en las lejanas selvas asiáticas.
Con algo más de distancia histórica, la visión hipercrítica de la guerra de Vietnam volvió con fuerza en la década del 80, con dos filmes de Oliver Stone ("Pelotón" y "Nacido el 4 de Julio") y el duro alegato sobre la dignidad del hombre que Stanley Kubrick tituló "Full Metal Jacket" ("Nacido para matar"). Sin embargo los fantasmas surgidos de los pantanos vietnamitas sobrevolaron con mayor o menor peso en decenas de filmes -no sólo del género bélico- rodados en las últimas tres décadas.
Armas
Los helicopteros, fueron un vehiculo clave en la contienda ya que sirvieron para el lanzamiento de proyectiles de napalm (con materias incendiarias)
La evacuación de la embajada de EEUU en Saigón (ahora Ciudad Ho Chi Minh) marcó el término del primer -y hasta hoy único- conflicto bélico en el que las armas del gran país del Norte no pudieron imponerse. Esto ocurrió a pesar de que la guerra causó 58.000 muertos y miles de desaparecidos en las tropas estadounidenses y de unos 3 millones de vietnamitas del sur y del norte.
En Vietnam, hoy, casi dos tercios de la población tiene menos de 30 años y no ha conocido la guerra. Tal vez por ese motivo, en una especie caricatura de un hecho horroroso, los comercios céntricos de Ho Chi Minh, en busca de ganar dinero mediante la venta de souvenirs sobre aquella guerra, ofrecen hoy mecheros Zipo con la forma de soldados estadounidenses, uniformes de ex combatientes comunistas y otros recuerdos.Pero no todo es superficial como la venta de souvenirs bélicos.
Heridas profundas
Como lo destaca la filósofa Lilia Frieiro, la odiada contienda, tanto por los vietnamitas como por los americanos, desató entre estos un conflicto que se expresó a través de la "objeción de conciencia". La resistencia masiva al reclutamiento entre los jóvenes norteamericanos, puso en evidencia la endeblez del recurso de objeción contemplado en la Constitución americana: la ley sólo consideraba legítima la objeción por motivos religiosos, y no a una guerra, sino a todas. No daba como válida una objeción meramente moral o filosófica. Se podía ser pacifista por motivos religiosos, pero no oponerse a una guerra por considerarse inmoral o injusta. Señala Frieiro que la crueldad de la guerra de Vietnam y la derrota americana demostraron el anacronismo de aquella ley que culminó en 1972 con la implantación del ejército profesional y voluntario. A partir de ese hecho, el ejemplo norteamericano fue calando en las nuevas generaciones y hoy son pocos los países occidentales que mantienen un servicio militar obligatorio, y sólo debido a estados de virtual conflicto interno.
El fin de la Guerra Fría, la globalización de las comunicaciones y de la economía precipitaron la redefinición de los ejércitos en función de la nueva soberanía emergente.
Sin embargo, el movimiento pacifista global y masivo que se generó en contra de la guerra de Irak volvió a poner sobre la mesa los mismos argumentos antibelicistas contra la "guerra injusta" que simboliza Vietnam.
A tres décadas del 30 de abril de 1975, la ex Saigón, capital de Vietnam del Sur, es ahora el pulmón económico de Vietnam reunificado. Es por eso que las conmemoraciones tienen una vertiente sobre todo económica, lejos de las alusiones a los vencedores y vencidos. El lema oficial de las celebraciones es: "Saigón-Ho Chi Minh, 30 años de construcción y desarrollo".
El ingreso de EEUU en ese conflicto encendió un exacerbado antinorteamericanismo en gran parte del mundo. En Tucumán también eran moneda corriente las movilizaciones y las protestas. Ese espíritu político impactó profundamente, sobre todo en los jóvenes de aquella época, y aunque la historia ubique esos hechos a una cierta distancia, esa guerra y la implicancia norteamericana marcaron a fuego a la realidad internacional.
Un síndrome positivo
Por Eduardo Roca, ex embajador en eeuu del consejo argentino para las relaciones internacionales
El 30 de abril de 1975, cuando lo que restaba del gobierno de Vietnam del Sur rindió armas y el personal diplomático de EEUU fue fotografiado retirándose en helicóptero a los barcos, terminó un conflicto político-militar que conmovió al mundo con la misma fuerza con que lo hizo Irak. Y quizás más.
