UN EMPATE CON SABOR A POCO. San Martín fue superior a Patronato, pero no logró traducir ese protagonismo en ocasiones claras de gol. Fotos de Nicolas Nuñez
San Martín de Tucumán tuvo un estreno agridulce en la Primera Nacional. Agridulce porque el 0-0 ante Patronato dejó gusto a poco, pero también porque ni siquiera pudo cerrarse en el campo: un problema técnico con el sistema de iluminación obligó a suspender el partido a los 89 minutos, cuando apenas restaban seis de adición. La historia quedó inconclusa y ahora será el Tribunal de AFA el que determine si se disputarán los minutos pendientes o qué resolución administrativa corresponderá.
Más allá del apagón, que se extendió durante casi 40 minutos, el debut oficial del “Santo” versión 2026 y del ciclo de Andrés Yllana dejó tela para cortar desde lo futbolístico.
En la antesala, el clima en La Ciudadela era especial. Estadio casi colmado, recibimiento imponente y una expectativa renovada. Nueva comisión directiva, nuevo entrenador y un equipo titular con nueve refuerzos configuraban un escenario de ilusión. Era, en muchos aspectos, un punto de partida.
Con la pelota en juego, esa expectativa empezó a diluirse. Patronato cedió terreno y protagonismo. San Martín asumió la iniciativa, pero no supo cómo traducirla en profundidad. La circulación fue prolija en salida y en la mitad de la cancha; el problema apareció en el último tercio. Allí, el equipo se quedó sin imaginación.
Yllana planteó un esquema flexible. Sin pelota, el dibujo fue un 4-4-2 claro y compacto. Con posesión, el sistema mutó entre un 4-2-3-1 y un 4-3-3, con intercambios permanentes en la zona ofensiva. Alan Cisnero, alternando entre mediapunta y delantero, fue el más desequilibrante. A sus 21 años mostró atrevimiento y decisión para encarar. Matías García, por su parte, osciló entre la banda izquierda y la función de enganche y, si bien mostró algunos destellos interesantes, le costó asumir el liderazgo futbolístico que necesita el equipo.
La intención del entrenador fue clara: rotar posiciones para desordenar marcas. En la práctica no funcionó. San Martín abusó del juego interior, congestionó el carril central y liberó poco las bandas. Los extremos tendieron a cerrarse y los laterales se proyectaron en pocas ocasiones. La consecuencia fue previsible: dominio territorial, pero sin situaciones claras.
l corte de luz impidió completar el partido y dejó la historia inconclusa. Fotos de Nicolas Nuñez
En el primer tiempo apenas hubo dos aproximaciones, ambas con remates desviados de Benjamín Borasi. Daba la sensación de que era poco para un equipo que jugaba en casa y que contaba con la complicidad de un rival replegado.
El complemento mantuvo la misma tónica, aunque con un matiz inquietante: Patronato se animó. Adelantó líneas, ganó metros y generó alguna acción de riesgo. A los 57 minutos ingresó Kevin López, ex Atlético Tucumán, con un recibimiento indiferente.
Yllana movió el banco a los 68: Laureano Rodríguez, Gonzalo “Turbo” Rodríguez y Diego Diellos ingresaron para inyectar energía. El equipo empujó, es cierto, aunque más por voluntad que por claridad. En el tramo final copó el área rival, lanzó varios centros y estuvo a punto de que algún delantero conectara. Paradójicamente, la ocasión más nítida no llegó por esa vía: Víctor Salazar eludió a dos rivales y sacó un remate que Sosa controló con seguridad. Fue el único disparo franco al arco.
Cuando el partido parecía encaminarse a un cierre apretado, el apagón general interrumpió todo. “Justo cuando levantamos el cartel indicando seis minutos de adición ocurrió el corte de luz. Esperamos más de media hora, pero no volvió con continuidad. El partido quedó suspendido por falta de energía”, explicó el árbitro Andrés Gariano. También aclaró que la resolución quedará en manos del Tribunal correspondiente.
El desenlace abrupto terminó siendo una metáfora involuntaria del rendimiento: cuando San Martín insinuaba una reacción final, la luz se apagó.
¿Por qué no pudo ganar? Principalmente por su falta de claridad en los metros decisivos. Hubo desconexión entre volantes y delanteros, escasa rebeldía colectiva y poca sorpresa en el uno contra uno.
Entre los aspectos positivos, el “Santo” mostró capacidad para asumir el protagonismo y solidez defensiva. Ezequiel Parnisari y Nicolás "Fosa" Ferreyra ofrecieron garantías en la zaga. Cisnero dejó señales alentadoras, al igual que algunos pasajes de García y Jorge Juárez, quienes deberán encontrar los caminos para abastecer mejor a Facundo Pons.
El empate puede no conformar, pero es apenas el primer paso del nuevo DT, que necesita tiempo para plasmar su idea. A su vez, abre una oportunidad interesante para mejorar. La suspensión, por su parte, deja una sensación extraña: la de una historia con final abierto.
San Martín fue dueño del escenario, pero no supo qué hacer con él. El desafío inmediato no será tan solo saber qué pasará con los minutos pendientes, sino aprender a transformar el dominio mostrado en La Ciudadela en daño real. Porque no será la primera vez que le ocurra: al “Santo” le intentarán sacar puntos de local más de una vez. El reto definitivo será prepararse para ganar en ese escenario.








