¿Por qué hace 40 años que no viene un Papa al país? La historia del único pontífice que visitó la Argentina y el posible desembarco de León XIV
Ante la posibilidad de que el Papa León XIV visite el país a finales de este año, repasamos la historia de los pontífices en suelo nacional: dos viajes, nueve ciudades y una guerra que llegaba a su fin. Así fueron las travesías de Juan Pablo II, el único Sumo Pontífice que, hasta el momento, pisó el fin del mundo.
¿Por qué hace 40 años que no viene un Papa al país? La historia del único pontífice que visitó la Argentina y el posible desembarco de León XIV
La posible confirmación de la agenda de León XIV para el segundo semestre de 2026 despertó un entusiasmo que el país no sentía desde hace décadas. Tras el fallecimiento de Francisco en 2025 y su decisión de no regresar a su patria, la figura del nuevo Papa —estadounidense de nacimiento pero con "alma latina" por sus años de misión en Perú— parece ser la llave para cerrar una herida de ausencia que dura ya 39 años.
Para entender la magnitud de lo que significaría la llegada de León XIV, es necesario rebobinar la cinta hasta los días en que Karol Wojtyla desafió la logística y el dolor para abrazar a la Argentina.
Junio de 1982: El Papa entre el fuego y la lluvia
La primera vez que la Argentina vio a un Papa fue bajo el cielo plomizo de un invierno desesperado. Juan Pablo II aterrizó en Ezeiza el 11 de junio de 1982. No era una visita de celebración; era una misión de emergencia. Con la Guerra de Malvinas desangrándose en el Atlántico Sur y la rendición apenas a tres días de distancia, Karol Wojtyla llegó para ofrecer un consuelo que la política ya no podía dar.
Fue una maratón de 30 horas. El Papa, que el año anterior había sobrevivido a cuatro balazos en la Plaza de San Pedro, se movía en un Papamóvil improvisado: una grúa Ford blindada a toda prisa por mecánicos argentinos. En la Basílica de Luján, frente a una multitud que lloraba bajo la lluvia, su voz tronó pidiendo por la paz. Antes de irse, en el Monumento de los Españoles, reunió a dos millones de personas en una de las mayores concentraciones de nuestra historia. Se fue prometiendo volver, dejando a un país que, horas después, firmaría la rendición en las islas.
Abril de 1987: Una primavera de fe en democracia
Cinco años después, el reencuentro fue distinto. La Argentina ya no era un campo de batalla, sino una democracia joven que intentaba sanar. En abril de 1987, Juan Pablo II cumplió su promesa con una gira que duró seis días y que, por primera y única vez, fue verdaderamente federal.
El Papa no se quedó solo en Buenos Aires. Voló a Bahía Blanca, bendijo los campos de Tucumán, sintió el calor de Corrientes y el viento de Viedma. En Mendoza y Rosario las multitudes fueron inabarcables. En Salta, protagonizó uno de los momentos más emotivos al reunirse con los pueblos originarios, reconociendo su dignidad frente a miles de personas. En Córdoba, enfrentó los debates de una sociedad que cambiaba, hablando sobre la familia en plena discusión por la Ley de Divorcio.
Aquella visita cerró con un hito mundial: la primera Jornada Mundial de la Juventud fuera de Roma. La Avenida 9 de Julio se transformó en una catedral a cielo abierto. Al partir, su "¡Hasta siempre!" sonó a despedida final. Y así fue: ni él, ni el intelectual Benedicto XVI, volverían a pisar estas tierras.
El largo silencio de Francisco
Lo que siguió fue un capítulo inesperado. En 2013, un argentino llegó al trono de San Pedro. La expectativa era total, pero Jorge Bergoglio nunca regresó. Durante 12 años, Francisco priorizó las naciones en crisis, las periferias olvidadas y los países donde el catolicismo era minoría. Su decisión de evitar la Argentina para no ser un factor de división en la "grieta" política dejó a muchos fieles con una sensación de orfandad. Su fallecimiento en 2025 cerró una era sin el retorno del hijo pródigo.
La foto del día en que los papas Francisco y León XIV celebraron misa juntos en Buenos Aires en 2006
2026: El horizonte de León XIV
Hoy, el aire cambió. Robert Francis Prevost, el actual Papa León XIV, asumió con un estilo que combina la calidez latina con una visión global renovada. Su pasado como misionero en Perú le da una ventaja que sus antecesores europeos no tenían: entiende el lenguaje de esta tierra.
La posibilidad de que visite la Argentina en los próximos meses no es solo un evento religioso; es la oportunidad de cerrar un ciclo de 39 años de ausencia. Si León XIV aterriza en Buenos Aires, no solo estará visitando un país, estará rescatando una tradición de cercanía que se perdió en el tiempo. La historia espera, y los argentinos, una vez más, miran al cielo esperando el avión que traiga la bendición de Roma.