Venía de 30 años atrás, con la declaración de independencia formulada por Ho Chi Min. Francia, la potencia colonial, fue derrotada en 1954. Con vacilaciones, el presidente Kennedy tomó la posta para impedir que el comunismo se expandiera. Tras el asesinato de Kennedy, Johnson fracasó en la empresa y resignó su segundo período. El binomio Nixon-Kissinger consiguió desprenderse en 1973. Librados a su suerte, algunos hombres del sur escaparon y los demás se entregaron.
Pero lo sorprendente es que EEUU, gracias a esfuerzos como el del senador John Kerry reanudaron relaciones de toda clase con Vietnam y sus soldados regresan allí como turistas.
Aparte de su duración, aquella guerra se diferencia de la reciente en que dividió la nación norteamericana de una manera cercana a la guerra civil por carecer de justificación clara. Me tocó estar en Washington representando al gobierno nacional en el período crítico. Las universidades estaban sublevadas y muchos estudiantes desertaban; varios murieron. El país quedó conmovido y trabado por el llamado síndrome de Vietnam: la imposibilidad de entrar en ningún conflicto que implicara la muerte de la tropa.
Por varios factores desaparecieron los síntomas: la presidencia de Reagan; la supresión de la conscripción obligatoria y la voladura de las Torres Gemelas. Ahora, la pregunta sin respuesta que se hace el mundo es: ¿no hubiera sido mejor conservar el síndrome? (Especial para LA GACETA)
El fin de la inocencia
Por Luis Rosales, analista internacional, representante de Dick Morris en América Latina
La Guerra de Vietnam significó el fin de la inocencia nor teamericana. El Imperio dominante, sólo 30 años antes al finalizar la Segunda Guerra Mundial había tomado conciencia de su rol central en el mundo.
Los norteamericanos entendieron el alto costo que había que pagar por intentar moldear al planeta a su imagen y semejanza. Miles y miles de body bags regresando a casa era una imagen que traumatizaba todas las noches a millones de televidentes. Fue la primera guerra transmitida por TV directa. Este fenómeno cambió para siempre la forma de combatir de los americanos. Desde entonces sería mucha tecnología y poco contacto cuerpo a cuerpo, para alivianar el costo en hombres y su consecuente impacto en la opinión pública.
Marcó también el cenit del comunismo soviético y el maoísmo chino, que creyeron que después de la derrota vergonzante de Washington podrían seguir presionando en los confines subdesarrollados del planeta. El mapa del Tercer Mundo se fue tiñendo de rojo. Parecía que la balanza de la Guerra Fría se inclinaba hacia Moscú y Pekín.
Hoy Vietnam es una economía floreciente, que finalmente terminó aplicando lo más extremo de la receta que treinta años había rechazado a sangre y fuego. Los norteamericanos siguen preocupados por los temidos body bags, pero atentos a otros rincones del planeta. Moscú y Pekín compiten por quién inaugura más Mc Donalds o tiendas Prada. La gran pregunta entonces es si todo aquel esfuerzo y dolor en la selva indochina habrá valido la pena. (Exclusivo para LA GACETA)
La jungla de celuloide
Por Juan Carlos Di Lullo
El cine norteamericano se despidió de la visión heroica que había dominado los filmes sobre la Segunda Guerra Mundial a partir de las versiones del conflicto en el sudeste asiático. En 1979, cuando Francis Ford Coppola deslumbró con el alucinante viaje del capitán Willard en "Apocalypse Now" por los ríos de Cambodia, ya hacía un año que se habían estrenado "Regreso sin gloria" y "El francotirador". En estas dos películas -con escasas escenas bélicas- se calaba hondo en los ecos que producían en la sociedad norteamericana las atrocidades que se registraban en las lejanas selvas asiáticas.
Con algo más de distancia histórica, la visión hipercrítica de la guerra de Vietnam volvió con fuerza en la década del 80, con dos filmes de Oliver Stone ("Pelotón" y "Nacido el 4 de Julio") y el duro alegato sobre la dignidad del hombre que Stanley Kubrick tituló "Full Metal Jacket" ("Nacido para matar"). Sin embargo los fantasmas surgidos de los pantanos vietnamitas sobrevolaron con mayor o menor peso en decenas de filmes -no sólo del género bélico- rodados en las últimas tres décadas.
Armas
Los helicopteros, fueron un vehiculo clave en la contienda ya que sirvieron para el lanzamiento de proyectiles de napalm (con materias incendiarias)







