DINERO FRESCO. Los narcos se encargan de pagar boletas de la luz y hasta los servicios fúnebres del vecindario que dominan. ARCHIVO

En los barrios más vulnerables de la capital tucumana, el avance del narcomenudeo no se mide únicamente por estadísticas oficiales sino por su impacto cotidiano. Aunque las detenciones por este delito crecieron un 134% en los últimos meses, vecinos de la villa 9 de Julio aseguran que la presencia del tranza continúa moldeando la vida social y económica del vecindario. “Compran el silencio y sale caro”, es el lamento de muchos.
En una pared frente al complejo Muñoz, un grafiti resume el clima de tensión: “Muerte a los tranzas”. La consigna, firmada por “El Loco”, refleja el hartazgo de una comunidad que convive desde hace años con el narcomenudeo. “Se ve que hay más detenciones, pero la droga sigue en el barrio”, afirmó Julia Gallo, residente de la zona. “A este cáncer no lo sacás más, aunque muchos de nuestros hijos, sobrinos, primos y vecinos caigan en el consumo. ¿Sabe por qué? Son los dueños del vecindario”, agregó.
Para los vecinos, el poder del tranza no se limita a la venta de drogas. Eduardo Jiménez describió cómo se teje una red de favores que condiciona el silencio. “El mundo se mueve con plata y ellos tienen de sobra. A la gente que no tiene nada le dan dinero para pagar la factura de la luz y hasta pueden aportar para que una madre compre un cajón para sepultar a su hijo adicto”, señaló. Sin embargo, advirtió sobre el costo oculto de esa ayuda: “Pero ese favor sale muy caro. Compran el silencio, entregan cosas para que las guarden o les piden que escondan objetos. Nada es gratis”.
La captación de adolescentes es otra preocupación central. “Jefe, aquí no hay ni una moneda. A los pibes les hacen el verso y los mandan a vender a la calle. Les dan unos cuantos papelitos y, si se les terminan, van a buscar más. Cuando los ‘encanan’, siempre hay dos o tres que quieren hacer lo mismo”, relató Osvaldo Ferreyra. “Los chicos se vuelven locos porque tienen plata para vestirse, comprarse el último celular y hasta motos para llevar la porquería al centro. Esto es así y, por más que manden un ejército de policías, no cambiará nada hasta que caiga el tranza”, concluyó.







